Dalia Gutmann: La crónica del humor lúcido que cubrió de carcajadas al Teatro Mitre

La icónica comediante, locutora Dalia Gutmann ha consumado su regreso triunfal a San Salvador de Jujuy, erigiendo su espectáculo como el faro cultural indiscutible de la temporada en nuestra provincia.

Al colmar la Sala Mayor de nuestro venerable Coliseo de las Artes, el Teatro Mitre, Dalia no solo llenó butacas hasta el último rincón; infundió un bálsamo colectivo de sanación cómica en un público local necesitado de tregua.

Durante una función que se extendió generosamente desde las 21:05 hasta las 00:30 horas, la artista tejió un tapiz narrativo de exquisita factura, logrando la alquimia más noble del teatro: hacer que la audiencia jujeña olvidase la densidad de la semana, entregándose sin reservas a una oleada de risas liberadoras que alcanzó incluso a los más acérrimos futboleros.

Es en esencia, un brillante ejercicio de arqueología personal y humor lúcido, una odisea a través de dos décadas de devenir existencial que Gutmann celebra con una verdad que desarma.

La artista ofrece una línea de tiempo desopilante, transitando con esa naturalidad asombrosa que solo tienen los grandes contadores de historias: desde la adolescente de los 90, con sus primeros descubrimientos, hasta la mujer adulta, madre, esposa y la autodenominada, con sorna, «señora perimenopáusica» de hoy. Su habilidad no radica solo en la anécdota, sino en la capacidad de transformar lo íntimo en universal; de tomar el mambo personal y, bajo el fuego cruzado de su palabra, convertirlo en una catarsis compartida.

El lema que acompaña esta cruzada, «Convirtamos los mambos en risas», demostró ser la divisa perfecta, una fórmula de entendimiento que funcionó con la precisión de un reloj suizo desde el primer saludo hasta el aplauso final en este, su tercer encuentro con la Capital jujeña. Ella se destaca por una hazaña sociológica que yo, como cronista, celebro: es una de las pocas voces en el circuito del humor que atrae a una audiencia genuinamente mixta, logrando una comunión que es a la vez innegable, y sublime.

Su estilo es una navegación experta entre la auto-burla neurótica y una profunda, casi filosófica, celebración de la vida. Esta postura la inviste del rol de «jueza neutral» en el eterno diálogo entre géneros. Gracias a su complicidad neutral, el público masculino no solo goza la risa, sino que tiene la rara oportunidad de entender y conectar con el universo femenino, ese crisol de experiencias complejas que Gutmann desnuda con el lúcido bisturí de su timing. En ese intercambio, donde las risas de mujeres y hombres se funden en el Mitre, reside la magia de su propuesta.

La comediante incluso se permitió una pulla cómica a su célebre esposo, Sebastián Wainraich («el señor radio»), dejando claro: «Que alguien le avise al señor Sebastián Wainraich que la vida no solamente se trata de fútbol. Teniendo una mujer increíblemente divertida, graciosa. vale la pena no ser un tipo estándar y siempre abrir la cabeza», un comentario que fue celebrado con una ovación de complicidad conyugal.

Y si su faceta artística no fuera suficiente, Dalia se ha consolidado como una figura clave en la industria teatral argentina. Más allá de ser la arquitecta de sus propios shows y la planificadora de sus giras que recorren el país, es CEO y manager de otras comediantes a través de su productora, Chiaku, impulsando activamente talentos femeninos de la nueva ola como Julieta Otero y Maya Landesmám. Este rol de empresaria y mentora eleva su figura a la de referente cultural, demostrando que su visión del humor es un motor de crecimiento para la escena nacional.

El espectáculo, de una factura técnica impecable, se siente como una obra integral. El texto, que bebe de la fuente inagotable de la propia Dalia Gutmann, combina monólogos de alto voltaje emocional con momentos de interacción genuina que demuestran su experticia.

La dirección teatral de Mariela Asensio y Eleonora Di Bello, junto a las precisas y a veces irreverentes puestas coreográficas de Leticia Rojas Bilbao, le otorgan al show un dinamismo que evita la rigidez del género. La energía en el escenario alcanzó su pico más alto y divertido con la clase improvisada de Zumba que Dalia dictó a dos espectadoras de la primera fila. Este instante de espontaneidad pura sirvió para confirmar, entre risas, que la fortaleza de Gutmann reside en su verbosidad incontenible y su timing teatral, pues la primera en rendirse ante el esfuerzo físico fue, con graciosa justicia, ella misma.

Se consolida, pues, como un evento necesario, una terapia colectiva disfrazada de comedia que valida las experiencias de vida de una forma honesta y tierna. Dalia no miente: lo que narra es la verdad brutal de nuestro tiempo en clave de humor. Si eres de los que aún no se ha cruzado con su humor sanador, o si te la perdiste en esta tercera y gloriosa visita a Jujuy, hazte un favor como espectador, lector y ciudadano: síguela de cerca. Su trabajo es mucho más que risa; es una ventana lúcida a nuestro propio devenir. Si tienes la oportunidad de verla en otra plaza o cuando regrese a nuestra provincia, no te la pierdas por nada del mundo – ni por nuestro fútbol-.

Por: Nicolás Agustín Casas
Para Las 24 Horas de Jujuy.

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