Hace unos días escribí una nota titulada «Jujuy: La deuda del hábitat digno».

En redes sociales, una persona la compartió y al hacerlo lanzó la pregunta que hoy le da el título a esta nueva nota. Acá voy a intentar responderla con la misma claridad con la que se vive la crisis en los barrios.
Si uno mira la tele, parece que el país se está arreglando. La inflación baja, dicen. Pero después uno sale a la calle, camina por los barrios de San Salvador, por Palpalá, por Perico y la pregunta es la misma de siempre: ¿dónde vamos a vivir?
Esta nota no es para llenar de números aburridos, sino para hablar claro: en la Argentina del 2026, para una familia humilde, tener un techo propio es casi un milagro. Y el que te diga lo contrario, te miente.
Esto no siempre fue así
Desde que volvió la democracia en el 83, hubo gobiernos que construyeron un montón y otros que no movieron un ladrillo. Para que te des una idea:
Los 80′ y los 2000 (gobiernos de Alfonsín, Néstor y Cristina): Fue la época dorada del FONAVI. Se construían miles de viviendas sociales por año. No era un favor, era política de Estado. Se entendía que si no tenías casa, el Estado te la daba.
Los 90′ (Menem): Ahí la cosa se frenó en seco. Se priorizó el pago de la deuda y la obra pública murió. Hubo años de construcción casi cero.
El macrismo (2015-2019): Cambió la lógica. En vez de dar casas, empezaron a ofrecer créditos (Procrear). Lindo para el que tiene trabajo en blanco y puede pagar una cuota. ¿Pero el chango que labura en la feria? Ese quedó afuera.
El gobierno de Fernández (2019-2023): Acá hubo un giro de vuelta a lo público. A pesar de la crisis de la pandemia y el acuerdo con el FMI, se retomó la obra pública. Según datos oficiales, en esos cuatro años se entregaron alrededor de 141 mil viviendas con financiamiento nacional y quedaron otras 96 mil en ejecución cuando terminó el mandato. No fue perfecto, hubo demoras, problemas y algunas metas quedaron incumplidas, pero el Estado seguía presente. Las casas se estaban construyendo.
El gobierno de Milei (2024 en adelante): Acá no hay vueltas. La obra pública nacional está totalmente paralizada. No se construye una sola vivienda social desde Nación. Las 96 mil viviendas que habían sido iniciadas en la gestión anterior, en su mayoría, están abandonadas. El mensaje es claro: «arreglate como puedas».
El problema en Jujuy: El IVUJ no es para trabajadores pobres
Y acá llegamos al punto clave. En Jujuy, el que quiere una casa del IVUJ tiene que cumplir requisitos que parecen de otro planeta. Piden ingresos formales, recibo de sueldo, garantes…
Para la mayoría de los trabajadores estatales y privados, ya les resulta difícil calificar para el pago de las cuotas de las viviendas que adjudica el IVUJ, mucho menos para pagar el «ahorro previo» que ronda entre el 20% y 30% del costo de la vivienda. Están pensadas para que solo los funcionarios o trabajadores con sueldos altos puedan acceder a ellas. No están pensadas para el trabajador promedio.
¿Y el trabajador de la economía popular?
Hablemos claro. El vendedor ambulante, la feriante, el albañil que labura por changas, la señora que vende empanadas. Esa gente existe, es laburante, pero no existe para el sistema. Viven en la informalidad, ganan por día, no pueden demostrar ingresos fijos.
Sin ingresos dignos, es imposible acceder a un plan de vivienda. Así de simple. Y mientras tanto, los alquileres se comen medio sueldo, o terminamos hacinados en la casa de algún familiar o en un asentamiento sin agua, sin luz y sin cloacas.
La trampa de los números: baja la inflación, pero la pobreza no baja
Ahora, atención con esto, porque es importante. Según el INDEC, en su último informe del 2025, la pobreza bajó al 31,6%. ¡Bárbaro! ¿No? Bueno, no tanto.
Primero, porque ese número esconde una trampa: la metodología de la canasta básica del INDEC no incorpora el costo real del alquiler ni las tarifas actualizadas de servicios básicos. Investigadores del CIFRA-CTA estiman que, con esos ajustes, la pobreza superaría el 45%. La foto oficial es parcial.
Segundo, y más importante: la pobreza estructural no se mueve. Hace 20 años que la Argentina tiene un piso del 25% al 30% de pobres crónicos, que nunca pueden salir. Cambian los gobiernos, cambian los modelos económicos, pero ese tercio del país sigue estando condenado a la marginalidad.
¿Y sabés qué es lo más grave? La población no crece tanto en cantidad de hijos, pero la pobreza se concentra. Hoy, más de la mitad de los niños argentinos son pobres. O sea, estamos criando una generación entera de niños que arrancan la vida perdiendo, sin un lugar digno para estudiar o crecer.
Cuando el dinero circula lejos de los barrios
El Gobierno actual tiene una sola obsesión: la especulación financiera.
El carry trade, la bicicleta con el dólar, los bonos. Eso es lo único que importa. La economía real, la de la producción, la de la industria, la del laburo, está destruida. Y sin laburo digno, no hay vivienda que valga.
Mientras los financistas se llenan de plata, los trabajadores de la economía popular no tienen con qué pagar un alquiler, y mucho menos para juntar los millones que piden por un terreno.
La solución que ya demostró que funciona
¿Saben qué? La solución existe y es recontra conocida: construcción masiva de viviendas sociales por parte del Estado.
La obra pública no solo te da una casa. También te da laburo. Pone a laburar al albañil del barrio, al electricista, al que vende ladrillos. Mueve la economía de abajo para arriba. No es gasto, es inversión.
El mayor ejemplo lo vivió la Argentina en 2003. Con el país destruido y más de la mitad de la población en la pobreza, el gobierno de Néstor Kirchner tomó una decisión: relanzar la construcción masiva de viviendas sociales en todo el territorio. La primera fase generó 261 mil puestos de trabajo en todo el país. Entre 2003 y 2010 se construyeron 302 mil viviendas y se mejoraron otras 251 mil, llegando a los 24 distritos del país. Eso fue voluntad política con financiamiento concreto.
Pero ahora no hay voluntad política a nivel nacional. El gobierno le dio la espalda a los sectores humildes. Y mientras tanto, la pregunta sigue flotando en el aire:
¿Quién va a construir viviendas para las familias humildes de Argentina?
Por el momento, parece que nadie. Y mientras la timba financiera siga siendo el único plan, los humildes vamos a seguir durmiendo en la calle, o en la casa prestada, o en el asentamiento, esperando que alguna vez alguien se acuerde de que existimos.
Por Marcelo Alejandro Cabero
