Estos 5 electrodomésticos explican por qué tu casa consume más de lo que parece

Reducir el consumo en casa no depende solo de grandes reformas, sino de decisiones pequeñas con impacto medible. Para entender el punto de partida, conviene saber cuánto consume una casa y así dimensionar el peso real de cada electrodoméstico en la factura.

En un hogar medio, un solo ciclo de secadora puede suponer entre 0,8 y 1,5 kWh: a 0,20 €/kWh, eso equivale a 0,16–0,30 € por uso. Si se repite tres veces por semana, el coste anual puede superar los 25–45 € solo en secado.

El problema no es “usar electricidad”, sino alargar minutos de funcionamiento que no aportan resultado. Este ranking identifica dónde se pierde más dinero y cómo corregirlo.

El análisis combina consumo y frecuencia de uso con variables económicas del hogar, como el precio de la potencia contratada, que condicionan el coste real del uso eléctrico.

1) Secadora: el consumo más concentrado por ciclo
En muchos hogares se percibe como un “extra” puntual, pero es el aparato con más gasto por uso cuando se alarga el programa. En este punto, revisar la potencia contratada es relevante porque el ahorro no solo está en el kWh, sino en evitar pagar por una capacidad que no se necesita. El dato clave es el tiempo: un centrifugado extra a 1200–1400 rpm puede recortar minutos de secado y reducir el coste final. También influye la carga: mezclar toallas con prendas finas obliga a ciclos más largos. Una mejora simple es terminar al aire cuando la ropa está “casi seca”, porque el último tramo suele ser el más caro.

2) Horno: alto consumo en usos pequeños repetidos
Se suele asumir que “si ya está caliente, compensa”, pero el horno penaliza especialmente las porciones pequeñas y los encendidos frecuentes. Un uso de 1 hora puede rondar 2 kWh, es decir, unos 0,40 € a 0,20 €/kWh. La clave está en aprovechar calor residual: apagar 5–10 minutos antes mantiene la cocción sin seguir consumiendo. Además, cocinar por “capas de calor” reduce encendidos duplicados y ayuda a mantener un consumo más controlado en la rutina doméstica.

3) Lavavajillas: el coste oculto es repetir el lavado
El lavavajillas se percibe como eficiente por defecto, pero su mayor desperdicio aparece cuando obliga a un segundo ciclo. Un programa estándar puede situarse en torno a 1 kWh (0,20 €), por lo que repetirlo dobla el gasto sin mejorar la higiene real.

El factor crítico es la colocación:

Poner lo más sucio donde el chorro es más fuerte (normalmente abajo) evita resultados pobres con el mismo consumo.

No bloquear el aspersor permite que gire bien y reduce el riesgo de repetir el lavado.

Abrir la puerta al terminar recorta el uso del secado extra sin afectar al resultado final.

Este tipo de ajustes encajan con estrategias más amplias para reducir el consumo energético sin depender de cambios drásticos ni hábitos difíciles de sostener.

4) Lavadora: la temperatura marca la diferencia
Muchos usuarios creen que “lavar en frío no limpia”, pero el coste energético se dispara al calentar agua. Pasar de 60 ºC a 30 ºC puede recortar una parte relevante del consumo por ciclo. Un error frecuente es usar demasiado detergente: genera más espuma, empeora el aclarado y puede alargar el proceso con más agua y energía. Optimizar por peso real, no por volumen, mejora la eficiencia del tambor sin aumentar ciclos.

5) Nevera: consumo constante, ahorro por hábitos
Se piensa que “no se puede hacer nada” porque funciona siempre, pero el margen está en evitar trabajo extra. Meter comida caliente obliga al motor a compensar y eleva el consumo durante horas. También influye la circulación: una nevera llena al 100% enfría peor. Un control simple es el “truco del folio”: si el papel sale fácil al cerrar, la goma no sella bien y el frío se pierde, elevando el gasto de forma silenciosa. En hogares donde el consumo se concentra en ciertos momentos, conocer los tramos de potencia ayuda a entender mejor qué margen existe para ajustar el uso sin perder comodidad.

La lectura conjunta del ranking es clara: el ahorro real se concentra donde se acumulan minutos inútiles. Secar de más, recalentar porciones pequeñas o repetir un lavado cuestan más que cualquier ajuste menor. La ventaja es que estos cambios no exigen inversión, solo método.

Aplicar estos hábitos reduce el consumo sin perder confort y, sobre todo, evita pagar dos veces por el mismo resultado. En energía doméstica, la eficiencia no es un eslogan: es una suma de decisiones que recortan tiempo de funcionamiento donde más caro resulta.

Fuente: papernest.es

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