“El Lobo no se rinde jamás”

Dicen los hinchas de Gimnasia y Esgrima de Jujuy que no se goza: se sufre y se goza. Y este miércoles en el estadio Padre Ernesto Martearena esa sentencia volvió a escribirse con sangre, sudor y lágrimas.

Por apenas doce pasos, por una definición desde los doce metros que paralizó corazones, el Lobo jujeño eliminó a Central Córdoba de Santiago del Estero por 5 a 4 en los penales, tras igualar 2 a 2 en los 90 minutos reglamentarios y avanzó a una nueva instancia de la Copa Argentina.

El escenario fue hostil. Organización floja, tribunas mezcladas, clima espeso y un terreno que parecía inclinarse hacia el “local” santiagueño. Pero Gimnasia llegó igual. Como pudo. Como siempre. Con su gente, con su historia y con esa mística que no se compra ni se negocia.

El partido comenzó cuesta arriba. Central Córdoba golpeó primero y se puso en ventaja con el tanto de Yacobelis, empujado por la presión constante de Vera. El Ferroviario parecía imponer condiciones, pero el Lobo no bajó la cabeza. En el primer tiempo apareció Maximiliano Casa para clavar el empate 1 a 1 y devolverle el alma al equipo jujeño.

En el complemento, cuando el aire pesaba y los minutos se hacían eternos, Mauro Cachi desató el grito sagrado: 2 a 1 para Gimnasia. Ilusión, desahogo, locura. Pero Central Córdoba no se entregó y fue por todo. Encontró el 2 a 2 y llevó el partido al límite máximo: la lotería de los penales, donde no juegan las piernas sino el carácter.

Cara o cruz. Verdad o tragedia. Y ahí apareció el corazón albiceleste.

Para Gimnasia convirtieron Gallardo, López, Paradela, Cachi y Lazarte. Cada ejecución fue un acto de fe. Del lado santiagueño marcaron Maciel, Veral, Aguirre y Santos, pero Yacobelis falló su disparo. Ese error fue el pasaporte a la gloria jujeña.

Se le ganó al equipo de Pablo Toviggino, uno de los favoritos de la AFA y con una localía tan dudosa como el arbitraje. Pero se le ganó donde se gana de verdad: en la cancha. Sin excusas, sin atajos, sin escritorio. Con fútbol, con coraje y con alma jujeña.

Después del grito final, cuando los penales dejaron de temblar y el estadio quedó en silencio, Gimnasia caminó despacio hacia su gente. No hubo soberbia. Hubo alivio. Hubo justicia. Hubo un equipo que entendió que las epopeyas también se celebran en calma.

El Lobo no necesitó micrófonos ni favores. Necesitó once jugadores con convicción y una provincia entera latiendo detrás. Y eso alcanzó.

La noche quedó para la historia. No por el escándalo, sino por la dignidad. No por la polémica, sino por la valentía. Gimnasia avanzó en la Copa Argentina con la frente alta, dejando un mensaje claro: a los poderosos también se les gana jugando.

Y mientras Santiago del Estero se apagaba lentamente, Jujuy encendía otra estrella íntima. De esas que no se ven en los trofeos, pero que quedan para siempre en la memoria del hincha.

Porque el Lobo no solo pasó de ronda. El Lobo se hizo respetar.

Gimnasia y Esgrima de Jujuy está de pie. Y sigue soñando.

Por Álvaro Santillán – Especial para Las 24 Horas de Jujuy

(Fotos: Prensa Oficial Gimnasia y Esgrima de Jujuy)

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