Zapla, sudor y fe: El grito que valió una clasificación

Cuando el cemento vibra, cuando la tribuna respira como un solo pulmón y cuando la victoria se esculpe con uñas, dientes y dignidad, el fútbol deja de ser un juego y se vuelve un acto de fe.

Estadio de Altos Hornos Zapla

Este domingo, Altos Hornos Zapla escribió uno de esos capítulos que se cuentan bajito, con los nervios todavía temblando y el corazón a media luz. Un 1-0 ajustado, sufrido, bendito.

Un gol de Ignacio “Nacho” Lobo —el Chío— que no fue gol: fue un estallido, un orgasmo futbolero que justificó el fin de semana entero, la garganta rota y las manos en la cabeza hasta el último segundo.

Ganó Zapla. Clasificó Zapla. Pero sobre todo, resistió Zapla.

El encuentro frente al siempre áspero conjunto de Pampa Blanca tuvo la crudeza del Regional Federal: Un partido áspero, de choque, de fricción, de roce en cada centímetro de pasto. Con un arbitraje de esos que te dejan el alma chorreando bronca —y del cual mejor ni hablar para evitar multas y pecados—, el Merengue se sostuvo con lo único que nunca negocia: carácter.

En esa encrucijada apareció Nacho Lobo. Entró, pinchó, metió, aguantó, y definió como definen los que saben que los trenes importantes pasan una sola vez. Y él se subió de cabeza.

Ignacio “Nacho” Lobo: autor del gol clasificatorio

Tras el pitazo final, el delantero habló con un temblor de emoción que ni intentó disimular:

“Sí, sí, contento. Fue un partido dificilísimo. Lo pudimos sacar adelante al último, con el corazón en la boca, pero necesitábamos ganar para seguir agarrando confianza y afrontar lo que viene, que es todavía más duro. Estoy feliz”.

Lobo reconoce la batalla física en la que estuvo metido Zapla: “Mucho choque, mucha fricción. Ellos no regalaron nada. Pero estamos acostumbrados. Este plantel ya entiende que para ganar en este torneo hay que adaptarse a todo”.

Sobre la jugada del gol, su ingreso y su pelea diaria por ganarse un lugar dijo, “uno trabaja para estar, para ser titular. A veces toca esperar, sumar desde donde se pueda. Hoy me tocó entrar y tuve la suerte de encontrar el gol. Contento porque sirvió para que ganemos y para demostrar que estoy listo cuando me necesiten”.

Sobre la exigencia del hincha zaplense, que aprieta, empuja y también perdona cuando hay entrega expresó, “el hincha exige, y está bien. Este Club es grande. Por suerte hoy le pudimos dar una alegría. No venía jugando, pero me preparo siempre igual. Ojalá que lo que venga sea con más éxitos para todos, porque venimos matándonos en cada entrenamiento”.

Consultado sobre la próxima fase —y esa frase ya viral del “no me quiero cruzar con Perico”, Lobo fue más mesurado: “No sabemos quién toca. Pero si el objetivo es el ascenso, hay que enfrentar a todos. Todos los rivales son difíciles, pero estamos preparados”.

Y antes de irse, dejó una última frase, que sonó más a promesa que a comentario: “Vamos por este camino.

Palabras del técnico de Zapla, luego del triunfo y la clasificación

Con la voz gastada, todavía salpicado del polvo del estribo, Facundo Samarián habló después de una victoria que se vivió como un desahogo.

“Chío se lo merece. Viene trabajando muchísimo. En el último partido de local estaba por entrar y el árbitro terminó el encuentro. En la ida tampoco le tocó participar. Hoy entró y lo hizo muy bien, entendió perfectamente los espacios que habíamos visto. Le faltaba ese último pase, ese último toque, y lo encontró”, destacó.

El técnico subrayó la importancia del grupo, “los ingresos de él, de Jere, de Nabel, de Hernán, de Martín… todos entraron bárbaro. Nos cambiaron la cara cuando lo necesitábamos. Este equipo viene laburando demasiado duro como para no creer”.

Sobre la clasificación mencionó, “sumar 15 de 18 en una zona tan dura no es casualidad. Fue una zona complicadísima. Deportivo hizo todo para clasificar. Monterrico también. Pero nosotros supimos meter huevos de acero, de hierro. Zapla es eso”.

Lo dijo con una calma que esconde una tormenta que Zapla está vivo. Nadie sabe quién será el próximo rival, pero en Palpalá lo tienen clarísimo: el Regional no perdona. Y Zapla, si quiere volver al lugar de donde nunca debió haberse ido, tendrá que seguir jugando finales cada domingo.

El gol de Lobo no cerró una historia. Apenas abrió otra. Zapla clasificó. Zapla sueña. Zapla late. Y en Palpalá, cuando late, retumba.

Por: Nicolás Casas

Scroll al inicio