Dante Velázquez: El intendente “multibandera” votado en el PJ pero al servicio del oficialismo

En un país donde la palabra “lealtad” aún significa algo para muchos militantes del peronismo, el intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, se ha convertido en el símbolo más burdo de la traición política.

Dante Velázquez intendente La Quiaca

No pasa por una decisión ideológica de fondo, no por un cambio de paradigma, sino por una necesidad desesperada de mantenerse a flote en la estructura de poder, al precio de dejar sus convicciones —si alguna vez las tuvo— en la puerta del despacho.

El 10 de junio de este año, Velázquez publicó un encendido comunicado en defensa de Cristina Fernández de Kirchner, convocando a los intendentes del país a organizarse «contra la proscripción» y en favor del peronismo. Lo hizo con un tono heroico, lleno de frases hechas sobre el dolor del pueblo y la militancia, intentando mostrar una épica que se desmorona con apenas raspar la superficie.

Pero la realidad es otra

El 11 de mayo, apenas un mes antes, mientras se elegían diputados provinciales en Jujuy, Dante Velázquez jugaba para el oficialismo provincial, dentro del Frente Jujuy Crece, el brazo electoral del radicalismo que él dice combatir. ¿Y por qué? Porque creyó ver allí su oportunidad de sostener cuotas de poder en una provincia donde los peronistas son constantemente desplazados por la maquinaria radical. Lo hizo, además, habiendo sido electo por el Frente Justicialista. ¿Cuántas veces se puede traicionar al pueblo, a la memoria de sus votantes, a sus compañeros de lucha, y a la historia de un movimiento entero?

«Ni Judas tuvo semejante descaro. Por lo menos él dudó».

Velázquez pertenece a esa casta política que tan livianamente critica Javier Milei, pero que encuentra su verdadera expresión en estos actos de simulación ideológica. Se ampara en los símbolos del justicialismo para luego negociar con los verdugos del modelo nacional y popular.

Lo suyo no es un error: es una estrategia. Un cálculo frío. Un “dónde me conviene estar”. Y ese es el verdadero drama de la política actual: cuando los cargos se convierten en botín, la doctrina muere.

No se puede clamar por Cristina y a la vez trabajar para quienes la quieren ver presa. No se puede invocar a Evita mientras se traiciona al pueblo que confió su voto. No se puede hablar de unidad y coraje cuando se vende la camiseta al mejor postor. La política necesita de debates, no de disfraces. Necesita coherencia, no oportunismo.

La militancia no olvida. Los pueblos del interior profundo del país como La Quiaca, tampoco. Saben quién está cuando hay que poner el cuerpo, y quién solo aparece para la foto o la firma en redes sociales. Mientras el peronismo resiste y se reconfigura en medio de una tormenta política y económica, lo último que necesita es que desde adentro lo dinamicen quienes solo se mueven por interés propio.

El peronismo no es una marca de ocasión, sino un compromiso con la historia y el pueblo. Con sus actos, el intendente ha dejado en evidencia de qué lado está. Ningún comunicado posterior alcanza para encubrir una traición tan evidente.

 

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