“Del horror a la memoria”: Medio siglo del golpe que cambió la historia

El 24 de marzo de 1976 marca uno de los capítulos más oscuros de la historia argentina.

Fue el inicio del último golpe de Estado que dio paso a la dictadura cívico-militar conocida como Proceso de Reorganización Nacional. A 50 años de aquel quiebre institucional, el país vuelve a reflexionar sobre memoria, verdad y justicia.

Cada 24 de marzo se conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. En todo el país, miles de personas participan en marchas, actos y actividades educativas.

A medio siglo del golpe, la memoria no es solo un recuerdo: es una herramienta para defender la democracia, evitar la repetición del horror y fortalecer los valores de verdad y justicia.

El golpe de 1976

El derrocamiento de la presidente constitucional Isabel Perón fue ejecutado por las Fuerzas Armadas, encabezadas por Jorge Rafael Videla, junto a Emilio Massera y Orlando Agosti. Se instauró una dictadura que suspendió derechos, disolvió el Congreso y prohibió la actividad política.

Terrorismo de Estado

Durante esos años, el Estado llevó adelante un plan sistemático de represión ilegal:

• Secuestros, torturas y desapariciones forzadas

• Centros clandestinos de detención

• Apropiación de bebés nacidos en cautiverio

Se estima que hubo 30.000 desaparecidos, una cifra que se convirtió en símbolo de la lucha por la memoria.

Organismos de derechos humanos como Madres de Plaza de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo fueron claves en la denuncia y búsqueda de justicia.

Democracia y justicia

Con el regreso de la democracia en 1983, bajo el gobierno de Raúl Alfonsín, se impulsó el histórico Juicio a las Juntas, que condenó a los principales responsables.

Con el paso de los años, tras etapas de impunidad, se reabrieron los procesos judiciales, consolidando a Argentina como un ejemplo internacional en materia de derechos humanos.

Una reflexión vigente

A 50 años, el desafío sigue siendo el mismo: sostener la memoria colectiva frente al negacionismo, transmitir la historia a las nuevas generaciones y reafirmar el compromiso con los derechos humanos.

Porque como repiten generaciones de argentinos: “Nunca Más”.

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