“La guerra menos pensada”

El estadio de Altos Hornos Zapla nunca volvió a ser el mismo. Nicolás Agustín Casas, hasta hace poco la voz oficial del Club, detonó el aire denso de Palpalá con un manifiesto incendiario, un texto que atraviesa la política interna del Club como un rayo y deja al descubierto cada grieta de la mediocridad, el miedo y la cobardía.

Nicolás Agustín Casas

Titulado “Manifiesto de la Discordia”, el comunicado no es un simple adiós: es un acto de guerra contra la inercia, una bomba literaria que sacude los cimientos del Merengue.

Desde el primer párrafo, Casas deja claro que su salida no es derrota ni capricho: es un acto de coherencia frente a un sistema que castiga la lucidez y protege la comodidad. Su pedido de adecuación económica acorde a sus responsabilidades fue recibido, según él, como amenaza; pero en realidad era un gesto de rigor, un desafío al silencio que ha gobernado Zapla durante años.

“No puse en jaque el presupuesto: puse en evidencia el sistema de simulaciones que los mantiene a salvo de toda autocrítica”, escribió, señalando al Club como un organismo que sobrevive gracias a la parálisis y la mediocridad.

El manifiesto arremete sin concesiones: Zapla, según Casas, ha convertido el mutismo en doctrina y la cobardía en estrategia de gobierno. Cada frase es un disparo directo a un corazón institucional anestesiado: donde la obediencia se premia, la excelencia se percibe como amenaza y el aplauso fácil reemplaza a la autocrítica.

“Donde el mérito es percibido como amenaza, el talento se convierte en estorbo”, denuncia, exponiendo la lógica de un Club que teme la luz tanto como teme la verdad.

La carta no solo observa el presente: analiza el pasado y los ecos de la mediocridad en el fútbol jujeño. Menciona a Juan Cuéllar, cuyo regreso a Salta se convierte en metáfora de un exilio de la lucidez, de un talento que choca contra los muros del miedo y la comodidad institucional. Dos caminos paralelos, dos éxodos forzados por el mismo enemigo: la repulsión hacia lo que incomoda.

“Hay dirigentes que creen ejercer autoridad cuando en realidad administran miedos. Confunden prudencia con parálisis, diplomacia con omisión, respeto con sumisión. Se escudan en silencios calculados, como si callar les concediera estatura. No entienden que el silencio, cuando todo se desmorona, deja de ser prudencia y se transforma en confesión.”

Firmado el 14 de octubre de 2025, el texto culmina en un tono casi épico, un juramento de independencia y de luz propia:

“Ellos eligieron el silencio. yo elijo la palabra”.

“Ellos retroceden. Yo sigo”.

“Ellos preservan su sombra. yo camino bajo luz propia”.

Pero la historia no termina en la renuncia. Nicolás Agustín Casas proyecta su futuro como un campo de batalla donde la palabra prevalecerá.

Sigue vinculado a Jujuy Básquet, mantendrá colaboraciones con Deportivo Luján en La Tablada de local incluso escribirá en Las 24Horas de Jujuy y emprenderá nuevos proyectos periodísticos y deportivos que se van incorporando día a día, ofreciendo plataformas donde el rigor, la coherencia y la libertad de expresión no sean opciones, sino fundamentos innegociables.

Este nuevo período será una prueba de fuego: veremos si realmente ha crecido como comunicador, si la lucidez que defendió ante Zapla se traduce en influencia, presencia y consolidación profesional en la provincia y más allá. Este año, Nicolás celebra 10 años de carrera narrando fútbol —y no solo eso, sino también conduciendo eventos socioculturales y artísticos—, un proceso de perfeccionamiento constante que revela a un comunicador dispuesto a expandir su territorio más allá de Jujuy.

En una reciente entrevista con Domingo Gasolero, Nicolás admitió que fue mucho más feliz relatando a equipos visitantes que a los propios equipos de Jujuy. Una declaración que seguramente generará controversia, pero que para quienes lo conocen refleja independencia, claridad de criterio y autenticidad.

El manifiesto se cierra con un golpe directo a quienes Casas considera responsables del estancamiento:

A la Dirigencia Principal de Sable, por su cobardía, mi más fuerte rechazo, odio y desprecio”.

El primero en salir fue Juan Cuéllar, retornando a Cachorros de Salta por cuestiones económicas que, aunque delicadas, eran manejables. Las mismas cuestiones económicas —solo que más explícitas, más graves, más demoledoras— obligaron a Nicolás Agustín Casas a salir por la puerta chica de la Institución de avenida Río de la Plata, dejando atrás no solo un cargo sino un legado de voz, coherencia y rigor que el Club no supo ni quiso conservar. Dos éxodos distintos, un mismo hilo conductor: la incapacidad institucional para sostener la excelencia y el talento cuando estos desafían la comodidad y el silencio que los gobierna.

Mientras Zapla guarda silencio y conserva su sombra, Casas camina bajo luz propia, disparando verdad, rigor y coherencia en cada paso que da. La voz que antes resonaba en los altavoces del Merengue se convierte ahora en eco de independencia y principio, recordando que el talento y la palabra libre siempre encuentran su lugar, aunque deban caminar solos.

A sus 27 años, con una carrera en ascenso, proyectos deportivos y socioculturales, dominio de varios idiomas y un horizonte internacional, Nicolás Agustín Casas – Su destino apunta hacia donde la lucidez, la coherencia y la palabra libre siempre encuentran espacio, encendiendo fuego donde otros solo buscan sombra.

Por Maximiliano Tilca – Periodista.
Especial para Las 24 Horas de Jujuy

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