Peñarol reafirma su paternidad en un clásico de ficción y sigue ilusionando a su gente

Una nueva edición del clásico uruguayo se disputó en el Campeón del Siglo, escenario que hoy parece aún más bendecido para Peñarol, que volvió a demostrar por qué sigue siendo el equipo a vencer en la liga.

(Fotos prensa oficial Club Atlético Peñarol)

Desde el arranque, los carboneros impusieron condiciones. El primer grito llegó a los 31 minutos del primer tiempo, cuando Maxi Silvera abrió el marcador con un gol que levantó los ánimos de un estadio que, aunque sin público, no perdió la intensidad. Fue un tanto que reflejó la superioridad que el aurinegro mostró en el manejo del balón y la presión.

Ya en tiempo agregado, a los 46, Emanuel Gularte amplió la ventaja con un gol que terminó por dejar a Nacional sin respuestas. Y cuando el reloj marcaba los 85 minutos, Matías Arezo, con un cabezazo, selló la goleada 3-0 y confirmó la paternidad del cuadro local.

Si bien el resultado puede parecer abultado, el trámite fue claro: Peñarol nunca permitió que el bolso entrara en partido, dominando las acciones tanto en lo colectivo como en las individualidades. La ausencia de público no fue un factor: los jugadores locales jugaron como si tuvieran a su hinchada detrás alentando.

La estrategia de Diego Aguirre intentó darle un giro al bolso, pero las mismas cartas que Pablo Peirano puso en cancha no lograron romper el orden y la solidez aurinegra. Rómulo Otero, que ha tenido sus altibajos, no pudo cambiar el rumbo, y los cambios tampoco fueron suficientes para frenar el avance de Peñarol.

Brayan Cortés debutó en el arco carbonero con buenas intervenciones, mientras que Gularte tuvo un papel destacado, no solo con su gol sino también controlando a Exequiel Mereles, el jugador más peligroso del bolso. El doble cinco de Ignacio Sosa y Jesús Trindade fue clave para mantener la intensidad y el equilibrio en el medio, superando claramente a sus pares. Y Maxi Silvera, que supo aprovechar su oportunidad, fue eficaz y abrió la cuenta, mientras que Arezo cerró la goleada con la tranquilidad de un delantero que sabe cuándo aparecer.

Del lado de Nacional, las dificultades defensivas quedaron a la vista, con errores en despejes que pusieron en aprietos a su arquero y dejaron espacios que Peñarol supo explotar. La falta de peso ofensivo, sumado a la ausencia de un Oliva en su mejor versión, dejó al bolso sin profundidad y sin ideas claras.

Así, el triunfo pone a Peñarol a tres puntos de Nacional en la tabla anual y seis por encima en el Clausura, una ventaja que le da aire para encarar con confianza el próximo desafío en la Copa.

Aunque uno acá viene de la tierra del buen fútbol, no puede menos que reconocer que el Peñarol de hoy tiene ese fuego en la mirada que todo hincha aurinegro lleva adentro. Y eso, al final del día, marca la diferencia.

Especial: Por Maximiliano Tilca

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