Festejo en Villa Alem: Tucumán Central silenció ciudad Perico y avanzó por penales a la final

Tucumán Central escribió una página cargada de épica y tensión en Ciudad Perico, donde derrotó por penales a Talleres en una tarde tan sofocante como dramática en el estadio Pleno Zabala.

Tucumán Central eliminó a Talleres en Perico

Los Rojos tucumanos se impusieron 4 a 2 en la definición desde los doce pasos, después de un partido áspero, intenso y emocionalmente desbordado, en un escenario que se presentó como una verdadera prueba de carácter para el visitante.

Talleres llegaba fortalecido por la localía y por un clima que jugaba a su favor; Tucumán Central, en cambio, lo hizo con la convicción silenciosa del que sabe que las gestas se construyen en territorio conflictivos bélicos  hostiles.

El trámite de los noventa minutos fue asfixiante, cortado, con pulsaciones altas desde el inicio. Talleres golpeó primero y temprano: a los 11 minutos del primer tiempo, Farid Riveros rompió el cero con una definición precisa  y pareció marcar el rumbo inicial del partido.

El equipo local manejó el ritmo durante largos pasajes, apoyado en la presión y en la intensidad, mientras Tucumán Central resistía y buscaba espacios en medio de un clima cada vez más cargado.

En el segundo tiempo, el encuentro cambió de tono. Tucumán Central salió con otra determinación, más adelantado en el campo y con mayor ambición ofensiva. Franco Barrera  al minuto 8 apareció para decretar el empate y devolverle vida al conjunto tucumano, que empezó a creer en la hazaña.

Sin embargo, Talleres respondió con autoridad: Marcos Coria, a los 33 minutos, nuevamente Farid Riveros a los 40, marcaron el 3-1 parcial que parecía sentenciar la historia y desatar la euforia local.

Pero el partido aún guardaba capítulos de tensión. Las expulsiones terminaron de encender el clima: Mariano Arroyo  vio la tarjeta roja en Talleres de Perico y   por su parte Damián Ovejero fue expulsado en Tucumán Central por doble amarilla insólita.

El juego se volvió más friccionado, discutido en cada fallo, con protestas constantes y un ambiente cada vez más espeso. La cuaterna arbitral proveniente de Córdoba entendió que la serie no estaba cerrada, que aún quedaba una palabra por decir. Y así, entre nervios, miradas tensas y respiraciones contenidas, el encuentro se fue a la definición por penales.

Allí comenzó otra historia. Talleres de Perico sufrió desde el inicio de la tanda: Jiménez y Ruiz fallaron sus ejecuciones, mientras que Cristian Farías y Riveros lograron convertir. En Tucumán Central, la serie fue una demostración de temple y frialdad: Barrera, Castaño, Krupoviesa y Juárez anotaron con precisión. Carlos Cisneros desperdició su remate, lo que mantuvo el suspenso hasta el último disparo. La escena final fue tan simbólica como dolorosa para el local: Matías Ruiz tuvo la responsabilidad de seguir con vida, pero su penal terminó errado, sellando el destino del partido.

Post Partido

El festejo tucumano estalló en el Plinio Zabala como un acto de resistencia futbolera. Tucumán Central ganó en un terreno turbulento, complejo conflictivo en todos los aspectos, demostrando personalidad, coraje y convicción.

La victoria no fue sólo deportiva; fue una conquista anímica, un mensaje de fortaleza frente a un contexto hostil.

Por Nicolás Agustín Casas

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