Siempre y más estos últimos tiempos, se vino hablando de los malos gobiernos en gran parte del país, lo mismo pasa con la justicia que también recibe su crítica.

Pero de lo que casi poco se refieren es la realidad actual del Poder Legislativo en general, cada vez más venido a menos, más desgastado y con una gran pérdida de credibilidad por la mayoría de los argentinos. Ya no es lo que sabía ser, por ejemplo en aquellos tiempos del regreso de la democracia después de la dictadura del 76.
Lo que se trata en este caso son los distintos poderes legislativos, sea nacional, sean provinciales, sin dejar de lado a los concejos deliberantes que forman parte de este sistema parlamentario argentino.
En los primeros años del 84, alguien que podía asistir a los debates podía observar la calidad de los mismos, donde no hacía falta defenestrar al que pensaba distinto, ya que con su sólido argumento podía lograr el convencimiento y consentimiento de sus pares para la aprobación de un proyecto o resolución por así decirlo.
Esto, a medida que iban avanzando los años se fue perdiendo, ya no se escuchaban los debates con argumentos sólidos donde la razón superaba los argumentos políticos que actualmente prevalecen y que ahora no se tiene en cuenta las necesidades de los ciudadanos.
Actualmente eso ya se perdió totalmente, lo que era un beneficio para los legislados terminó siendo un beneficio partidario o personal de quien legisla, trabajan para fortalecerse políticamente ya sea para el partido al que representa o para lograr un beneficio personal, quien dice que es mejor jubilarse como legislador que cobrar una jubilación municipal.
Es una sumatoria de cosas que sería largo y redundante volver a mencionar lo que todos sabemos y conocemos, sin ir más lejos las denuncias que se hicieron públicas sobre negociados con los afiliados del PAMI o que sus familiares vivan a costilla del Poder Legislativo nacional
A eso se suma el descreimiento de la población en general al sistema político argentino, a la democracia y especialmente a los tres poderes, el Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Pero esto no es solo un fenómeno en Argentina, en muchos países pasa lo mismo y eso se ve en los cambios bruscos que se producen en un estado democrático por la falta de creencia en sus representantes.
Recientemente se pudo ver en la jura de los nuevos legisladores en el Congreso nacional el nivel bajo al que llegaron y no es que uno lo diga, eso se vio en los distintos medios de prensa, desde una vestimenta no acorde a la solemnidad de lo que represente un Poder Legislativo, hasta la falta de formalismo al respeto de la Constitución, demostrando en este caso que no asumieron para hacer respetar y cumplir con nuestra Ley fundamental, si nos bien para devolver los favores o compromisos asumidos.
Ejemplo de lo visto hay a montones, ¿que quisieron demostrar? Que primero están sus prioridades y después el de la gente. Es lo que vuelve a suceder en cada recambio legislativo lamentablemente.
Eso también pasa en los ámbitos legislativos provinciales y municipales, donde otra vez se prioriza, no a quien sustenta con sus impuestos para que funcionen y sean un beneficio general, si no a otras estructuras que no forman parte los ciudadanos.
Muchos dirán que no sabemos elegir, pero desgraciadamente no pasa solo por ahí, si somos culpables de algo es por dejar que las bancas se llenen de legisladores que no cuentan con la capacidad necesaria para ocuparla. Prefirieron ser meros espectadores y no que sus denuncias o pedidos caigan en sacos rotos, porque es difícil perforar el poder político que cuenta justamente con el aval de los otros tres.
La gente viene y sigue desencantada de este sector que cada vez se sigue haciendo más fuerte y ven esfumarse sus derechos como tendría que tenerlo al ser ciudadano de este bendito país.
Que difícil hicieron los políticos la vida de los argentinos, cada vez más desesperanzados de poder a volver a ser la argentina del trabajo, el país de las oportunidades o progreso. Porque como más arriba decíamos, primeros los compromisos y la devolución de favores, los otros que esperen.

