Dos clubes y una vergüenza provincial: La espalda de Jujuy y el aliento a un modelo que asfixia al fútbol argentino

Hay decisiones que no se olvidan, porque no son simples movimientos dirigenciales, son gestos que hieren.

 Lo ocurrido con Talleres de Perico y con Sociedad Tiro y Gimnasia de San Pedro no es una anécdota administrativa sino una señal inequívoca de que, en algunos rincones del fútbol jujeño, la brújula moral se ha extraviado peligrosamente.

Porque mientras gran parte del interior clama por un fútbol más justo, más equilibrado y menos subordinado, estos dos clubes optaron por entregar un respaldo inexplicable al unitarismo centralista y a la tiranía institucional que propone la AFA bajo la conducción de Claudio Tapia y Pablo Toviggino. Y ese respaldo, por más que quieran maquillarlo de estrategia o necesidad, es un golpe bajo a la dignidad provincial.

Lo de Talleres de Perico, especialmente, duele más de lo que escandaliza. No por lo que son hoy, sino por lo que representaron alguna vez. Talleres supo ser sinónimo de empuje del interior, de resistencia norteña, de identidad propia. Hoy parece reducido a un eco obediente, un Club que en vez de defender los intereses de Jujuy prefiere aferrarse a los hilos del poder central como si allí estuviera la salvación y no la condena. Y digo “eco obediente” porque la actitud no revela convicción sino temor; no estrategia, sino alineamiento automático; no dignidad, sino debilidad. Hay clubes que luchan su ascenso con trabajo, esfuerzo y mérito. Y hay otros que prefieren acercarse al calor de quienes reparten privilegios a discreción. Lamentablemente, Talleres eligió lo segundo.

Y aquí aparece la primera herida abierta: ¿cuándo dejó Talleres de Perico de ser una institución jujeña para convertirse en un satélite político de quienes gobiernan la AFA? Esa pregunta queda flotando, incómoda, punzante, imposible de responder sin sonrojarse. Porque si defender los colores de una provincia significaba alguna vez mirar de frente a quienes manejan el fútbol con criterios unitarios, hoy pareciera que el Club periqueño renunció a esa responsabilidad. Y al hacerlo, no solo se arrodilló ante un esquema dirigencial cuestionado en todo el país: también terminó dando la espalda a su propia gente.

En el caso de Sociedad Tiro y Gimnasia de San Pedro, el golpe es menor, pero no deja de ser profundo. Su adhesión al mismo modelo institucional de AFA confirma que hay sectores del fútbol jujeño que todavía creen que el silencio es una forma de progreso. Pero no lo es. No lo ha sido nunca. No lo será jamás. Porque cuando la dirigencia provincial no se atreve a cuestionar al poder central, entonces queda claro que no defiende a su club, ni a su pueblo, ni a su provincia: apenas defiende su supervivencia dentro de un sistema que premia la obediencia y castiga la autonomía.

Y mientras tanto, Tapia y Toviggino siguen construyendo un aparato de poder que se sostiene no por legitimidad sino por conveniencia. Cada gesto, cada discurso, cada asamblea, cada maniobra, va en la misma dirección: perpetuarse. Y lo más grave no es la reelección perpetua; lo más grave es la erosión sistemática de la institucionalidad. El fútbol argentino no está muriendo; la AFA lo está llevando lentamente a terapia intensiva. La diferencia es sutil, pero brutal. Porque lo que agoniza no es el deporte, sino las reglas que lo sostienen. Y ante esa crisis, ¿qué hicieron Talleres de Perico y Tiro y Gimnasia? Acompañaron. Endosaron. Respaldaron. Miraron para otro lado mientras el edificio se cuartea. ¿De qué lado de la historia quieren quedar estos clubes?

La pregunta no busca herir, sino despertar. Porque lo que se está discutiendo no es un torneo, un consejo federal o un posicionamiento coyuntural. Lo que se discute es el futuro del fútbol jujeño: si seguirá siendo un actor del interior con voz propia, o si quedará reducido a un espectador disciplinado del poder central.

La dirigencia de AFA repite discursos épicos, pero sus actos son más cercanos a la concentración del poder que a la construcción colectiva. Las provincias aparecen sólo cuando conviene. El interior es mencionado únicamente en los discursos de ocasión. El federalismo es declamado, jamás practicado. Y las instituciones que se alinean sin cuestionar —como Talleres de Perico— se vuelven cómplices de una estructura que no promueve méritos, sino favores; no impulsa crecimiento, sino dependencia; no fortalece al fútbol, sino a quienes lo manipulan.

Por eso, como jujeños, duele.

Por eso, como periodistas, indigna.

Por eso, como amantes del fútbol, alarma.

Por eso, como ciudadanos, no puede pasar inadvertido.

Y aquí la reflexión que no puede silenciarse más: si la AFA continúa bajo el mismo esquema de conducción, el fútbol argentino no será víctima del paso del tiempo, sino de quienes lo administran como un reino personal. No será una muerte natural: será una muerte anunciada, lenta, evitable, pero conveniente para algunos.

Jujuy merece más que clubes disciplinados.

Merece instituciones valientes.

Merece dirigentes con criterio.

Merece un fútbol que no se arrodille ante ningún poder.

Y merece, sobre todo, no volver a sentir la vergüenza que causaron Talleres de Perico y Tiro y Gimnasia de San Pedro al darle la espalda a su propia tierra.

Porque el interior no nació para ser obediente.

Nació para ser digno.

Y la dignidad, incluso cuando parece estar en silencio, siempre encuentra la forma de volver a hablar.

Por: Nicolás Casas

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