El recuerdo de “Pirulín”: El Estadio Olímpico, la niñez y la memoria

El Estadio Olímpico de Palpalá no siempre fue lo que vimos esta tarde.

Importante homenaje a «Pirulín» en Palpalá

Acostumbrado al rigor del deporte, al grito áspero de la tribuna y a la lógica del resultado, por unas horas se permitió otra cosa: ser patio, ser escenario, ser abrazo colectivo. La cancha se llenó de chicos. Las tribunas, de familias. El aire, de risa.

El motivo tuvo nombre propio y una memoria que sigue viva en Jujuy: Miguel Oliva, el gran Pirulín, celebrado en un nuevo aniversario de su natalicio, cada 21 de enero. No como un homenaje solemne ni como un acto protocolar, sino como a él le hubiera gustado: con juego, con música, con infancia ocupando el centro.

La tarde avanzó con payasos llegados desde distintos puntos de la provincia, de Salta y de Bolivia. Artistas locales, provinciales e invitados internacionales que transformaron el estadio en un espacio de encuentro popular. A pesar del cielo cambiante, del sonido ambiente y del desorden propio de los eventos vivos, la jornada se sostuvo con una energía contagiosa.

Chicos corriendo por la cancha. Padres observando desde la tribuna. Abuelos sacando fotos. El estadio, por una vez, no separó; reunió.

En diálogo con este medio, Claudia, referente del área de Deportes del municipio, sintetizó el espíritu de la propuesta con una frase simple y contundente:

“Este escenario antes era de algunos. Hoy es de todos los chicos y de las familias”.

Desde el municipio se impulsa el programa Jugando en Verano, una iniciativa que funciona de lunes a viernes por la mañana y que atraviesa su segunda semana con más de 75 niños participando activamente. Juegos, movimiento, actividades recreativas y presencia adulta conforman una propuesta que no improvisa ni subestima a la infancia.

“Los chicos hoy son muy activos, participan en todo, no paran nunca”, explicó Claudia, sorprendida incluso por la intensidad del grupo. La escena lo confirmaba: bailes improvisados, manos levantadas, carcajadas descontroladas. Algunos más inquietos, otros más tranquilos, todos atravesados por la misma adrenalina que aparece cuando el juego es auténtico.

Consultada sobre el cierre de la temporada, señaló que las actividades culminarán a fines de febrero, antes del inicio del calendario carnavalero. “Trabajo hace años en deporte y este año cambiamos la modalidad. La convocatoria es impresionante”, destacó.

Pero el evento no se explicó solo desde la gestión pública. El corazón de la tarde estuvo también en los artistas y organizadores, quienes celebraron la posibilidad de llevar el espectáculo fuera de la capital. “La gente de Palpalá nos pedía que viniéramos. Este lugar es amplio, hermoso, ideal para compartir en familia”, remarcaron desde el escenario, agradeciendo el acompañamiento municipal y el esfuerzo colectivo.

La propuesta incluyó sorteos, premios, golosinas, juguetes y hasta electrodomésticos. No solo participaron los chicos: madres, padres y vecinos se sumaron. Porque cuando el juego es verdadero, nadie queda afuera.

En ese entramado apareció el profesor Nicolás, comunicador y animador infantil, una de las voces que articuló espectáculo y comunicación. Desde su experiencia en radio, celebró la respuesta del público y el vínculo que se genera con la audiencia. “En la radio pasa algo hermoso: los adultos también vuelven a ser chicos”, contó.

Hubo un momento especial cuando el nombre de Pirulín volvió a circular entre micrófonos y conversaciones. No como nostalgia vacía, sino como legado cultural. Como símbolo de una generación educada desde la ternura, el respeto y la risa. “Es lo que me llevó a amar lo infantil”, confesó uno de los protagonistas, con emoción genuina.

La tarde siguió con más artistas, más personajes, más música. Payasas, pomaditas, números en el escenario, chicos ocupando cada rincón disponible. El estadio se fue llenando con el correr de las horas. La comunidad respondió.

Cuando el sol empezó a caer, quedó una certeza compartida: no fue solo un espectáculo. Fue una intervención cultural, una recuperación del espacio público, un acto de memoria colectiva. El Estadio Olímpico dejó de ser solo un estadio y volvió a ser barrio.

En tiempos donde la infancia suele quedar relegada entre pantallas, urgencias y agendas adultas, que un estadio se llene de risa no es un dato menor. Es una señal. Es una toma simbólica. Es cultura popular en acción.

¿Quién fue el payaso Pirulín?

Miguel Oliva, conocido popularmente como el payaso Pirulín, fue una de las figuras más queridas de la cultura infantil jujeña. Durante más de cuatro décadas, cada domingo llenó de risas la Plaza de los Inmigrantes en San Salvador de Jujuy, convirtiéndose en un símbolo de la infancia para generaciones enteras.

Nacido un 21 de enero, fecha que hoy se conmemora como el Día del Payaso Jujeño, Pirulín construyó su legado desde la cercanía, la ternura y el contacto directo con el público. No fue un artista de escenario lejano: fue un payaso de plaza, de barrio, de abrazo y saludo personal.

Su trabajo trascendió cumpleaños, festivales y actos populares, y dejó una huella profunda en la memoria colectiva de la provincia. En 2019 recibió un homenaje en vida con una placa y la denominación de un espacio escénico en la Plaza de los Inmigrantes. Falleció en abril de 2022, a los 86 años, pero su figura permanece viva como referencia indiscutida del arte infantil jujeño.

Hoy, nombrar a Pirulín no es hablar solo de un payaso: es hablar de identidad cultural, de infancia compartida y de una manera amorosa de habitar el espacio público.

Por Nicolás Casas

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