Día del Periodista Deportivo: “Voces que trascienden la cancha”

Se trata Viviana Vila, Juan José “Pato” Arrieta, Francisco Romero y Nicolás Agustín Casas, en el Día del Periodista Deportivo.

Ser un periodista deportivo significa dedicarse profesionalmente a informar, analizar y narrar todo lo relacionado con el deporte.

Son esas personas quienes tiene un conocimiento profundo de los deportes, esa capacidad de narrar y explicar jugadas o contextos, cuentan con una rapidez para informar en vivo.

Poseen una claridad para escribir y comunicar, además del manejo de datos, estadísticas y tendencias, sin olvidar su ética profesional y objetividad.

Viviana Vila

Hablar de Viviana Vila es hablar de una mujer que abrió caminos donde antes había muros. De una voz que se atrevió a irrumpir en un espacio que, durante años, se creyó exclusivo de los hombres. Su llegada a las cabinas no fue un acto de azar, sino de convicción. En aquellos días, cuando el eco del estadio era casi todo masculino, ella eligió no callar.

“Cuando yo empecé —recuerda—, la sorpresa de los colegas era inmediata. Algunos no sabían si felicitarme o cuestionarme. Había desconcierto, pero también curiosidad. Y yo sabía que tenía que sostenerme con trabajo, con preparación, con convicción. No bastaba con tener una buena voz: había que tener algo que decir”.

Viviana, con el paso de los años, fue moldeando un estilo propio. Cada transmisión suya es una lección de respeto, precisión y sensibilidad. “El sonido de la consola, el olor del estudio, la expectativa antes de salir al aire… todavía me sigue pasando —confiesa— Y eso es lo más hermoso del oficio: que la pasión no se oxida”.

Su mirada sobre el presente del periodismo deportivo es lúcida y firme. “Hoy el desafío es sostener la ética en medio de tanta velocidad. Hay mucho ruido, muchas voces simultáneas. Pero la diferencia sigue estando en la profundidad. Ser periodista no es opinar: es observar, comprender y transmitir. La información sin sensibilidad es solo ruido; la emoción sin rigor es puro espectáculo”.

A lo largo de su carrera, Vila no solo relató historias: las habitó. Puso su voz en los estadios, pero también su corazón en las causas que creía justas. “Me tocó abrir puertas —dice con una sonrisa pausada—, pero esas puertas ya no me pertenecen. Le pertenecen a las chicas que hoy relatan, que opinan, que preguntan. Si ellas pueden hacerlo sin pedir permiso, entonces todo valió la pena”.

Juan José “Pato” Arrieta

En el norte argentino, Juan José “Pato” Arrieta es más que un relator. Es una institución oral, una memoria viva de la radio que aún vibra en los viejos transistores y en las nuevas plataformas. Su voz, profunda y clara, se reconoce como se reconoce una canción que marcó una época.

“El relato —dice con tono sereno— es emoción pura. Pero no se trata de gritar más fuerte, sino de sentir más hondo. Si uno no vibra con lo que cuenta, el oyente lo nota. Y si el oyente no siente nada, entonces no hicimos bien nuestro trabajo”.

Su historia podría escribirse a través de kilómetros recorridos, partidos relatados y madrugadas compartidas con la audiencia. Viajó por los pueblos del interior, narró en estadios vacíos y en canchas embarradas, y supo que, aun sin cámaras, una buena narración podía encender la imaginación del oyente. “Había que imaginarlo todo. No teníamos redes, ni repeticiones. El desafío era lograr que alguien, desde su casa, pudiera ver el gol solo con la fuerza de tu palabra”.

Arrieta reflexiona con madurez sobre el presente: “La gente necesita volver a confiar en la palabra. No todo puede ser inmediatez o polémica. La credibilidad se construye con años, pero se pierde en segundos”.

Para él, el periodismo deportivo es también una herramienta educativa. “Cuando uno relata, enseña sin darse cuenta. Enseña respeto, enseña amor por el juego, enseña que se puede ganar sin humillar y perder sin renunciar. No somos solo narradores: somos formadores de sensibilidad colectiva”.

Sus palabras finales suenan a herencia profesional: “El día que el fútbol deje de emocionarme, ese día apago el micrófono. Pero todavía me sigue temblando la voz con cada gol. Así que, por ahora, sigo al aire”.

Francisco Romero

Con la serenidad de un profesor y la claridad de un filósofo del deporte, Francisco Romero representa la mirada reflexiva y pedagógica del oficio. Su carrera lo ha llevado del aula a la cabina, del comentario técnico al análisis social. Cree que el periodismo deportivo no se mide por los resultados, sino por la comprensión de lo que hay detrás de ellos.

“El fútbol es un espejo de lo que somos como sociedad —explica—. En la cancha se ven nuestras virtudes y nuestros defectos, nuestra pasión y nuestra intolerancia. El periodista no puede ser ajeno a eso: tiene que entender lo que está viendo, y contarlo con la honestidad que merece el oyente”.

Romero insiste en la formación constante. “El periodismo sin lectura es solo ruido. Hay que leer, estudiar, entender el juego en todas sus dimensiones. Un buen periodista no se forma en los aplausos, sino en la curiosidad”.

Sostiene que la independencia es un valor que no se negocia. “El periodismo deportivo no debe ser fanatismo ni propaganda. Tiene que ser puente entre la emoción y la verdad. Y esa verdad, a veces, incomoda. Pero si callamos lo que sabemos, traicionamos lo que somos”.

Humilde, evita el protagonismo: “Los periodistas no somos las estrellas. Los protagonistas son los deportistas, los clubes, la gente que siente. Nosotros somos el hilo invisible que une todo eso. Si ese hilo se corta por ego, se pierde el sentido del oficio”.

Y antes de cerrar, deja una sentencia que bien podría enseñarse en las facultades de comunicación: “El buen periodista no busca ser el primero, busca ser el más justo. En tiempos de gritos, la palabra serena vale el doble”.

Nicolás Agustín Casas

Y entonces llega la voz más joven, la que irrumpe con energía, con sensibilidad y con un compromiso que sorprende por su madurez. Nicolás Agustín Casas tiene 27 años y una década de trayectoria. En ese corto —pero intenso— recorrido, ya dejó claro que su lugar en el periodismo deportivo no es casualidad, sino consecuencia de una vocación que se convirtió en vida.

Su historia empieza en los potreros de San Salvador de Jujuy, entre una pelota y un micrófono improvisado. Desde chico comprendió que el relato no era simplemente narrar goles, sino darle forma a la emoción. “Siempre sentí —dice— que detrás de cada partido hay algo más grande: el barrio, los sueños, la gente que no baja los brazos. Eso es lo que me gusta contar”.

Casas une dos mundos: el arte y la comunicación. Su formación en teatro musical, canto y actuación —en la Escuela de Comedia Musical Lumen Art— le otorgó un dominio corporal y expresivo que hoy distingue su estilo. “Relatar es actuar con verdad. Cada gol tiene un personaje, cada derrota tiene una historia”.

Durante estos años relató fútbol, básquet, vóley y boxeo, y en todos esos terrenos dejó su sello. No busca el aplauso, busca la conexión. “No me interesa ser famoso. Me interesa ser recordado por lo que transmití, no por lo que dije”.

Comprometido con el fútbol del interior, defendió a Gimnasia y Esgrima de Jujuy y a Altos Hornos Zapla con la misma pasión con la que defiende la verdad periodística. No teme confrontar. “No soy neutral ante lo injusto. Prefiero equivocarme por decir la verdad que acertar por callar”.

A diferencia de muchos de su generación, no se deja llevar por el vértigo de las redes. “Me gusta el olor a cabina, el sonido del hincha, la lluvia golpeando el vidrio. El periodismo no se hace desde una aplicación: se hace desde el alma”.

Recuerda con emoción aquel relato entre All Boys y Güemes, cuando el gol lo encontró llorando. “Ese día entendí que no relataba un partido: relataba mi vida. Y me di cuenta de que el periodismo deportivo, cuando se hace con el corazón, puede ser una forma de arte”.

Hoy, con diez años de carrera, reflexiona con madurez sobre su camino: “No sé qué viene después, pero sé que valió la pena. Porque el micrófono me enseñó algo que ningún aula puede enseñar; que la verdad y la pasión son el único equipo invencible”.

Un día para rememorar a los que abrieron camino, a los que ya no están, a los que dejaron su huella en la transmisión, en la pluma o en la cancha. Un día para agradecer a los que enseñaron que el deporte no es solo competencia, sino un espejo de humanidad.

El periodismo deportivo, más que una profesión, es una forma de vivir. Es el arte de contar la belleza del esfuerzo, la épica de la superación, el pulso invisible que late detrás de cada jugada.

Vila, Arrieta, Romero y Casas representan distintas generaciones, pero una misma esencia: el amor por la verdad, la emoción y la palabra justa. Sus voces, cruzadas en el tiempo, componen una sinfonía donde la vocación se vuelve legado y la pasión, enseñanza.

Hoy, más que nunca, vale detenerse y recordar que el micrófono no es un trofeo, sino una responsabilidad. Cada vez que se enciende, el periodista vuelve a ser puente entre la pasión del pueblo y la dignidad del oficio. Porque el deporte sigue siendo el idioma más universal.

Y el periodismo, su mejor traductor.

Redacción: Las 24 Horas de Jujuy
Crónica especial Día del Periodista Deportivo

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