Convocatoria solidaria: El corazón de Zapla late por «Wasancho» frente al silencio de su presidente y vice.

En el epicentro de la pasión jujeña, donde el fervor por Altos Hornos Zapla trasciende la mera competición deportiva, se ha encendido una luz de alarma y, simultáneamente, un incendio de hermandad.

La voz de Julio “Yeye” Guerrero ha servido de clarín este jueves al mediodía para anunciar una colecta masiva en favor de René «Wasancho» Cuevas, un pilar de la hinchada Merengue, cuya lealtad es tan firme como el hueso que se ha fracturado.

“Wasancho”, pilar en la construcción y devoto simpatizante, sufrió un percance que lo ha confinado al Hospital Pablo Soria: una doble fractura de peroné sufrida en el fragor de una trifulca en Alto Comedero. La familia ha confirmado que la intervención quirúrgica está fijada para el 10 de noviembre, marcando el inicio de una larga travesía de entre seis y nueve meses de recuperación, un lapso que amenaza con paralizar su capacidad de ingreso como trabajador independiente.

La respuesta ha sido inmediata y digna de épica: los bonos de contribución, coordinados por su hermano José “Wasy” Cuevas, se distribuyen como ofrendas de apoyo. Para quienes buscan la inmediatez de la era digital. Julio César Guerrero se erige como el receptor de las transferencias, canalizando la ayuda hacia la familia Wasancho.

El contraste amargo: Pasión contra la indiferencia

Sin embargo, este acto de nobleza tribal expone una herida más profunda: la desconexión abismal entre la base y la cúpula. Mientras la hinchada se desvive por salvar a uno de los suyos, la dirigencia, esa entidad distante que reside en sus «sillas de oro», parece ocupada en sus propios asuntos.

La pluma de este cronista, Nicolás Agustín Casas, no puede callar ante esta dicotomía. “Si ¡Zapla   somos todos!”, es el grito que resuena desde la tribuna, un mantra que exige responsabilidad. La dirigencia, simbolizada en las figuras de Bepre y Fin, es interpelada directamente: cuando un miembro de la familia cae, la dirigencia no solo debe ser testigo, sino catalizador de la ayuda.

Su inacción, su aparente desinterés ante el sufrimiento genuino de un hincha que sostiene al Club con su aliento, es una afrenta a la mística de Zapla.

Que esta movilización popular sirva como un recordatorio incisivo: la verdadera fortaleza del club reside en la solidaridad de su gente, no en la vanidad de sus despachos. Es imperativo que la dirigencia despierte de su letargo dorado y demuestre, con hechos y no con promesas, que el club es verdaderamente una familia donde nadie es dejado atrás. La hora de las elecciones se acerca y la memoria de la hinchada es larga.

Por: Nicolás Agustín Casas
Para Diario Digital las 24 Horas de Jujuy.

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