El Ascenso en la penumbra: Cuando el negocio de unos pocos apaga el sentimiento de todos

La televisación del fútbol de ascenso argentino ha ingresado en un laberinto de desidia e improvisación que expone, como nunca antes, las posturas de la AFA.

Bajo la gestión de Claudio “Chiqui” Tapia y su lugarteniente Pablo Toviggino, el ascenso no es prioridad: es moneda de cambio. Mientras los clubes del interior y los históricos de Buenos Aires navegan en un mar de incertidumbre económica, la cúpula dirigencial se dedica a revolear cifras infladas y a filtrar ofertas fantasmas, dejando a las categorías —desde la Primera Nacional hacia abajo— en un limbo mediático que huele a sentencia financiera.

Hace semanas, la calle Viamonte ensayó una de sus típicas maniobras de distracción: exigir la cifra astronómica de U$S 72 millones por los derechos de televisación. Un número que no resiste el menor análisis de mercado y que nació muerto, destinado más a alimentar el ego de los titulares oficialistas que a concretar un negocio real. El cachetazo de la realidad fue inmediato; la pretensión bajó a U$S 24 millones, pero con el manotazo de ahogado de fragmentar el paquete en tres (TV paga, TV abierta y streaming). Lo que intentan vender como “modernización” no es otra cosa que desesperación y falta de plan.

TyC Sports, el socio histórico que conoce los pasillos de cada estadio del país, puso los pies sobre la tierra con una oferta de U$S 8 millones. La brecha es obscena. Demuestra que existe un abismo entre el país que imagina Tapia desde un palco y la realidad de un ascenso que hoy es económicamente inviable bajo estos términos. Mientras tanto, el inicio de los torneos se convierte en un jeroglífico; reprogramaciones constantes, clubes que no pueden cerrar presupuestos y una pantalla que, por ahora, solo devuelve estática.

Para sumar confusión, el oficialismo echó a rodar el bluff del Grupo Octubre. Una maniobra de manual para intentar presionar al histórico tenedor de los derechos y simular una competencia que el mercado sabe inexistente. Es el patrón recurrente de esta gestión; inflar el globo hasta que estalla, mientras los clubes y la afición pagan el costo de la timba mediática.

Ante este vacío de poder y transmisión, la pasión se refugia en la periferia. Allí donde la AFA abandona, los medios partidarios y los streamings locales resisten. Es para sacarse el sombrero ante proyectos como Tiempo de Cancha o Jauka Sports cubriendo a Gimnasia de Jujuy, o la resistencia de La Voz de All Boys, El Equipo en Blanco y Negro, La Caravana de del Albo  y las plataformas que siguen la ruta de San Martín de Tucumán. Estos equipos de trabajo han logrado algo que la burocracia de Viamonte olvidó; la cercanía con el hincha. Con una mística que remite al histórico Domingol, cuando el fútbol se relataba con el corazón en la mano frente al cerrojo del codificado, estos streamings democratizan la imagen y la pasión.

Es una ironía del destino, mientras Tapia y Toviggino juegan al póker con cartas marcadas y cifras de siete dígitos, los clubes y los hinchas dependen de la tecnología autogestionada para no quedar en la oscuridad. La opacidad de las negociaciones de la AFA contrasta con la transparencia de estos medios, que, con recursos limitados pero pasión profesional, se han convertido en la única válvula de escape para un ascenso que el oficialismo tiene en jaque.

Los medios partidarios cumplen además una doble función; acercan a los hinchas que no pueden asistir a la cancha y generan cobertura neutra dentro del ámbito local. Son la auténtica defensa del relato del ascenso, un refugio para los equipos y los hinchas neutrales que buscan seguir a sus clubes sin los filtros y condicionamientos de los grandes grupos mediáticos. Allí se cuenta la historia de cada gol, de cada derrota, con la cercanía y el detalle que los cronistas de Domingol habían convertido en tradición.

El escenario actual es un cúmulo de interrogantes que quema: ¿Existe realmente la billetera de Octubre o es puro humo para ganar tiempo? ¿Se resignará el ascenso a una cobertura mínima y precaria? ¿Podrán TyC/Clarín y los grandes grupos mantener su control mientras los clubes y sus hinchas buscan autonomía? Cada duda apunta a un mismo responsable; una conducción que ha hecho de la improvisación su marca registrada.

El fútbol de ascenso se enfrenta a su peor pesadilla. No es solo una crisis de pantalla, es una crisis de identidad y respeto. Mientras la AFA sigue prometiendo espejitos de colores, los medios partidarios toman la posta de la narrativa. Lo que antes dependía de cifras millonarias y contratos opacos hoy se sostiene gracias al ingenio, la cercanía y la pasión de quienes entienden que el fútbol es mucho más que un negocio; es sentimiento popular. Gimnasia de Jujuy, All Boys, San Martín de Tucumán y otros clubes descubren que su relato ya no está en manos de quienes prometen y nunca cumplen, sino de quienes construyen día a día un puente real entre el club y su hinchada.

Hoy, las hipótesis se amontonan como un partido suspendido por lluvia: cifras infladas que nadie paga, bluff mediáticos para presionar, promesas de pantalla que se desvanecen y un calendario que avanza mientras los clubes rezan por un contrato que les permita sostener el plantel y mantener viva la ilusión de sus hinchas. Tapia y Toviggino continúan su juego de apariencias, mientras quienes realmente aman el fútbol construyen soluciones con pasión y profesionalismo.

Y la pregunta que queda flotando, potente, para cada lector, dirigente e hincha: ¿Hasta cuándo seguirá el fútbol de ascenso pagando el costo de la soberbia y el marketing personal de quienes deberían protegerlo, mientras los verdaderos protagonistas de la pasión se ven obligados a tomar la posta?

Por: Nicolás  Agustín Casas

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