En Santiago del Estero, bajo un sol de esos que invitan más a la modorra que al despliegue de piernas, Gimnasia y Esgrima de Jujuy volvió a mostrar esa versión deslucida que el hincha preferiría guardar bajo siete llaves.

Fue empate 1-1 ante Mitre, en el estadio Doctores José y Antonio Castiglione, y aunque la planilla marque un punto más en el casillero, el paladar futbolero se quedó con gusto a poco.
Otra vez sopa, como solía decir aquella tía que siempre tenía la frase a punto de caramelo. Porque Mitre, sin ser un cuco, parecía por momentos ofrecerse en bandeja. Y ahí estaba el Lobo, con la mesa servida, pero sin coraje para hincar el diente en serio.
Venía dulce el equipo de Matías Módolo, envalentonado después de haber despachado a un Colón golpeado, sin brújula ni mando. Aquella noche ante los santafesinos fue todo vértigo y convicción. Pero en tierras santiagueñas, la brújula volvió a marcar para cualquier lado.
Mitre abrió la cuenta a los 40 del primer tiempo, con Cavalli apareciendo como ladrón en la siesta para clavar el 1-0. El empate recién se escribió en los minutos finales, cuando Quintana, tras un pase fino de Endrizzi, empujó la pelota con la fuerza de quien no quiere irse con las manos vacías. El punto sirvió para maquillar, pero no para convencer.
La tabla todavía sonríe: Gimnasia es segundo en la Zona B de la Primera Nacional con 47 unidades, detrás de Gimnasia de Mendoza. Chacarita, tercero, aprieta con 44. Los números ilusionan; el juego, no tanto.
Para colmo, el Lobo perdió al Polaco Menéndez, expulsado en el último suspiro. Y preocupa más que la sanción: preocupa esa sensación de equipo que se arma a los ponchazos, con esquemas improvisados que ni en las canchas de barrio más fantasiosas se ven.
Lo que viene es de película: el 17 de agosto, en Jujuy, contra Chaco For Ever; el 24, viaje a Isidro Casanova para enfrentar a Almirante Brown; el 6 de septiembre, el clásico norteño frente a Central Norte de Salta; luego, dos excursiones pesadas, el 13 contra Gimnasia de Mendoza y el 20 ante Nueva Chicago en Mataderos.
Si de acá en adelante la apuesta sigue siendo al azar, el final puede no ser el soñado. Gimnasia necesita volver a su identidad, a esa fiereza que incomoda y desgasta al rival. Porque en el fútbol, como bien se sabe de este lado del Río de la Plata, un empate es apenas un punto; la gloria se busca mordiendo, no especulando.
Por Agustín Aguilera Aquino
