El viento del norte soplaba con fuerza aquella tarde en Maimará, desparramando polvo, cánticos y silencios en partes iguales. Era un paisaje quebradeño de esos que te atraviesan el pecho: los cerros observando como testigos milenarios, los colores del cielo encendidos en su propia liturgia, y el eco de una pelota que no solo rodaba sobre tierra, sino sobre historia.

Allí, en esa tierra celeste, Deportivo Luján firmó una página importante de su camino en el Torneo Regional Federal Amateur. Lo hizo con una victoria categórica, madura y trabajada, un 3 a 0 ante Unión Deportiva Maimará, que lo deposita como escolta firme y aspirante serio a la punta de la Zona 1 de la Región Norte.
Deportivo Luján no solo ganó un partido: se reencontró con su identidad, con la contundencia y la calma que otorga el saber quién se es dentro del campo. A más de 2.000 metros de altura, el equipo capitalino resistió el viento en contra y la intensidad del rival, para transformarse, de visitante en dueño del relato. El encuentro comenzó con ritmo contenido, como si ambos equipos se estudiaran con respeto. Los Celestes maimareños intentaban capitalizar el empuje de su gente, pero fue Luján el que encontró el golpe justo.
A los 25 minutos, Emmanuel Castro Vath que parecía tener brújula en los botines, envió un centro desde la izquierda con una rosca precisa. Del otro lado, Ramón Alejandro Bárcena apareció como un relámpago, controló con inteligencia y sacó un derechazo que viajó con destino inequívoco: el ángulo superior del arquero Antonio Tercero. Desde ese instante, el juego cambió de temperatura. El local intentó adelantarse, pero el visitante controló los tiempos. Luján no se apuró, no se desesperó: esperó su momento, lo olfateó como un equipo con oficio y se fue al descanso con la ventaja mínima, pero con la autoridad de quien sabe que aún queda historia por escribir.
El segundo tiempo fue otro capítulo de la misma novela: Deportivo Luján transformando la paciencia en contundencia.
A los 20 minutos, nuevamente Castro Vath el dueño del medio campo, aprovechó un rebote en la puerta del área y con un derechazo seco marcó el 2 a 0. Tres minutos después, cuando el aire todavía vibraba con ese segundo grito, un vendaval granate sopló sobre Maimará. El equipo local, golpeado pero digno, no bajó los brazos. El visitante, consciente de lo que significaba ganar en esta tierra, se abrazó a su gente y a la tabla que lo muestra ahora como escolta del líder.
Tres puntos de oro, ganados en una cancha difícil, en condiciones adversas y con viento en contra.
Tres puntos que valen mucho más que eso: valen confianza, en si mismos.
Claudio España presidente y jugador de Unión Deportiva Maimará
Entre el viento frío que baja de los cerros y el murmullo de una hinchada que se resiste a callar, Claudio España se detiene a hablar. Tiene el sudor en la frente, el gesto cansado pero noble. No habla como dirigente ni como futbolista: habla como un hombre de su pueblo, que siente y sufre por la camiseta.
“Nosotros somos un Club chico, de corazón grande. Jugamos con lo que tenemos, con los que somos, con la gente que se levanta temprano y viene a alentar. No siempre contamos con las mismas condiciones que otros, pero acá hay entrega, pasión, y sobre todo pertenencia», referenció.
«A veces duele perder, claro que duele, más cuando uno deja todo. Pero esto también es fútbol: se gana, se pierde y se aprende. Lo importante es que el grupo sigue unido, y que Maimará sigue viva dentro de la cancha», contó.
Finalmente expresó, «agradezco al pueblo, a los que acompañan, aunque el resultado no sea el esperado. Vamos a seguir representando estos colores con orgullo, porque este club no es solo una institución: es una forma de vida, es el reflejo de nuestra tierra».
Sus palabras se mezclan con el viento y con el aplauso de los pocos que aún permanecen en la tribuna. Hay tristeza, sí, pero también dignidad. Maimará perdió en el marcador, pero ganó respeto.
Alejandro Bárcena la figura del partido
Más allá, con el rostro marcado por la tierra y la sonrisa de quien sabe que hizo historia, Alejandro Bárcena atiende a la prensa. Fue el autor del primer gol, ese que abrió el camino y cambió el destino del encuentro. Habla con calma, como si aún procesara lo vivido.
“Fue un partido muy duro. La cancha, el viento, todo se hacía cuesta arriba. Pero supimos mantener la cabeza fría y el corazón caliente», manifestó el jugador.
Liego agregó, «cuando llegó el gol, sentí que se nos abría una puerta. A veces el fútbol tiene eso: un instante que lo cambia todo. Después jugamos con más confianza, encontramos espacios y el equipo respondió de la mejor manera».
En el segundo tiempo, Castro estuvo encendido, y todo fluyó. Este grupo se merece lo que están viviendo, porque vienen laburando con humildad desde hace tiempo.
«Nos vamos felices, pero sabiendo que todavía falta. Ahora se viene Perico, un rival directo, y vamos a dejarlo todo por seguir por esta buena senda”, agregó.
Bárcena se despide con un abrazo largo a sus compañeros. No grita, no presume: sonríe. En su mirada se mezcla el cansancio y la satisfacción del deber cumplido.
Fabricio Paz arquero de Deportivo Luján
Detrás, apoyado en el arco que defendió con autoridad, Fabricio Paz observa la cancha en silencio. Donde otros ven tierra y líneas torcidas, él ve esfuerzo, sudor y orgullo. Habla sereno, con esa voz baja de los arqueros que piensan más de lo que dicen.
“Fue un partido complicado, por la cancha, por el viento, por todo lo que significa venir a jugar acá. Sabíamos que Maimará iba a ser un rival durísimo.
Pero lo preparamos bien. El grupo trabajó mucho durante la semana y eso se notó. Mantuvimos la concentración, no nos desesperamos, y aprovechamos cada oportunidad.
Estoy orgulloso de mis compañeros. Esto es fruto del trabajo, de la confianza y del compromiso. Luján demostró que está para más, que puede jugar en cualquier cancha y en cualquier condición.
Ahora toca descansar, recuperar energías y pensar en lo que viene, porque el viernes tenemos una final más en Perico”.
Paz termina con una sonrisa discreta. A lo lejos, los Granates se abrazan entre polvo y viento, y en sus ojos se refleja un sueño que recién empieza. – Y así, en el corazón de la Quebrada, se apaga la jornada. El viento, eterno protagonista del norte, sigue corriendo entre los cerros como si quisiera llevarse los ecos del partido.
Luján se va con tres goles y una certeza: que la fe y la disciplina también se entrenan. Maimará se queda con el alma intacta, con la dignidad del que lucha a pesar de todo.
Desde el campo, uno siente que el fútbol acá no es solo un juego: es un ritual, una forma de identidad que atraviesa generaciones. En cada pase, en cada silbato, late el pulso de una tierra que no se rinde.
“Nos despedimos desde Maimará —dice la voz del cronista—, agradecidos al pueblo celeste por su hospitalidad, a su gente por abrirnos las puertas y al fútbol por recordarnos que todavía hay lugares donde se juega con el corazón.
Nos veremos pronto, quizá en carnaval, entre comparsas, bombos y risas, cuando el fútbol vuelva a ser una fiesta del alma.
Porque si algo nos une, más allá de los colores, es esto: la pasión rioplatense flameando entre los cerros, el orgullo de nuestra tierra y la magia del fútbol que nunca muere”.
Síntesis:
Unión Deportiva Maimará (0): Tercero; Cruz, Martínez, Vilca y Gregorio; Rivero, Salas, Sulca y Pérez; Calizaya y Oroz. DT: Héctor Yurquina
Deportivo Luján (3): Fabricio Paz; Gonzalo Sandoval, Leandro Vidable, Gabriel Quiroga y Walter Carrizo; Aram Soto, Gonzalo Ibarrola, Román Gonza y Paolo Ruiz; Alejandro Bárcena y Emanuel Vatt Castro. DT: Julio Navarro
Goles: 25′, 20’ST y 22’ST: Emanuel Vatt Castro.
Arbitro: Matías Sepúlveda (Liga del Ramal)
Cancha: Unión Deportiva Maimará.

– Por Nicolás Casas
