El pasado encuentro entre Gimnasia y Esgrima de Jujuy y Deportivo Madryn, correspondiente al torneo oficial organizado por la AFA, quedó marcado por un hecho que excede lo deportivo y expone, una vez más, las inconsistencias y abusos que pueden surgir cuando quienes deben impartir justicia se desvían de su deber.

El árbitro Lucas Comesaña decidió suspender el partido al término del primer tiempo, alegando una serie de amenazas y situaciones de inseguridad, dejando sin reanudación un encuentro en el que su accionar, desde el inicio, fue visiblemente tendencioso.
En su informe, Comesaña justifica su decisión argumentando que los incidentes comenzaron antes del pitazo inicial, cuando un alcanza pelotas menor de edad lo habría insultado. Sin embargo, el propio reglamento de la AFA establece que, ante este tipo de conducta, el árbitro solo debe solicitar su retiro, elevar el hecho en su informe y mantener siempre la calma y la conducta profesional.
No se menciona en su descargo que haya aplicado estas medidas básicas. Tampoco hay constancia de que haya informado al delegado del Club para que el menor fuera retirado, como exige la normativa. Este punto ya representa una falla procedimental grave.
A lo largo del primer tiempo, la actuación arbitral fue, como mínimo, polémica. Decisiones reiteradamente desfavorables a Gimnasia de Jujuy, como la omisión de un penal evidente, la aplicación arbitraria de tarjetas amarillas, y un criterio desigual en la evaluación de infracciones, generaron un ambiente de creciente malestar en jugadores, cuerpo técnico y simpatizantes.
No se trató de errores aislados, sino de una clara falta de imparcialidad, lo cual está penado por el Reglamento del Tribunal de Disciplina Deportiva de AFA, que habilita a sancionar a los árbitros que incurren en negligencia manifiesta, conducta antideportiva o tendenciosa.
Finalizado el primer tiempo, Comesaña decidió no salir a disputar la segunda mitad, argumentando que no existían garantías de seguridad. Alega lanzamiento de proyectiles desde la tribuna local y supuestos golpes en el túnel, además de amenazas verbales, particularmente una que habría proferido el secretario del Club, Leandro Meyer, dentro del vestuario.
Si tales amenazas existieron, deben ser investigadas y sancionadas, como corresponde. Sin embargo, el procedimiento también exige que, antes de suspender el partido, el árbitro consulte con el jefe del operativo de seguridad para determinar si realmente no hay condiciones para continuar. Nada de esto se detalla en el informe del árbitro.
La situación resulta más confusa aún con la intervención del inspector de AFA, Gustavo Licursi, quien relata que el presidente del Club, Walter Morales, protestó en varias decisiones durante el primer tiempo. Según el informe, fue el propio presidente quien pidió al secretario que hablara con los árbitros en el entretiempo. Este tipo de intervenciones son comunes, aunque no deseables, en un contexto donde la autoridad arbitral debe imponer orden desde el inicio. Pero el árbitro eligió no sancionar ni controlar estas situaciones dentro del campo, dejando crecer un clima que luego utilizó como justificación para suspender el partido.
La suspensión no fue una reacción a un hecho puntual, sino la culminación de un arbitraje desequilibrado, permisivo con un equipo y severo con otro y de una sospechosa falta de voluntad para reanudar el juego, que perjudica directamente al equipo local, sus jugadores, su cuerpo técnico, su hinchada y, sobre todo, la transparencia del fútbol argentino.
Ante esta cadena de hechos, el Club Gimnasia de Jujuy tiene la potestad de presentar un reclamo formal ante AFA, solicitando una revisión del informe arbitral, aportando videos, testimonios, y antecedentes que demuestren la parcialidad de Comesaña y la falta de aplicación correcta del reglamento. El árbitro puede, y debe, ser evaluado por el Departamento de Arbitraje, y si se confirman las irregularidades, ser suspendido, desprogramado o incluso expulsado del sistema, tal como lo establece la normativa vigente.
Lo que está en juego no es solo un resultado o tres puntos: es la credibilidad de un campeonato, el respeto al reglamento y la dignidad de quienes compiten dentro de las reglas. Cuando un árbitro convierte su autoridad en un instrumento de perjuicio, no solo daña a un equipo, si no que lesiona la esencia misma del fútbol como deporte justo y transparente.

Autor: Dr. Pablo Martínez
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