La Tablada fue anoche escenario de una final que tuvo de todo; tensión, pausas dramáticas, episodios de picardía futbolera y, sobre todo, la ineludible sensación de que el destino se escribe con las manos, los pies y los nervios.

En una velada extensa, que pareció devorar las horas hasta asomarse a la madrugada, Gimnasia y Esgrima se consagró campeón del Torneo Clausura “Oscar Zambrano” de la Liga Jujeña de Fútbol al vencer por penales a Fútbol Club Islas Malvinas, tras empatar 1-1 en los 90 minutos reglamentarios.
El duelo, disputado ante un marco colmado y bajo el arbitraje —siempre discutido— de Martín Pereyra, tuvo el pulso de los clásicos locales; no fue un canto al fútbol estético, pero sí una postal de intensidad, orgullo y nerviosismo. Dos equipos capitalinos que dejaron todo en el campo, conscientes de que las finales no admiten la tibieza ni las segundas oportunidades.
El primer golpe lo dio el Lobo a los 30 minutos del primer tiempo. Nahuel Denis, con una definición precisa y serena, abrió el marcador y desató la euforia en la parcialidad albiceleste. Hasta ese momento, la figura que iluminaba el juego era Lautaro “El Toro” Toledo, cerebro y conductor del ataque, dueño de una gambeta elegante y un cambio de ritmo capaz de desacomodar cualquier defensa. Sin embargo, su noche se torció con una expulsión temprana por una acción antideportiva que dejó a Gimnasia con un jugador menos y sumó dramatismo a la historia.
Con el correr de los minutos, el partido se transformó en una batalla táctica. Malvinas, fiel a su esencia combativa y humilde, nunca renunció a su idea. Empujó desde la garra, desde la fe y desde el orgullo de representar a la Zona Sur, donde el fútbol se juega más con el alma que con los botines. Su persistencia tuvo premio a los 34 minutos del complemento, cuando Axel Rivero apareció para igualar el marcador con un grito que retumbó en todo el barrio y renovó las esperanzas del conjunto heroico.
El 1-1 fue un reflejo justo de lo sucedido. Gimnasia jugó con oficio; Malvinas, con corazón. Ambos ofrecieron un espectáculo que osciló entre la táctica y la emoción, bajo un clima de nervios y expectativa que se respiraba en cada rincón del estadio. Y cuando el reloj marcó el final del tiempo reglamentario, la historia se definió desde los doce pasos, ese territorio donde la razón cede paso al instinto.
La tanda de penales tuvo todos los ingredientes del drama, como respiraciones contenidas, miradas al cielo y promesas silenciosas. El primero en ejecutar fue Elías Ábalos, que puso en ventaja a los lobos. Sergio “Yeyo” Nina respondió para Malvinas, manteniendo el equilibrio en la serie. Luego, Quispe convirtió con autoridad para Gimnasia, y en la ejecución decisiva apareció el joven Tiziano Vaca, figura de las fuerzas básicas y símbolo del semillero jujeño, para colocar el 3 a 1 definitivo. Entre medio, el arquero Augusto Subirats se agigantó bajo los tres palos: detuvo dos remates con reflejos felinos y se convirtió en el héroe absoluto de la noche.
La victoria desató un carnaval albiceleste en La Tablada. Jugadores, cuerpo técnico y simpatizantes celebraron con euforia la obtención del título, que les otorga además el derecho a disputar la final anual “Oscar Zambrano” frente a Talleres. El festejo se extendió hasta entrada la madrugada, entre abrazos, lágrimas y banderas que flameaban en la fría noche capitalina.
Malvinas, por su parte, se marchó con la frente en alto. Cerró un año “fabulantástico”, como diría cierta animadora infantil mexicana, consolidándose como uno de los grandes animadores de la Liga Jujeña. Su crecimiento deportivo, su identidad barrial y su temple competitivo lo posicionan como un proyecto que merece continuidad.
Para Gimnasia, el título es un nuevo capítulo en su rica historia local, un logro cimentado en el oficio, el carácter y la fe de un plantel que supo sufrir y reaccionar en los momentos más críticos.
Para Malvinas, la derrota duele, pero deja enseñanzas y reconocimiento. Porque en el fútbol jujeño, donde la pasión no entiende de categorías, esta final quedará como un recuerdo de entrega, de orgullo y de ese amor infinito por la camiseta.
La noche fue larga, interminable, y cuando el pitazo final quedó atrás, el cielo jujeño se tiñó de albiceleste. Gimnasia volvió a ser campeón. Malvinas, el rival que nunca se rindió, se llevó el aplauso. Y La Tablada, una vez más, fue testigo de que el fútbol de esta tierra todavía vibra con la épica de lo genuino.
Estadio: La Tablada (San Salvador de Jujuy)
Resultado final: Gimnasia y Esgrima 1 – 1 Fútbol Club Islas Malvinas (Gimnasia ganó 3-1 por penales)
Goles: 1er tiempo: 30’ Nahuel Denis (Gimnasia y Esgrima); 2do tiempo: 34’ Axel Rivero (Malvinas)
Definición por penales:
Gimnasia y Esgrima: Elías Ábalos (convertido), Quispe (convertido), Tiziano Vaca (convertido, penal decisivo)
Fútbol Club Islas Malvinas: Sergio “Yeyo” Nina (convertido) Árbitro: Martín Pereyra

Por Nicolás Casas
