«Haz que tu cuento nunca se vaya», reza una frase que resuena en el corazón de quienes creen en la magia de la infancia.

Bajo este espíritu, María Rivero y Gastón Vásquez, representantes de la Fundación 7 de Julio, se preparan para encender sonrisas y esperanza en el Día del Niño, el próximo 10 de agosto, en el barrio Mariano Moreno, precisamente en la calle Río Uruguay 1098.
La jornada, pensada con esmero y amor, contará con la presencia de payasos, peloteros y el dulce aroma del chocolate, invitando a los niños y niñas a sumergirse en un universo de juegos y alegría. Pero la solidaridad no se detiene allí: en el mismo evento se inaugurará el merendero Santa Teresa, un espacio que abrirá sus puertas una vez por semana para brindar contención y alimento a familias que atraviesan momentos difíciles, en un contexto donde la demanda social crece y el trabajo escasea.
La elección del barrio Mariano Moreno no es casual. «Aquí, entre asentamientos y realidades complejas, muchas familias viven al día, sostenidas por planes sociales y la esperanza de un futuro mejor», relata María Rivero. La Fundación 7 de Julio busca, con cada acción, tender puentes de ayuda y alegría, convencidos de que una sonrisa puede cambiar el mundo de un niño.
El compromiso solidario se extiende más allá de los límites del barrio. La Fundación también recolecta útiles escolares destinados a la Puna y la Quebrada, y prepara una celebración especial para el 20 de agosto en el Hospital de Niños, donde se llevarán juguetes y presentes a los pequeños hospitalizados, en coordinación con el equipo del hospital y otras organizaciones.
La labor de la Fundación 7 de Julio no se limita a la Capital; también se coordinan festejos en Perico y Humahuaca, sumando voluntades y corazones en una red de solidaridad que crece año tras año. «Antes, los festejos del Día del Niño eran casi monopólicos, pero hoy la solidaridad se ha expandido y son muchas las organizaciones, clubes, merenderos y escuelas que se suman a celebrar. Es una característica del jujeño, de la jujeñidad misma», reflexiona Gastón Vásquez.
En cada rincón de Jujuy, la infancia se celebra con amor, compromiso y la certeza de que, como alguna vez fuimos niños, hoy nos toca devolver esa alegría. Porque la solidaridad, cuando florece, transforma realidades y siembra esperanza.
Para quienes deseen colaborar, las puertas están abiertas. Se reciben donaciones de juguetes y alimentos, y pueden comunicarse al 388 12 4 37 o acercarse a Belgrano 241.
Finalmente dejaron un saludo y un abrazo fraterno a todos los que, con sensibilidad y entrega, hacen posible que la infancia en Jujuy siga siendo un cuento que nunca se va.

Por Nicolás Casas
