El drama de la falta de agua en La Habana: Crisis y desigualdad en el acceso al recurso

Bombas ilegales y semanas sin suministro definen la vida cotidiana de los habitantes de la Capital cubana, mientras el sistema estatal se hunde bajo el peso de la crisis energética y la corrupción.

Vecinos de La Habana sufren la falta de agua y el acceso al recurso depende cada vez más del dinero disponible, mientras el colapso del sistema de distribución hídrica empuja a millones de cubanos hacia un mercado informal donde las soluciones se compran pero no se garantizan.

El Food Monitor Program (FMP), proyecto independiente de monitoreo alimentario, resumió la situación con una frase que circula entre los propios habaneros: “El que no roba, no tiene agua en Cuba“. El reporte describe un escenario en el que las familias sobreviven con tanques, envases y soluciones improvisadas, mientras se consolida un mercado negro donde el agua se paga “lo que pidan”.

La crisis no es nueva pero se ha agravado desde la caída del Sistema Eléctrico Nacional en octubre de 2024. Según el FMP, los ciclos de desabastecimiento se han extendido incluso a zonas históricamente favorecidas como Centro Habana y La Habana Vieja, donde los cortes pueden prolongarse durante semanas.

Una encuesta, realizada por Cubadata entre el 23 de febrero y el 13 de marzo pasado con entrevistas a 1.807 personas en todo el país, arrojó que el 46,6% de los consultados enfrenta falta de agua a diario o varias veces por semana, y el 71,4% al menos una vez por semana. Solo el 9,3% aseguró no tener problemas de abastecimiento.

El detonante estructural es múltiple. El sistema de distribución hídrica acumula décadas de deterioro: en ciudades como La Habana, entre el 40 y el 70% del agua bombeada se pierde antes de llegar a los hogares debido a fugas en las tuberías.

A eso se suma la crisis energética. La empresa estatal Aguas de La Habana reconoció que los cortes prolongados de electricidad han impedido el bombeo regular y han provocado roturas por despresurización en las turbinas primarias del sistema Cuenca Sur, que abastece los municipios del este y el centro de la Capital.

La escasez también golpea otras provincias. En Manzanillo, Granma, el desabastecimiento obliga a la población a adquirir agua potable en el mercado informal, donde un pomo de 20 litros se vende a 100 pesos cubanos, según informó el periodista Yurisnel Domenech en Martí Noticias.

En el reparto Debeche, en Guanabacoa, los residentes acumulan semanas sin recibir suministro, de acuerdo con declaraciones del activista Joel Parsons al mismo medio. “Zona de guerra”, describió Parsons, quien señaló que algunos vecinos han podido abastecerse de agua gracias a una iglesia del barrio.

La desesperación ha derivado en protestas. Vecinos de las calles 13 y B, en el barrio habanero de Lawton, se manifestaron tras acumular dos semanas sin suministro. Según reportó Martí Noticias, personal de Aguas de La Habana acudió a revisar una válvula de acceso en la zona solo después de que los residentes salieran a la vía pública. “No hay explicación que valga, nos toca y nos toca, no vamos a entender”, se escuchó entre los residentes.

Ante la ineficiencia del sistema estatal, los habaneros han recurrido a los llamados “ladrones de agua”, bombas ilegales que succionan el recurso directamente de las tuberías y que se venden en el mercado informal por hasta 36.000 pesos cubanos.

Una residente citada por el FMP explicó el mecanismo y su paradoja: “Como cada vez más personas los usan, la fuerza baja más… el que no roba, no tiene agua”. El uso masivo de estos dispositivos agrava la presión sobre un sistema ya al límite.

Quienes no acceden a esos equipos deben recurrir a las pipas privadas. Una cisterna de entre 8.000 y 10.000 litros puede costar entre 18.000 y 26.000 pesos cubanos, según el FMP, en un contexto donde el salario promedio estatal no alcanza para cubrir ese gasto de forma regular.

En barrios como Centro Habana, hay edificios que han llegado a estar 15 días sin agua, una situación que afecta con especial dureza a los adultos mayores. “Eso encarece todo y dificulta lavar, limpiar, vivir”, relató una vecina al Food Monitor Program.

La crisis hídrica se inscribe en un deterioro más amplio de los servicios básicos. La falta de diésel ha paralizado camiones cisterna y equipos de bombeo, mientras que en el mercado informal el servicio aparece “si pagas”, según señaló el reporte del mencionado FMP.

Más de tres millones de personas se ven afectadas por la escasez en todo el país, en un escenario donde “el agua fluye, pero no llega”, según dicen; y donde la corrupción y el control estatal sostienen un sistema que castiga a quienes no pueden pagar.

(Infobae)

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