¿Será posible el cambio? Una reflexión sobre el presente y el porvenir del fútbol jujeño

El tiempo me enseñó que con los años se aprende menos de lo que se ignora. El tiempo, que es un viejo traicionero, té enseña cuando ya llegó la hora…” – Tabaré Cardozo y Canario Luna.

Hay canciones que no son solo letras. Son sentencias. Son estocadas dulces, puñales de ternura que se clavan en la conciencia popular. Versos como los que entonan Tabaré Cardoso y el Canario Luna nos recuerdan, desde el alma del canto uruguayo, que el tiempo enseña.

A veces tarde a veces sin aviso.

Pero siempre, siempre llega. Y al fútbol jujeño, ese tiempo le llegó.

Le llegó como tormenta. Como vendaval. como ráfaga que barre lo que ya no se sostiene, lo que venía tambaleando en la oscuridad de los pasillos, en la indiferencia de los escritorios, en los gritos silenciados de hinchas, delegados y jugadores. La Liga Jujeña de Fútbol entró en una encrucijada histórica, y el punto de quiebre fue el lunes 9 de junio de 2025. Ese día, en el seno del Consejo Directivo, los 19 clubes afiliados —con presencia de dirigentes, presidentes y delegados— decidieron llamarse a silencio para que el apretador serial se despida definitivamente de ese trono que para él sería eterno.

 Lo que parecía una reunión más, se convirtió en un grito desgarrador de dignidad. Y en el principio del fin de una etapa marcada por la desidia.

La decisión fue dura. Pero fue necesaria. Fue valentía. Fue dolor. Fue, también, una advertencia: así no se puede seguir.

Esa misma tarde, el presidente de la Liga, Marcelo Sánchez, presentó su renuncia indeclinable. No se fue solo: lo acompañaron al menos cuatro miembros de su comisión directiva. Una semana fugaz de tensiones, irregularidades, arbitrajes en conflicto, promesas rotas, renuncias en el Tribunal de Disciplina, y un malestar generalizado empujaron lo inevitable. Nadie lo forzó. Pero todos lo veían venir.

Su silencio fue atronador. Su falta de explicaciones fue, quizás, su confesión más clara. Y su renuncia, aunque liberadora, no puede hacernos olvidar lo que se vivió en estos años. Porque como bien dice esa canción: «la miseria es culpa de los hombres miserables». Y la miseria en el fútbol jujeño no es solo económica. Es moral. Es institucional. Es consecuencia de años de soberbia, de autoritarismo, de poner los intereses personales por encima del colectivo.

Este no es el fútbol de la televisión nacional ni de los mercados de pases millonarios. Acá no hay cámaras 4K ni sponsors con nombres extranjeros. Este es el fútbol de los barrios. El de las canchas con tribunas de chapa. El de los técnicos que no cobran, de los jugadores que venden empanadas para costear un pasaje. Es el fútbol que construye identidad. Que enseña. Que emociona. Y hoy, ese fútbol está de rodillas.

La suspensión de la fecha 9 no fue un capricho. Fue una advertencia. Los clubes no pueden seguir bancando lo que antes costeaba la Liga: alquiler de canchas, arbitrajes, logística. Se prometió un subsidio estatal que nunca llegó. Y mientras las carpetas duermen en los escritorios, los clubes agonizan.

Y como si eso fuera poco, los hinchas ni siquiera pueden entrar dignamente a la cancha. El acceso por calle Santibáñez a «La Tablada» fue clausurado por la policía, bajo argumentos de seguridad. Pero ¿qué seguridad se puede garantizar si se le niega el ingreso a la fiesta al vecino, al pibe del barrio, al que hace del fútbol su refugio?

La crisis, además de estructural, es una crisis de confianza. Y cuando la confianza se quiebra, no hay estatuto que alcance para repararla.

El martes 10 a las 18 horas, en un cuarto intermedio, se definirá cómo sigue esto. Habrá que debatir, proponer, tomar decisiones valientes. Ya no es solo una fecha suspendida. Es una oportunidad para refundar. Para elegir entre seguir en el barro, o empezar a limpiar la casa. Porque el fútbol jujeño merece florecer, incluso en el pantano.

Los clubes grandes —Gimnasia, Zapla, Talleres— tienen un rol clave. No importa el orden en que los nombremos. Todos lo saben. Son el corazón histórico del deporte provincial. Y si bien es cierto que ninguna reconstrucción depende de tres nombres, también es cierto que ellos tienen el músculo para empujar hacia el renacer. La pelota está en su cancha.

La Liga debe ser un proyecto colectivo, no un feudo de unos pocos. Se necesita limpieza institucional, transparencia real, formación de una segunda división, participación activa de todos los sectores: clubes, prensa, hinchas, arbitraje. Basta de gestiones que se sostienen con aprietes a gobiernos de turno. Lo que se necesita hoy es visión, no oportunismo.

Y sí, lo digo sin arrepentimiento. Lo dije el 3 de junio de este mismo año, y lo repito hoy. Porque la memoria no es menos poderosa que el olvido, solo que muchas veces el poder decide olvidar a los vencidos. Nosotros no. Nosotros recordamos. Nosotros apostamos.

La pregunta que queda flotando es la que da título a esta nota: ¿Será posible el cambio?

Yo creo que sí. Si hay coraje. Si hay humildad. Si hay voluntad. Dios quiere que sí. Y si Dios lo permite, que sea con todos adentro. Que sea con fútbol limpio, con dirigentes honestos, con árbitros mejor formados, con hinchas seguros. Que sea con unión, pero no de palabra: con hechos.

Porque la pelota está detenida, sí. Pero aún puede volver a rodar con sentido. Y si eso sucede, el fútbol jujeño no solo va a sobrevivir. Va a renacer.

En estos tiempos de transición, acefalía e incertidumbre para la Liga Jujeña de Fútbol, aparece una figura que, con nombre de leyenda barrial y espíritu de gestor comprometido, se planta con la difícil tarea de revertir décadas de desunión, improvisación y desencuentros.

Gimnasia Zapla y Talleres como LAS TRES MARÍAS asumen un destino.

 Y en ese destino, la historia le pide ser más que un organizador o un administrador; le pide ser artífice de un renacimiento.

Por el papel que tiene que desempeñar, se vuelve imprescindible que no teman ser exigentes, incluso con aquellos clubes que suelen ser intocables por tradición o historia. Los tres grandes de la provincia –Gimnasia y Esgrima, Altos Hornos Zapla y Talleres de Perico– no pueden quedar al margen del proceso de reconstrucción. Por el contrario, deben estar en el centro mismo del plan. No alcanza con que compitan: deben liderar.

 Tienen que convencer, pero no con discursos vacíos ni gestos simbólicos. Tiene que persuadir con propuestas concretas, con ideas firmes, con un proyecto de unidad que les devuelva a todos los actores del fútbol jujeño el sentido de pertenencia y la esperanza de que, aún en este presente magullado, se puede construir algo mejor.

Porque cuando los clubes caminan separados, se multiplican las complicaciones, pero se dividiendo, sueños de todos los clubes que forjan en si a los barrios de la ciudad. Se tendrá que tocar las puertas de esos clubes grandes no como un funcionario más, sino como un militante del fútbol jujeño. Tiene que interpelarlos, sacudirles la modorra, recordarles que no hay gloria posible si se construye desde la memoria y la historia.

Ahora esa historia los reclama juntos, no como rivales, sino como pilares de una identidad deportiva que supo tener brillo, pasión y orgullo.

No se trata solo de campeonatos ni de ascensos. Se trata de recuperar el alma del fútbol jujeño.

De lograr que nuestras canchas dejen de ser testigos mudos de la decadencia, y vuelvan a ser el escenario de los sueños compartidos. Y para eso:

El Lobo, el Merengue y el Expreso Azul

 (Las Tres Marías deben ser firmes, decididos, abiertos en serio.)

Porque quien extorsiona, no transforma.

 Y el fútbol jujeño necesita transformarse No es fácil. Nunca lo fue.

Pero si algo nos enseñó la historia del fútbol en esta tierra es que no hay batalla imposible cuando se juega con el corazón.

Y en este tiempo donde tanto está en juego, el corazón tiene que latir fuerte y unido.

Por: Nicolás Casas

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