El «Súper Niño» golpea la producción de arroz y carne y amenaza con subas de precios

Productores descartan faltantes de arroz, pero la oferta se achica y los valores quedan expuestos. En islas del Paraná y el Uruguay se evacúa hacienda.

Ganaderos evacuan animales, temen pérdidas y falta de pasto. Arroceros prevén menor rinde y calidad; precios podrían subir.

Las crecidas del Paraná y del Uruguay, alimentadas por las lluvias en Brasil y por la apertura de represas aguas arriba, empiezan a mostrar su costado productivo en el litoral. Corrientes y Entre Ríos concentran dos actividades que terminan en la mesa de todos los argentinos, la ganadería y el arroz, y las dos están bajo presión. Mientras los ganaderos sacan los animales de las islas antes de que el agua los alcance, los arroceros adelantaron la siembra para esquivar las lluvias y ya anticipan menos kilos y granos de peor calidad.

Para el consumidor, el efecto no será inmediato ni uniforme. En el arroz, los propios productores aseguran que no habrá desabastecimiento, aunque admiten que los valores de góndola podrían moverse. En la carne, el problema se juega más adelante, cuando se vea cuánta hacienda quedó en pie después de la inundación y cuánto pasto hay para sostenerla.

El impacto de El Niño en la región

El origen del problema está fuera de Corrientes. «No se está dando todavía un efecto Niño por lluvias en nuestra región. Lo que pasa es que está viniendo mucha lluvia de arriba y eso empieza a inundar, lógicamente», explicó Carlos Roldán, presidente de la Asociación de Sociedades Rurales de Corrientes, en diálogo con iProfesional.

Los números oficiales muestran la magnitud. Sobre el Uruguay, el Instituto Nacional del Agua midió 9,14 metros en Paso de los Libres, por encima de los 8,50 que marcan el nivel de evacuación, y 37 personas ya debieron dejar sus casas. El Paraná marca 4,98 metros frente a la capital correntina, todavía lejos de los niveles de alerta, pero el INA prevé un pico de 6 metros para el 20 de noviembre. En Yacyretá, el ingreso de agua ronda los 28.000 metros cúbicos por segundo, un caudal 40 por ciento por encima del promedio histórico de las últimas semanas, y la Entidad Binacional cerró de manera preventiva el paso entre Ituzaingó y Ayolas hasta, en principio, el sábado 17.

Con un desfasaje de entre 7 y 14 días, el agua extraordinaria llegará además a las costas entrerrianas, en puertos como La Paz, Paraná, Diamante y Victoria. Roldán recordó que hoy Corrientes tiene un 28% de su territorio con agua en superficie, cuando lo normal está entre el 23 y el 28%. En la gran inundación de 1998 se llegó al 53%, y según el dirigente ahora «se espera por encima de eso».

Del lado del Paraná, el primer golpe lo reciben las islas, donde cada año pastorean casi 500 mil cabezas entre Corrientes y Entre Ríos. Muchas ya fueron evacuadas, pero el movimiento recién empieza. Roldán contó que se esperaba la salida inmediata de unas 1.700 cabezas de alrededor de 70 pequeños productores de las islas de Empedrado, los primeros que tienen la necesidad de irse. En Apipé Grande y Apipé Chico, en cambio, el éxodo todavía no fue masivo. «Se estaban esperando más de 2.000 cabezas, han salido 500», precisó. Si el río sigue subiendo, el turno será de Goya, Bella Vista y las islas de Esquina. «Cada vez se va a ir poniendo más complicado», advirtió.

Para agilizar las salidas, la Asociación Rural trabaja desde agosto con el Senasa en un esquema excepcional. La hacienda sale de las islas sin papeles hacia una sociedad rural o un corral designado, donde se constatan las marcas, se separa todo por dueño y se emiten los documentos para trasladarla al campo de destino. En principio no se exigirá análisis de brucelosis hasta que los animales lleguen a destino, ni caravaneo de los jóvenes hasta que salgan al continente. «A la salida se le está dando la mayor agilidad posible», aseguró Roldán.

Sacar los animales de las islas resuelve la urgencia, pero no el problema de fondo. Roldán explicó que el escenario cambia según cuándo se retire el agua. Si baja en enero, queda todo el otoño para renovar el pasto podrido que quedó bajo el agua y para que crezca el nuevo. Si la inundación se prolonga hasta marzo o abril, el panorama es otro: «en nuestros campos naturales no crece el pasto en el otoño. Entonces nos vamos a quedar con los campos arrasados por el agua, sin posibilidad de rebrote, y para mí eso va a ser catastrófico el invierno que viene».

A eso se suma el riesgo de las lluvias locales. Los ríos internos de la provincia, como el Corriente, el Miriñay, el Aguapey y el Santa Lucía, no pueden desaguar porque los grandes ríos están entrando por sus cauces. «El día que acá llueva mucho, 300 milímetros, ahí se nos va a complicar, porque ahí sí se van a desbordar todos los ríos internos de la provincia», planteó. Con ese cuadro, el dirigente anticipó que la mortandad de hacienda puede ser muy grande si el agua llega a abril o mayo.

En las islas del Paraná y el Uruguay los productores ya comenzaron a evacuar al ganado

Qué puede pasar con el precio de la carne

Corrientes es una provincia de cría. Buena parte de sus terneros y novillos sale hacia campos de otras zonas para recría y engorde, y de ahí termina abasteciendo el consumo interno. Cuando ese primer eslabón se tambalea, el efecto se traslada hacia adelante en la cadena, aunque con demora.

En lo inmediato, las evacuaciones obligan a mover animales en forma anticipada y eso puede aumentar por un tiempo la oferta de hacienda. El efecto de fondo viene después. Un rodeo mermado por la mortandad, o debilitado por un invierno sin pasto, deja menos animales para engordar en los próximos ciclos.

Con menos terneros y novillos disponibles, la hacienda terminada tiende a escasear y los valores en el mostrador quedan expuestos a una suba. Es una consecuencia posible, que dependerá de cuánta hacienda se pierda, de cuánto tarde en retirarse el agua y de cómo se comporte el resto de la oferta del país.

Arroz: menos rindes y peor calidad

La otra mitad de la historia está en los arrozales. Corrientes concentra aproximadamente el 47% de la producción argentina, así que lo que pase en sus chacras define buena parte del resultado nacional. Jorge «Kike» Borsatto, productor y presidente de la Asociación Correntina de Plantadores de Arroz, explicó a este medio que el exceso de agua tiene efectos contrapuestos. Con el cultivo ya implantado, más agua puede aliviar los costos de bombeo del riego por inundación, pero los días nublados y las lluvias frecuentes favorecen los hongos y perjudican la formación del grano.

«En general, los rindes promedio por hectárea en años Niño son inferiores en alrededor de 1.000 kilos», advirtió Borsatto. La calidad también está en juego, y pesa en el bolsillo porque el porcentaje de granos enteros y quebrados incide directamente en el valor de lo que se vende. «Tenemos un problema de mucho grano enyesado, menor calidad de entero, más quebrado. O sea, hay una baja de calidad», describió.

El resultado económico queda en juego aun cuando se ahorre en riego. «Por un lado gastamos menos, pero por otro lado es probable que también tengamos menos ingresos por nuestro producto, al menos a un valor constante o de referencia», resumió el dirigente. Nada está definido todavía. La floración, prevista entre diciembre y enero para buena parte de los lotes sembrados ahora, será el momento clave. «Si por ahí, en ese momento, hay 20 o 30 días de sol y no hay lluvia, ahí la calidad del grano puede ser buena y puede ser que haya buenos rendimientos», indicó.

Una siembra adelantada y una superficie en baja

El temor a las lluvias ya cambió el calendario. Habitualmente la siembra se reparte entre septiembre y octubre, con una parte que se completa en noviembre, pero esta vez muchos productores arrancaron antes. Según los datos de la asociación, entre el 70% y el 80% de la superficie prevista ya estaba sembrada, un avance superior al habitual para esta época. Aun así, los lotes presentaban problemas de emergencia, con nacimientos poco parejos.

Roldán describió las dificultades en el campo. La siembra se demora por falta de piso y por la humedad, y hay quienes recurren a soluciones de emergencia. «Hasta estamos empezando a sembrar al voleo con dron arroz, al no poder meter la sembradora. Terminamos inventando cosas para salir», contó. Para las empresas con campos con monte y sin taipas, la situación es más delicada: «Quien vive de la actividad se pregunta cómo pago los sueldos, cómo sigo».

Los productores también redujeron el riesgo en la elección de lotes. «Si el agua llega a ser una inundación tan grande que tapa la planta, ahí entramos a perder directamente la chacra», explicó Borsatto, por lo que se prioriza el buen drenaje, la cercanía a una ruta y la limpieza de canales y desagües. Si las lluvias abundantes se prolongan hasta marzo, como indican algunos pronósticos, la situación se complicaría. «Si sigue hasta marzo, sería bastante complicado», reconoció.

La superficie viene en retroceso. Para la campaña 2025/26 se registraron unas 96.800 hectáreas en Corrientes, y para 2026/27 la asociación estima alrededor de 90.000, una caída de entre el 7% y el 8%. Borsatto aclaró que el clima no es la única explicación. «Lo que ha hecho disminuir ya en dos campañas consecutivas la superficie fue el problema de precio. Eso se ha venido solucionando en estos últimos meses», afirmó.

Sin faltante, pero con precios en observación

Frente a la pregunta por el abastecimiento, el dirigente fue categórico. «Faltante no, bajo ningún punto de vista. Argentina consume solamente el 60% de lo que produce. El otro 40% se exporta, o sea que hay un excedente permanente y es mucha la diferencia entre el saldo exportable y el consumo interno», explicó. Es decir que, aun con una cosecha menor, el mercado interno tiene cubierta su demanda.

Eso no significa que el precio quede al margen. Borsatto consideró que podría haber alguna variación en los valores de góndola, aunque no anticipó un salto significativo. La cuenta es sencilla de seguir. Hay menos hectáreas sembradas, los rindes podrían ser 1.000 kilos por hectárea más bajos y una porción mayor del grano llegaría quebrada o enyesada, de modo que habría menos arroz de buena calidad para repartir entre la góndola y los mercados externos. Si además las cotizaciones ya venían recuperándose después de dos campañas difíciles, el margen para que los valores bajen es acotado.

Las próximas semanas ordenarán el panorama. El Paraná alcanzaría su pico a fines de noviembre, la floración del arroz se juega entre diciembre y enero, y el momento en que se retire el agua de los campos ganaderos decidirá si el otoño trae rebrote de pasto o un invierno con rodeos flacos.

(iprofesional.com)

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