Nota de opinión por Agustín Aguilera Aquino.

«En el laberinto de la educación pública, donde las aulas deberían ser templos del saber, nos encontramos con una encrucijada moral: ¿estamos realmente garantizando un derecho fundamental o, por el contrario, perpetuando un sistema de adoctrinamiento disfrazado de enseñanza?
Los gremios docentes, cual cancerberos de un reino decadente, se han aferrado a las instituciones educativas, transformándolas en trincheras ideológicas donde se libra una batalla por el control de las mentes jóvenes.
Mercedes Sosa, del CEDEMS Jujuy, emerge como una voz que clama por la defensa de una educación técnica supuestamente amenazada. Sin embargo, su discurso revela una verdad incómoda: la verdadera amenaza no proviene de las políticas gubernamentales, sino de la propia izquierda, que ha convertido la educación en un instrumento de poder y propaganda.
La educación pública, que debería ser un faro de libertad y pensamiento crítico, se ha transformado en un negocio lucrativo para unos pocos privilegiados. Los gremios docentes, en lugar de velar por la excelencia académica, se dedican a proteger sus propios intereses, perpetuando un sistema que premia la mediocridad y castiga la innovación.
Como bien señalaron individuos anónimos que han recorrido los senderos de la educación privada en todas sus etapas, desde la infancia hasta la adultez, el discurso adoctrinador de la educación pública ha perdido toda credibilidad.
Sus experiencias personales son un testimonio elocuente de que existen alternativas válidas y que la educación estatal no es la única vía hacia el éxito.
La pregunta que debemos plantearnos es si estamos formando ciudadanos capaces de discernir, analizar y cuestionar, o si simplemente estamos creando autómatas ideologizados, programados para repetir consignas y obedecer órdenes. ¿Estamos garantizando un derecho a la educación o perpetuando un sistema de adoctrinamiento que socava la libertad de pensamiento y la autonomía individual?
Es hora de que la sociedad despierte de su letargo y exija una educación pública de calidad, liberada de las garras del adoctrinamiento y enfocada en el desarrollo integral de los estudiantes. Basta de gremios corruptos que se enriquecen a expensas del futuro de nuestros jóvenes. Basta de discursos vacíos que solo buscan perpetuar el statu quo.
Es hora de que la educación pública deje de ser un rehén de los gremios y se convierta en un verdadero derecho para todos, un derecho que promueva la libertad, la creatividad y el pensamiento crítico.
En este divague de la educación pública, donde los payasos del adoctrinamiento bailan al son de la mediocridad, es imperativo desenmascarar la farsa y exigir un sistema que realmente eduque, que inspire, que libere. ¡Basta de curros, basta de gremios! Este hartante, empalagoso y reiterativo y mediocre deja vu… ¡que de una vez por todas tiene que finalizar!
