El obispo de Jujuy junto a obispos del NOA en el bicentenario del nacimiento de Esquiú

Además los obispos del NOA profundizaron en el legado pastoral de Esquiú.

Monseñor Fernández en Catamarca

En Catamarca, los prelados reflexionaron sobre la espiritualidad, la misión episcopal y la dimensión pacificadora del beato en el bicentenario de su nacimiento. Estuvo presente en la celebración Monseñor César Daniel Fernández.

En el marco de las celebraciones por el bicentenario del nacimiento del beato Mamerto Esquiú, los obispos del Noroeste Argentino (NOA) se reunieron en Catamarca para compartir una instancia de reflexión sobre la vida, la espiritualidad y el ministerio episcopal del fraile franciscano, considerado una de las figuras más significativas de la Iglesia y de la historia argentina del siglo XIX.

La reunión tuvo lugar luego de la misa y la procesión realizadas en Piedra Blanca, tierra natal de Esquiú, junto al pueblo catamarqueño y numerosos devotos que participaron de las celebraciones. Durante la tarde del lunes y la mañana del martes, los prelados profundizaron distintos aspectos de la vida del beato, acompañados por el presbítero Oscar Tapia, sacerdote catamarqueño e integrante de la comisión académica dedicada al estudio de Esquiú.

En las reflexiones se destacó, en primer lugar, la profunda espiritualidad de Esquiú. Los obispos subrayaron que, más allá de su dimensión política y de su aporte a la organización nacional, fue ante todo «un hombre santo y humilde», marcado por una intensa vida interior y una permanente actitud de oración.

También resaltaron la unidad entre pensamiento, fe y acción que caracterizó su existencia, señalando que vivía una espiritualidad «unitiva», sin contradicciones entre lo que pensaba, rezaba y practicaba cotidianamente.

Humildad y obediencia

Otro aspecto especialmente valorado fue su humildad y obediencia. Recordaron que Esquiú se sentía indigno de asumir responsabilidades episcopales y prefería la vida conventual, pero aceptó con docilidad la voluntad de Dios y las exigencias pastorales que le fueron encomendadas.

Respecto de su tarea como obispo, los participantes pusieron de relieve su cercanía con los sectores más postergados y su sensibilidad hacia las periferias, rasgos que lo convierten -afirmaron- en un pastor adelantado a su tiempo.

Durante el encuentro también se repasó su labor al frente de la diócesis de Córdoba. Recordaron que dedicó el primer año de su ministerio episcopal a reorganizar la curia y el segundo a intensificar la acción pastoral. Asimismo, valoraron especialmente sus cartas pastorales, centradas en temas como el sacerdocio, la caridad y la fe.

Dimensión pacificadora de Esquiú

Los obispos destacaron, además, la dimensión pacificadora de Esquiú en tiempos de profundas divisiones internas en la Argentina naciente. Señalaron que su anhelo de unidad nacional estuvo acompañado por el dolor ante los enfrentamientos y fracturas que atravesaba la Patria.

En ese sentido, consideraron que su figura continúa siendo actual por su integridad de vida y por el testimonio de coherencia entre la fe y el compromiso con el bien común.

Las reflexiones incluyeron también paralelos con otras grandes figuras de la santidad latinoamericana, como el santo Cura Brochero, Santa Rosa de Lima y Santo Toribio de Mogrovejo, al destacar en Esquiú la búsqueda simultánea del bien espiritual de las personas y de su progreso humano y social.

Asimismo, los prelados valoraron la fuerza de la devoción popular en torno al beato catamarqueño. Reconocieron que las peregrinaciones, la veneración de sus reliquias y el cariño del pueblo expresan un auténtico deseo de santidad y constituyen un signo que la Iglesia debe escuchar y acompañar.

Finalmente, la presencia de los obispos del NOA en Catamarca fue presentada como una reafirmación del compromiso de los pastores de acompañar los procesos de fe del pueblo y de reconocer en Esquiú a un «apóstol y ciudadano» que entregó su vida en servicio pastoral y trabajó incansablemente por la unidad y la paz de la Argentina.

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