Renfe pretende adjudicar antes de finalizar octubre la compra de 30 trenes de alta velocidad, una operación valorada inicialmente en 1.362 millones de euros.

Los nuevos vehículos estarán preparados para alcanzar los 350 kilómetros por hora, aunque necesitarán infraestructuras adaptadas para circular a esa velocidad. La inversión busca renovar una flota envejecida, ampliar la capacidad de transporte y responder al crecimiento de viajeros. También plantea una cuestión estratégica para el ferrocarril español: cómo combinar mayores prestaciones con un consumo eléctrico eficiente.
Una inversión histórica para renovar la alta velocidad española
La licitación, anunciada inicialmente en marzo, contempla la adquisición de 30 unidades, ampliables a 40 por un importe de 1.777 millones de euros. Siemens y Hitachi compiten por el contrato, cuya adjudicación podría aprobarse durante la última semana de octubre. El suministro completo deberá realizarse en un máximo de 78 meses, mientras que los primeros cinco trenes llegarían antes de transcurridos 40 meses.
Cada unidad contará con al menos 450 plazas, dos clases y espacios accesibles. La operación permitirá sustituir progresivamente vehículos próximos a cuatro décadas de servicio. Renfe dispone actualmente de 124 de los 160 trenes de alta velocidad que circulan en España, por lo que la renovación resulta relevante para mantener su capacidad operativa frente a otros competidores.
El consumo eléctrico como desafío de los trenes más rápidos
Circular a velocidades superiores exige gestionar cuidadosamente la energía. La resistencia aerodinámica aumenta considerablemente con la velocidad, elevando la potencia necesaria para mantener el desplazamiento. Aunque la electricidad consumida depende del recorrido, las paradas y la ocupación, el proyecto obliga a considerar la eficiencia como un factor económico relevante.
El consumo energético de los trenes de alta velocidad representa también un desafío económico. Para alcanzar velocidades superiores a los 300 km/h, estos vehículos necesitan una elevada potencia eléctrica, medida en megavatios. Este nivel de demanda convierte la eficiencia energética en un factor clave para controlar los costes operativos. Además, las fluctuaciones en el precio de la electricidad pueden influir en los gastos de funcionamiento del transporte ferroviario, aunque su impacto depende de los contratos de suministro y de las estrategias de compra de energía de cada operador.
Eficiencia energética y sostenibilidad en el futuro ferroviario
La estrategia de modernización de Renfe también contempla incrementar la capacidad por trayecto. La compañía destaca que sus trenes de la serie 106 incorporan soluciones de diseño destinadas a transportar más pasajeros con menor peso estructural. Estas características permiten mejorar el aprovechamiento energético por viajero, especialmente cuando la ocupación es elevada.
El objetivo de reducir el consumo energético adquiere especial importancia en infraestructuras de transporte intensivas en electricidad. La futura flota representa así una oportunidad para mejorar la competitividad ferroviaria, considerando tres aspectos:
La eficiencia operativa resulta fundamental para aprovechar mejor la electricidad utilizada durante los desplazamientos.
Una elevada ocupación de las plazas disponibles permite distribuir el consumo energético entre un mayor número de viajeros.
La huella de carbono permite evaluar las emisiones asociadas a cada desplazamiento, incorporando una dimensión ambiental al análisis del transporte ferroviario.
Fuente: papernest.es
