La redonda volvió a rodar en los pagos del norte, entre el polvo del potrero y la ilusión intacta de ese ascenso amateur que no pierde vigencia.

El jueves trajo consigo la bocanada inaugural del Torneo Clausura de la Liga Jujeña de Fútbol, esa vieja y noble Institución que sigue palpitando entre cerros, pasiones heredadas y sueños que se riegan con transpiración y mate cocido.
El viernes, como quien empalma un tango con una milonga, la jornada se prolongó con encuentros que entreveraron fricción, ritmo y ráfagas de buen juego entre equipos que no especulan ni regalan nada.

En el siempre combativo rectángulo del estadio Libero Bravo, enclavado en el corazón de Mariano Moreno, Lavalle y Atlético Palpalá cruzaron destinos en un cero a cero que, aunque desprovisto de goles, no fue mezquino en emociones. Hubo ida y vuelta, pierna fuerte, arengas desde los bancos y más de una chance que se desvaneció en la bruma de la imprecisión. Para los de Lavalle puede ser un punto ganado; para los palpaleños, quizá una ocasión desperdiciada que podría pesar en el futuro en la tabla.
En el coqueto estadio Jesús Flores de Palpalá, la escuadra de Malvinas bajó línea y dejó bien claro que no vino a participar, sino a competir. Fue un 4 a 1 que no admite discusión. Los goles de Gastón Mamaní, Facundo Cortéz, Ignacio Cazón y Mauricio «Chachá» Luna fueron como estocadas precisas sobre un Comercio que jamás logró acomodarse al partido. El descuento de Nicolás Rivero sirvió para maquillar el marcador, pero no alcanzó para torcer el rumbo.

En el escenario mítico de La Tablada, Cuyaya salió como un torbellino y arrolló con solvencia a San Francisco. Fue un 5 a 0 que dejó al barrio más que contento y al cuerpo técnico sonriendo con disimulo. Cali Guzmán, Luis Mora, Nicolás Alfaro, Guillermo Márquez y el juvenil Thiago Blanco se repartieron los festejos de un equipo que tocó, presionó y gustó. San Francisco, por su parte, deberá ajustar las marcas si pretende levantar cabeza.

La jornada del viernes cerró con luz propia. En un partido disputado con el encanto particular de las noches jujeñas, Ciudad de Nieva se impuso con autoridad sobre Los Perales por 3 a 0. La figura de la velada fue Fabricio Carles, quien colgó dos tiros libres en el ángulo con la precisión de un relojero suizo. El tercero fue obra de Leandro Alcocer, que capitalizó un rebote fortuito para sellar el resultado. Nieva arrancó con el pie derecho y manda un mensaje claro: hay equipo y hay hambre de gloria.


Por: Nicolás Casas
