Pinamar esconde tesoros más allá de sus conocidas arenas doradas. Este rincón costero sorprende al viajero con propuestas que van desde circuitos culturales hasta aventuras en plena naturaleza, rompiendo el mito de que solo vale la pena visitarlo durante el verano.

Un destino al alcance de todos
Desde San Salvador no nos queda precisamente cerca. Pero si tenemos la oportunidad de llegar hasta Buenos Aires en avión, la distancia hasta Pinamar es de poco más de 300 kilómetros. Y si no, yendo desde nuestra provincia son muchos los micros a Pinamar que conectan nuestras localidades con esta joya costera.
La terminal recibe servicios regulares que facilitan el acceso a quienes buscan desconectar sin preocuparse por el tránsito o el estacionamiento.
Magia en cada estación del año
¿Quién dijo que Pinamar solo brilla en verano? Su clima templado transforma el paisaje según la época, ofreciendo postales completamente distintas a lo largo del año.
Durante otoño e invierno, cuando los bosques de pinos ganan protagonismo, el aire se vuelve más fresco y las caminatas más placenteras. El sendero que serpentea por la Avenida Parque de los Pioneros invita a descubrir rincones encantadores, como esa escultura que los locales llaman cariñosamente «La Piña», o la instalación «Cosmos» que, al caer la noche, asombra con su juego de luces cambiantes.
Arte entre dunas y pinos
Lo que tal vez pocos saben es que Pinamar funciona como un enorme museo al aire libre. Caminando entre sus calles y espacios públicos, aparecen más de 70 esculturas dispersas estratégicamente por toda la ciudad. Obras de Minujín, Alonso y otros artistas argentinos reconocidos conviven con el paisaje natural, creando diálogos insólitos entre el arte y la naturaleza.
Resulta curioso doblar una esquina y toparse con una pieza monumental, o descubrir, casi por casualidad, una escultura escondida entre pinos mientras se recorre el campo de golf local.
Historias que perduran en cada rincón
Al pasear por Pinamar y las localidades vecinas como Ostende o Cariló, las construcciones cuentan sus propias historias. El antiguo Hotel Playas, donde comenzó a gestarse la ciudad, conserva ese aire nostálgico de los pioneros que soñaron con un balneario entre dunas.
En Ostende, merece la pena asomarse al Viejo Hotel inaugurado en 1913. Sus pasillos guardan ecos de conversaciones entre figuras como Saint Exupery, quien seguramente encontró inspiración durante sus paseos por la costa atlántica. Y luego está «La Elenita», esa casilla de madera donde el presidente Frondizi buscaba descanso, hoy convertida en monumento histórico provincial.
¿Día nublado? No hay problema
«¿Y si llueve?» suele ser la pregunta que preocupa al planificar vacaciones en la costa. Pinamar responde con alternativas que casi hacen desear un día sin sol.
Los paseos comerciales de Pinamar, Valeria del Mar y Cariló, con su arquitectura que parece fundirse con el entorno, convierten las compras en una experiencia sensorial. Luego está el peculiar Teatro Municipal de la Torre, cuya estructura recuerda vagamente al famoso Globe londinense, ofreciendo espectáculos que van desde títeres para los más chicos hasta stand-up para adultos.
Para quienes buscan una tarde diferente, abren sus puertas talleres de artistas como El Ojo y el Diamante (en Valeria del Mar), donde además de admirar obras, se puede participar en clases de mosaiquismo mientras se disfruta de un buen té.

Aventuras entre médanos y bosques
Para aquellos a quienes les cuesta quedarse quietos, Pinamar despliega un menú de actividades al aire libre durante todo el año. Las cabalgatas al atardecer por la playa tienen ese toque especial que permanece en la memoria.
Los más aventureros encuentran su espacio en los médanos del norte y sur del Partido. Algunos alcanzan hasta 30 metros de altura y permiten experiencias como el sandboard, esa mezcla de snowboard y surf sobre arena que genera adictos al primer intento.
Las pasarelas elevadas que cruzan sobre los médanos regalan panorámicas imposibles de describir con palabras. Recorrerlas en bicicleta, con esas ruedas anchas especiales para la arena, suma otro nivel de diversión al paseo.
El verde gana terreno
Algo está cambiando en Pinamar. La localidad avanza decidida hacia un modelo más sustentable. Los tradicionales balnearios de cemento ceden espacio a estructuras ecológicas elevadas sobre pilotes que permiten la regeneración natural de las dunas.
La declaración de «Playas Libres de Humo» y las islas de reciclaje distribuidas estratégicamente por la Cooperativa Reciclando Conciencia muestran un compromiso ambiental creciente que suma valor a la experiencia del visitante consciente.
Un destino que rompe estereotipos
Lejos quedó aquella imagen de Pinamar como destino exclusivamente veraniego o lugar de paso. Sus múltiples propuestas invitan a redescubrirla en cualquier temporada.
Desde parejas buscando tranquilidad hasta familias con niños inquietos, todos encuentran su espacio en esta localidad que supo reinventarse sin perder su esencia. La combinación perfecta entre naturaleza, cultura e historia convierten a Pinamar en ese lugar al que siempre se quiere volver, aunque el calendario marque invierno y el mar parezca más bravo que nunca.
