Las encuestas de marzo marcaron un deterioro sostenido de la imagen de Trump. Pesaron la guerra con Irán, la suba de la gasolina y el malestar por la economía.

Donald Trump cerró marzo con su nivel más bajo de aprobación en el segundo mandato. El 31 de marzo, dos promedios de encuestas, el del New York Times y el de Nate Silver, lo ubicaron por debajo del 40%, una barrera simbólica que no había perforado desde su regreso a la Casa Blanca. El promedio de RealClearPolitics quedó apenas por encima, en torno al 41%.
La caída no apareció de golpe. A lo largo de marzo, los sondeos fueron mostrando un desgaste persistente, con dos focos cada vez más visibles: el rechazo a la guerra con Irán y el empeoramiento de las percepciones sobre la economía.
El cierre de marzo, en el piso del mandato
El 31 de marzo los agregadores consolidaron el dato más delicado para la Casa Blanca: Trump cayó por debajo del 40% en dos de los principales seguimientos de encuestas. La baja coincidió con un momento en el que Trump evalúa enviar tropas terrestres a Irán, una opción que distintas encuestas mostraron como mayoritariamente impopular.
El 30 de marzo, Harvard CAPS/Harris midió una aprobación del 43%, tres puntos menos que en febrero. El mismo relevamiento detectó otro deterioro: cayó la proporción de votantes que cree que el país va en la dirección correcta, bajó la evaluación sobre la economía y subió la cantidad de personas que dijeron que su situación financiera empeoró.
Cinco días antes, el 25 de marzo, Quinnipiac registró 38% de aprobación y 56% de desaprobación. Ese mismo sondeo marcó que el 54% se oponía a una intervención militar en Irán y que sólo el 39% la apoyaba.
También el 25 de marzo, AP-NORC ubicó a Trump en 38% de aprobación y 60% de rechazo. Allí apareció otro dato sensible para la Casa Blanca: el 59% consideró que la guerra había ido demasiado lejos. Entre los demócratas ese rechazo llegó al 90%, entre los independientes al 63% y entre los republicanos al 26%.
La semana en que guerra y bolsillo se juntaron
El 24 de marzo Morning Consult mostró a Trump en 43%, sin cambios frente a la semana anterior. Pero ese mismo día Reuters/Ipsos trazó un cuadro más severo: 36% de aprobación, cuatro puntos menos que la semana previa y 11 puntos por debajo del inicio del segundo mandato.
Ese sondeo agregó dos datos que ayudan a explicar el clima. Por un lado, la aprobación de los ataques contra Irán cayó a 35%. Por otro, la AAA informó que el precio promedio nacional de la gasolina había subido 34% desde el inicio de la guerra, hasta USD 3,98 por galón. En una presidencia que había hecho del costo de vida una bandera central, el encarecimiento del combustible impactó de forma directa sobre la imagen del Gobierno.
El 20 de marzo, una encuesta citada por Politico mostró una diferencia dentro del propio universo trumpista: el 81% de los votantes que se identifican como MAGA respaldó las operaciones militares en Irán, pero entre quienes apoyan a Trump sin definirse de ese modo el respaldo bajó al 61%. En esos días además se alejaron públicamente voces de la derecha dura como Tucker Carlson, Megyn Kelly y Marjorie Taylor Greene, que cuestionaron la guerra por contradecir la promesa de «Estados Unidos Primero».
El rechazo a mandar tropas apareció antes que el derrumbe
El 19 de marzo Reuters/Ipsos había encontrado a Trump en 40% de aprobación, sin grandes cambios respecto del sondeo anterior. Pero debajo de ese número ya asomaba una alerta: el 55% rechazaba el envío de tropas a Irán, aunque el 65% creía que Trump igual avanzaría en esa dirección.
Una semana antes, el 10 de marzo, Economist/YouGov ubicó la aprobación en 40% y la desaprobación en 55%. Esa encuesta mostró que el 52% desaprobaba la manera en que Trump manejaba la crisis con Irán y que el 56% creía que debía pedir antes autorización al Congreso. En paralelo, un análisis del New York Times comparó el apoyo a esta intervención con otras acciones militares de EEUU y concluyó que la ofensiva sobre Irán reunía menos respaldo que casi todos los conflictos previos relevados.
El 9 de marzo, Quinnipiac había medido 37% de aprobación y 57% de desaprobación. En ese momento ya había mayoría contra la acción militar: 53% se oponía y 40% la apoyaba. Además, el 55% no veía a Irán como una amenaza militar inminente para EEUU.
El deterioro ya venía desde febrero
La secuencia de marzo profundizó un desgaste que ya se veía en febrero. El 26 de ese mes, Emerson College marcó 43% de aprobación y 55% de desaprobación. Allí apareció una caída particularmente marcada entre los votantes hispanos: 37% aprobaba su gestión y 58% la desaprobaba.
Entre el 23 y el 24 de febrero se acumularon otros sondeos en la misma dirección. CBS/YouGov lo ubicó en 40%, CNN/SSRS en 36% y Washington Post-ABC News-Ipsos en 39%. En todos los casos aparecieron dos constantes: desaprobación sobre economía e inflación y malestar por la dureza de la política migratoria.
El 17 de febrero, Morning Consult lo midió en 43%; Reuters/Ipsos, en 38%; y Economist/YouGov, en 39%. Unos días antes, AP-NORC también lo había puesto en 36%. A comienzos de mes, Quinnipiac lo ubicó en 37%, Marquette en 42% y Marist/PBS en 39%.
Una tendencia sin rebote
La guerra con Irán, la suba del combustible, el deterioro de las expectativas económicas y el rechazo a una eventual intervención terrestre terminaron por mezclarse en un mismo cuadro. En ese contexto, el análisis de Nate Silver señaló que la trayectoria de la aprobación muestra caídas asociadas a eventos específicos, con recuperaciones que no logran volver a los niveles previos.
El resultado, al cierre de marzo, fue un presidente por debajo del 40% y un frente político más estrecho que al inicio del mandato.
(baenegocios.com)
