“Cuando el mundo corrige la desindustrialización, la Argentina vuelve a cometer el mismo error”

Se pudo ver, de acuerdo a lo que actualmente publican medios internacionales que, en los principales debates internacionales comenzó a emerger una autocrítica y que la Argentina no debería ignorar.

Marco Rubio y Pedro Pascuttini

Es importante remarcar que incluso referentes históricamente asociados al libre mercado reconocen hoy que la desindustrialización no fue un proceso inevitable, sino el resultado de decisiones políticas equivocadas.

Como es el caso del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio quien lo expresó con claridad cuando señaló, “el libre comercio irrestricto, aplicado sin reglas ni estrategia productiva, terminó debilitando la industria, el empleo y la soberanía económica de los países que lo impulsaron”. Por eso, Estados Unidos, Europa y otras potencias avanzan ahora en procesos de reindustrialización, protección de sectores estratégicos y relocalización productiva.

Pero lo que llama la atención es que la Argentina, en cambio, parece avanzar en sentido contrario a lo que está pasando en gran parte del mundo.

Apertura sin equilibrio: cuando la competencia deja de ser justa

La reducción de aranceles y de impuestos a bienes importados —como automóviles de origen extranjero o de marcas internacionales consolidadas— suele presentarse como una política de modernización. Pero sin embargo, esta mirada ignora una realidad elemental ya que no hay competencia justa cuando los costos, la escala y el respaldo estatal son profundamente desiguales.

Ya que en esas condiciones no es promover eficiencia, sino legitimar una cancha inclinada donde algunos parten con ventaja estructural y otros apenas pueden sostenerse. La verdadera competencia exige reglas equilibradas, transparencia y condiciones que no condenen de antemano al más débil.

Como es el caso de la industria automotriz, ya que no es solo la venta de un vehículo. Es autopartes, metalmecánica, logística, talleres, empleo calificado y desarrollo tecnológico. Cuando se favorece la importación del producto terminado, también se habilita la importación de repuestos, se reduce la demanda de servicios locales y se debilita todo el entramado industrial.

Este proceso ya lo vivimos. Y sabemos cómo termina.

La misma lógica, aplicada a las economías regionales

Creer que este debate es ajeno a provincias como Jujuy es un error. La lógica que hoy impacta en la industria automotriz es la misma que pone en tensión a las economías regionales.

En el caso del tabaco, la Argentina compite en un mercado internacional claramente asimétrico, frente a países como China, India, Zimbabue, Brasil y Estados Unidos.

Estos competidores cuentan con menores costos laborales o escalas productivas muy superiores, mayor disponibilidad de tierras, financiamiento accesible, políticas activas de exportación y Estados que no abandonan a sus productores cuando el mercado presiona.

Pretender que el productor jujeño compita en igualdad de condiciones sin herramientas de acompañamiento del Estado nacional no es libre mercado; es desprotección.

Costos dolarizados, precios insuficientes

La discusión por el precio del tabaco vuelve a estar hoy en el centro del debate. Y no es una discusión nueva.

En la campaña 2024/2025, el precio de referencia del tabaco Virginia B1F se ubicó en torno a los $ 3.800 por kilo, lo que representaba aproximadamente 3,8 dólares según el tipo de cambio de ese momento. Sin embargo, ese no fue el precio que el sector productivo venía reclamando.

Desde la Cámara del Tabaco se advirtió entonces que, en términos reales, ese valor no reflejaba el nivel de costos ya dolarizados ni el verdadero esfuerzo productivo. Aun cuando el precio nominal subió en pesos, quedó por debajo de lo necesario para sostener la rentabilidad.

Hoy la situación se profundiza. Los costos de producción —insumos, agroquímicos, combustibles, energía, repuestos, maquinaria y logística— se expresan y se ajustan en dólares. Frente a esta realidad, mantener un precio pesificado sin mecanismos de actualización traslada todo el riesgo al productor.

Por eso, el reclamo actual no es extraordinario: dolarizar el precio o establecer un esquema que preserve su valor real en dólares, del mismo modo en que ya se comportan los costos. No hacerlo implica seguir acumulando pérdidas, reducir superficie cultivada y expulsar productores del sistema.

Decisiones nacionales, impactos productivos reales

La discusión planteada no apunta a una confrontación ideológica ni partidaria. Se trata de una advertencia productiva fundada en la realidad económica. Las variables que hoy condicionan de manera decisiva a las economías regionales —la política macroeconómica, el comercio exterior, el marco regulatorio, el esquema fiscal y el funcionamiento del Fondo Especial del Tabaco (FET)— se definen en el ámbito nacional.

Cuando estas decisiones no contemplan las particularidades de los sectores productivos ni corrigen las asimetrías del mercado internacional, el resultado no es un fortalecimiento del mercado, sino su desequilibrio. El retiro completo del Estado frente a realidades profundamente desiguales no genera competencia virtuosa: expone a quienes producen a una vulnerabilidad estructural.

La Provincia de Jujuy cumple un rol de acompañamiento y gestión, pero no dispone de las herramientas macro. Por eso, su papel debe ser el de defender activamente ante Nación a una economía regional que sostiene empleo, arraigo territorial y divisas.

Lineamientos para una política productiva sostenible

El sector no plantea privilegios ni subsidios permanentes. Plantea reglas claras y previsibilidad. Entre ellas:un mecanismo de actualización del precio que preserve su valor real frente a costos dolarizados;previsibilidad y cumplimiento en tiempo y forma del FET, como herramienta de estabilidad;reconocimiento del tabaco como economía regional estratégica;y una mesa nacional de economías regionales, que permita discutir la macroeconomía desde la producción real.

Esto mismo es lo que hoy hacen los países que revisan su pasado desindustrializador. Como señaló Marco Rubio, el error fue creer que el mercado, sin reglas, resolvería todo.

Una decisión que aún puede corregirse

La industria y las economías regionales no son un anacronismo. Son empleo, territorio, cohesión social y soberanía. Los países que hoy vuelven a defenderlas lo hacen porque ya pagaron el costo de haberlas abandonado.

La Argentina todavía está a tiempo de no repetir ese error.

Abrirse al mundo sin fortalecer lo propio no es modernización: es vulnerabilidad. Y cuando la producción cae, no se pierde solo un sector: se pierde futuro.

Por Pedro Pascuttini

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