La histórica cristalería del conurbano enfrenta pérdidas millonarias, caída del consumo y el avance de importaciones. Algunos productos que antes se fabricaban en sus hornos ahora llegan desde China.

Durante más de un siglo (casi 120 años en realidad), el nombre de Rigolleau fue sinónimo de industria argentina. Desde su planta instalada a comienzos del siglo XX en Berazategui, la empresa ayudó a transformar una zona rural del sur del conurbano bonaerense en un polo industrial del vidrio, tan así que la avenida principal del distrito lleva su nombre.
En esas (¿12?) décadas, miles de familias vivieron directa o indirectamente del trabajo en la histórica cristalería. La ciudad incluso terminó siendo conocida como la “Capital Nacional del Vidrio”, un título que refleja el peso que la industria tuvo en la economía local y en la identidad productiva del distrito.
Sin embargo, en los últimos 2 años el panorama comenzó a cambiar de manera profunda. La caída del consumo interno, el avance de las importaciones y el deterioro de los números de la empresa encendieron señales de alarma en una de las fábricas más emblemáticas del conurbano sur.
De símbolo industrial a números en rojo
Los balances recientes muestran con claridad el deterioro de la actividad. En 2023, la empresa había registrado ganancias por alrededor de 720 millones de pesos. Pero el año siguiente cerró con una pérdida cercana a los 1.978 millones de pesos, en un contexto de fuerte caída del mercado interno.
Las ventas se desplomaron aproximadamente 33% interanual y el volumen de producción bajó cerca de 15%. Ese retroceso impactó directamente en la estructura productiva de la planta de Berazategui, donde parte de la capacidad industrial comenzó a quedar ociosa.
La situación se agravó aún más en los meses siguientes, cuando la compañía acumuló pérdidas millonarias que superan los 7.000 millones de pesos en apenas dos años.

Menos producción y menos empleo
El impacto de la crisis no se limitó a los balances. También se trasladó al empleo. Entre 2023 y 2024, el plantel de la empresa pasó de 862 trabajadores a 757, lo que implicó la pérdida de más de un centenar de puestos de trabajo.
Al mismo tiempo, trabajadores y organizaciones sindicales denunciaron que uno de los hornos industriales quedó detenido y que parte de la planta funciona con capacidad ociosa.
En una industria como la del vidrio, donde los hornos suelen operar de forma continua, esa situación refleja una fuerte caída en la actividad.
Cuando el producto ya no se fabrica en Argentina
El cambio en el escenario industrial empieza a verse incluso en los productos que llegan a los hogares.
Recipientes de vidrio para horno, vasos o artículos de cocina que históricamente se fabricaban en las fundiciones de Berazategui hoy aparecen en el mercado con una etiqueta diferente: “Hecho en China. Importado por Rigolleau S.A.”.
El fenómeno refleja una transformación más amplia en el modelo de negocios de la empresa. Mientras algunas líneas industriales continúan, por el momento, produciéndose en el país (especialmente envases para alimentos, bebidas y la industria farmacéutica), otros segmentos comenzaron a abastecerse mediante importaciones.
La empresa indicó que “las ventas de exportación son las que más sufrieron el deterioro competitivo y continuaron con la caída ya registrada en los dos períodos anteriores”.
Para muchos trabajadores y vecinos del distrito, el dato tiene un fuerte valor simbólico. Durante generaciones, el vidrio que se utilizaba en miles de hogares argentinos salía directamente de los hornos de Berazategui.
Un debate más amplio sobre la industria
La situación de Rigolleau se inscribe en un contexto más amplio de dificultades para el sector industrial. La combinación de caída del consumo interno, apertura de importaciones y cambios en el mercado genera un escenario complejo para numerosas fábricas del país.
“La actividad de la sociedad se desarrolló durante este ejercicio (2025) en un contexto macro muy desafiante, en el que los indicadores de consumo, venta minorista y mayorista y también particularmente los de venta de bebidas y alimentos no terminaron de recuperar las caídas acumuladas en los últimos dos ejercicios”, señaló la compañía en su memoria anual.
El caso de la histórica cristalería abre también otro un interrogante, que atraviesa a buena parte del entramado productivo: ¿qué sucede cuando una empresa que durante décadas fabricó en Argentina comienza a reemplazar parte de su producción por productos importados?.
En una ciudad donde el vidrio forma parte de su ADN en su identidad productiva, la respuesta no es solamente económica. También es social. El “Hecho en China“, en su producción, tiene un efecto emocionalmente más lacerante aún que en lo económico.
(infocielo.com)
