Logística y conectividad como eje estratégico: Universidades del Corredor Bioceánico

En el Salón Marcos Paz de la Legislatura de Jujuy se desarrolló recientemente una conferencia que puso en el centro del debate un tema clave para el futuro de nuestra región: el Corredor Bioceánico.

Licenciado en Ciencias Políticas Alejandro Safarov

Esta iniciativa no es solamente una obra de infraestructura; es un proyecto de integración económica, política y cultural que puede transformar la realidad del NOA y de gran parte de Sudamérica.

Entre los distintos paneles, tuve el honor de compartir una disertación en la que se abordó un aspecto muchas veces relegado, pero fundamental: el papel de las universidades dentro del Corredor Bioceánico. En efecto, la educación superior no solo forma profesionales, sino que también se convierte en un actor estratégico para el desarrollo, la innovación y la cooperación internacional.

El rol de las universidades en el corredor

Desde nuestra experiencia en la Universidad Católica de Santiago del Estero, donde la carrera de Relaciones Internacionales abrió sus puertas en 2006, hemos trabajado de manera constante no solo con los estudiantes, sino también con la comunidad en general, generando actividades de extensión, investigación y debate. Estas instancias buscan acercar a la sociedad los lineamientos de los procesos de integración regional, enmarcados en el MERCOSUR y, ahora, en el desafío de este corredor que une Atlántico y Pacífico.

El Corredor Bioceánico no puede limitarse a rutas, vías férreas o puertos: necesita pensamiento, necesita investigación, necesita ciencia. Y ahí entran las universidades. Conformando redes académicas, intercambiando saberes, publicando investigaciones conjuntas y generando espacios de movilidad estudiantil y docente, se logra lo más importante: crear confianza, vínculos y proyectos comunes.

Un ejemplo de ello es la Red Universitaria del Corredor de Capricornio, creada en Mato Grosso do Sul entre 2015 y 2016, que ya reúne a instituciones de distintos países y que promueve proyectos de cooperación.

Desafíos de la educación superior en el corredor

La educación superior de nuestra región enfrenta enormes desafíos. Uno de ellos es la necesidad de acompañar las transformaciones tecnológicas que trae consigo la quinta Revolución Industrial y la expansión de la inteligencia artificial. Estos procesos, lejos de ser ajenos, atraviesan a nuestras sociedades y demandan que formemos recursos humanos capaces de integrarse y liderar en escenarios globales.

A su vez, la educación debe ser inclusiva y atender tanto a los jóvenes como a los adultos con experiencia, apostando a que el conocimiento y la innovación lleguen a todos los sectores. En este sentido, el Corredor Bioceánico es una oportunidad única para potenciar programas de movilidad académica, internacionalización universitaria y creación de redes de investigación que unan Sudamérica con Asia-Pacífico y otras regiones.

Logística, conectividad e infraestructura: los ejes clave

La logística y la conectividad constituyen los pilares de este proyecto. Sin infraestructura adecuada, no es posible unir a los pueblos ni integrar las economías. Pero cuando la infraestructura existe y se la articula de manera eficiente, los beneficios son múltiples: desde la reducción de costos de transporte hasta la posibilidad de agregar valor a nuestros recursos estratégicos —minerales, agroalimentos, energía, acuíferos— y así insertarnos mejor en las cadenas globales de valor.

Hoy, el mundo se mueve hacia el Asia-Pacífico, con China representando cerca del 20% del PBI mundial. En este contexto, Sudamérica debe pensarse como un actor con potencial: una región de paz, rica en recursos humanos y naturales, capaz de negociar en bloque y de ofrecer valor agregado en lugar de exportar únicamente materias primas.

El papel de los estados y del sector privado

Para que todo esto se concrete, se necesita compromiso. Los distintos niveles del Estado —nacional, provincial y municipal— deben articular con universidades, empresarios y sociedad civil. La inversión en infraestructura, seguridad logística y sostenibilidad es impostergable. El Corredor no puede ser solo un mapa sobre el papel: debe transformarse en rutas pavimentadas, ferrocarriles activos, puertos eficientes y, sobre todo, en oportunidades para nuestra gente.

Una visión de futuro

El Corredor Bioceánico no es únicamente un proyecto de comercio exterior. Es un proyecto de futuro para Sudamérica. Es integración, es educación, es investigación, es cultura compartida. Y es también un mensaje al mundo: estamos preparados para sumarnos a la dinámica global desde nuestras fortalezas.

La universidad, en este marco, es faro y motor. Farol que ilumina el camino con ideas y reflexión crítica; motor que impulsa con conocimiento y formación. El desafío es grande, pero la oportunidad también lo es. Jujuy, el NOA y toda la región pueden y deben ser protagonistas.

Por Alejandro Safarov*

*Licenciado en Ciencias Políticas. Docente (UCSEE). Especialista en Relaciones Internacionales.

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