El “Emperador del Relato”: Julio César José, voz inmortal del norte argentino

En una tierra donde el fútbol no es simplemente un deporte, sino una religión cotidiana, donde la radio aún vibra como el nervio más sensible del alma popular, hay voces que atraviesan generaciones y que, lejos de extinguirse con el paso del tiempo, se vuelven leyenda.

En el norte argentino, una de esas voces lleva nombre y apellido, y su resonancia no se limita al éter: se inscribe en la memoria colectiva de quienes alguna vez escucharon un gol gritado desde la garganta profunda de la pasión.

Julio César José, conocido con justicia como el Emperador del Relato, es más que un ícono de la radiofonía deportiva: es el eco noble de una época dorada, el maestro silencioso de muchos jóvenes que hoy levantan el micrófono con los sueños intactos.

En ocasión del reciente encuentro entre Central Norte y Gimnasia y Esgrima de Jujuy, en el mítico estadio 23 de Agosto, tuve el privilegio —y el estremecimiento emocional— de conversar con él. Esta no fue una entrevista más. Fue, lo confieso, una cátedra de humildad, una lección viva de humanidad y de amor absoluto por el oficio. Un instante íntimo que me atrevo a compartir con ustedes, no como periodista, sino como discípulo del aire.

Maestro. Leyenda. Ídolo del norte argentino. ¿Cómo se encuentra, Emperador?

Julio César José: Muy bien, querido. Es un placer hablar con vos. Y qué hermoso es saber que mi voz te acompañó en tu infancia, cuando escuchabas la radio con tus abuelos. Esas cosas emocionan. Uno relata con el alma, pero no siempre sabe a dónde llegan esas palabras. Y cuando alguien te lo dice con el corazón en la mano, como vos ahora, uno se da cuenta de que todo valió la pena.

Usted marcó un antes y un después en la radiofonía deportiva de Jujuy. ¿Qué significa hoy, con tantos años al aire, seguir siendo una referencia para las nuevas generaciones?

Julio César José: Significa una enorme responsabilidad. Ser referente no es una decisión personal; es un lugar que te otorga la gente. Y cuando lo hace, hay que honrarlo con trabajo, con respeto y con coherencia. Yo nunca relaté por fama ni por dinero. Relaté —y todavía lo hago— por amor puro al fútbol, a la radio, a la palabra. Y saber que vos, siendo joven, elegiste este camino en parte porque me escuchaste… es el mejor reconocimiento que uno puede recibir.

¿Cómo eran aquellos tiempos en el viejo estadio 23 de Agosto, con cabinas de chapa, sin señal, con apenas lo justo?

Julio César José: ¡Ah, qué tiempos aquellos! Éramos felices con lo mínimo. Relatábamos con una radio a pilas, en una cabina de madera que crujía con el viento jujeño. Pero ahí adentro sucedía algo mágico. Se respiraba fútbol, pasión, entrega. Hoy tenemos otras comodidades, pero si falta alma, falta todo. Porque la voz puede salir en alta definición, sí, pero si no late el corazón detrás de ella… no llega a nadie.

¿Qué siente al ver cómo ha cambiado todo con la llegada del streaming, las redes sociales, la inmediatez?

El mundo cambió, y eso no se discute. Pero la esencia del relato sigue siendo la misma: contar una historia en tiempo real, pintar con palabras, lograr que el oyente vea con los oídos. La tecnología puede ayudar, pero jamás podrá reemplazar el alma del relator. Hay que adaptarse, sí, pero sin perder nunca la identidad.

¿Qué consejo le daría a quienes hoy quieren ser relatores, en un tiempo donde muchos creen que con un micrófono y un celular ya es suficiente?

Que estudien. Que lean. Que escuchen a los grandes. Que vayan a la cancha. Que huelan el pasto. Que se mojen con la lluvia y conozcan las historias de los clubes y de los barrios. Relatar no es decir nombres ni repetir jugadas. Relatar es narrar emociones, es pintar jugadas con palabras, es convertir segundos en eternidad. Si no llevás pasión en la garganta, mejor no abras el micrófono.

¿Tiene algún recuerdo que lleve marcado en la piel? ¿Un relato que haya quedado en la historia de su carrera?

Muchos. Pero siempre vuelvo a esos años gloriosos en Radio Nacional 790 AM, con Añazgo, Sappag, Carrizo… ¡qué equipo aquel! Todos de primera, experimentados, apasionados. Recuerdo que competíamos cabeza a cabeza con LW8, que en ese entonces tenía a Francisco “Pancho” Dalal. Nosotros transmitíamos desde el alma, y eso se transformaba en imagen para el oyente. Eso es el verdadero relato: ser los ojos de quien escucha. Ser la piel del que no está ahí, pero lo siente todo.

¿Y si pudiera hablarle al joven Julio César José, al que empezó con un grabador y una libreta?

Julio César José: Le diría: aguantá, pibe. Que el camino será duro, que habrá noches frías, micrófonos cerrados, decepciones. Que la salud te va a jugar malas pasadas. Pero también le diría que no abandone. Que mientras haya un balón rodando y un oyente atento, su voz seguirá viva. Porque si algún día dejara de relatar… creo que ahí sí, ya no estaría de este lado.

Un adiós hasta pronto

Al despedirnos, me estrechó la mano con una fuerza serena, como quien traspasa un testigo invisible. En sus ojos, cabían cientos de partidos, miles de goles relatados, madrugadas enteras de preparación, derrotas, glorias, transmisiones a pulmón y el amor eterno por un micrófono que jamás se le cayó de las manos.

Me fui con la certeza más luminosa: el relato deportivo no es solo un oficio. Es una forma de estar en el mundo, de contar lo que pasa con el alma abierta, de acompañar a los que escuchan en la soledad de un colectivo, en la radio de la cocina o bajo la lluvia de un potrero.

Julio César José no es simplemente un relator: es la escuela que nunca cerró sus puertas. Es faro en las nieblas modernas, brújula de una profesión que no debe olvidar nunca que sin alma, no hay historia.

Y mientras las tribunas se llenen, mientras una pelota ruede sobre el césped de cualquier rincón de esta patria futbolera, habrá un joven —o no tan joven— que pondrá un auricular y oirá la voz de sus maestros. Esa voz que no se calla. Esa voz que no muere. Porque cuando el relato nace desde el corazón, queda para siempre.

Por Nicolás Agustín Casas

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