Desde hace tiempo, el fútbol argentino dejó de ser noticia por su juego y pasó a serlo por su desorganización.

En el exterior ya no se habla de calidad ni de talento. Se habla de calendarios confusos, de horarios improbables y de una conducción que parece más preocupada por los contratos televisivos que por el espectáculo.
Mientras el Ascenso lucha, resiste y espera que se dispute de una vez la primera fecha de la Segunda División, en la Primera División el escándalo se volvió rutina. Todo gira alrededor de la televisión, de decisiones improvisadas y de un torneo que avanza sin una lógica clara.
Y ahora vamos al punto.
Está por comenzar una nueva fecha de la Liga Profesional organizada por la AFA, un certamen que desde el 22 de enero viene mostrando su versión más opaca. Partidos entre semana, fines de semana, horarios insólitos y una planificación que parece diseñada sin consultar al sentido común.
A eso se suman los pobres diseños gráficos, los flyers sin identidad y una imagen general que achica al fútbol argentino ante los ojos del mundo.
Esta no es la liga que debería representar al campeón del mundo de 2022.
La pregunta surge sola: ¿Qué ocurrió después del Mundial?
El 22 de enero comenzó con un 0 a 0 sin emociones entre Defensa y Justicia y Aldosivi. Banfield y Huracán empataron 1 a 1. Unión igualó con Platense en un partido sin brillo.
El único grito destacable fue el de Vélez frente a Instituto en Córdoba por 1 a 0. Gimnasia de Mendoza superó a Central Córdoba de Santiago del Estero por el mismo resultado.
El viernes mostró algo más de movimiento:
Lanús venció 3 a 2 a San Lorenzo tras comenzar perdiendo.
Estudiantes e Independiente empataron 1 a 1 en un duelo intenso.
Independiente Rivadavia derrotó 2 a 1 a Atlético Tucumán y Talleres sorprendió a Newell’s en Córdoba por 2 a 1.
El sábado volvió la monotonía.
River venció 1 a 0 a Barracas Central en un partido tan pobre que muchos hinchas eligieron la radio antes que la televisión.
Gimnasia de La Plata derrotó 2 a 1 a Racing y Belgrano hizo lo propio ante Rosario Central en el Gigante de Arroyito.
El domingo cerró con Boca superando por la mínima a Riestra, Argentinos Juniors venciendo a Sarmiento y Tigre derrotando 2 a 0 al debutante Estudiantes de Río Cuarto.
La fecha 3, disputada entre el 31 de enero y el 3 de febrero, confirmó una tendencia preocupante: el nivel del fútbol argentino sigue en descenso.
Se habla de profesionalismo, pero los partidos resultan vacíos, previsibles y sin identidad.
Y ahora llega la fecha 4.
Viernes:
21:00 – Central Córdoba (SdE) vs Unión.
Sábado:
17:00 – Aldosivi vs Rosario Central.
18:00 – Racing vs Argentinos Juniors (con el Cilindro en estado preocupante).
20:00 – River vs Tigre, en el Monumental.
22:00 – Belgrano vs Banfield.
22:00 – Newell’s vs Defensa y Justicia.
Domingo:
17:00 – Sarmiento vs Atlético Tucumán.
17:00 – Platense vs Independiente.
19:15 – Huracán vs San Lorenzo.
22:15 – Vélez vs Boca Juniors.
22:15 – Gimnasia de Mendoza vs Instituto de Córdoba.
Lunes:
17:00 – Barracas Central vs Gimnasia La Plata.
19:00 – Estudiantes vs Riestra.
19:00 – Lanús vs Talleres.
19:30 – Estudiantes de Río Cuarto vs Independiente Rivadavia de Mendoza.
Con la fecha 4 por disputarse, se espera —aunque cueste sostener el optimismo— un cambio en la fisonomía del fútbol argentino. Un giro en su anatomía, en su esencia, en su manera de presentarse ante el público.
Porque desde la primera fecha, lo que predomina no es el juego, sino el ruido.
Las preguntas quedan abiertas:
¿Mejorará el nivel futbolístico?
¿O seguirá repitiéndose este torneo sin identidad ni rumbo?
Se viene la cuarta.
Y el fútbol argentino vuelve a rendir examen.
No hace falta entenderlo todo. Pero cada vez resulta más difícil disfrutarlo.
Por Nicolás Casas
