Cayó el consumo de carne vacuna: Los argentinos comen 4,8 kilos menos por año

El consumo per cápita se ubicó en 46,3 kilos anuales en julio, el nivel más bajo en más de dos décadas. La faena también retrocedió, mientras las exportaciones siguen creciendo.

El consumo de carne vacuna en la Argentina alcanzó en julio su nivel más bajo en más de 20 años, en un escenario marcado por una menor disponibilidad de hacienda y un fuerte crecimiento de las exportaciones.

Según el último informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo promedio de los últimos 12 meses se ubicó en 46,3 kilos por habitante al año. El dato representa una caída del 9,4% respecto de julio de 2025, cuando el registro era de 51,1 kilos.

En términos concretos, cada argentino consume ahora 4,8 kilos de carne vacuna menos por año que hace doce meses.

Menos carne para el mercado interno

La caída del consumo está acompañada por una menor actividad de los frigoríficos. Entre enero y julio se faenaron 7,09 millones de cabezas de ganado, un 9,8% menos que en el mismo período del año pasado.

Esto significa que fueron procesados unos 772.800 animales menos. Si la comparación se realiza con el máximo registrado en 2023, la reducción llega al 17,8%.

Solo durante julio se faenaron 1,095 millones de cabezas, un 12,2% menos que en julio de 2025 y un 2,6% por debajo del registro de junio.

El menor nivel de faena también impactó en el volumen destinado al mercado doméstico. En los primeros siete meses del año, el abastecimiento interno alcanzó 1,202 millones de toneladas de res con hueso, unas 163.400 toneladas menos que durante el mismo período del año anterior.

Sequía, inundaciones y menos terneros

Schiariti recordó que la sequía de 2023 provocó una reducción del stock ganadero cercana al 6%. A esto se sumaron las inundaciones de 2024 y 2025, que llevaron la caída del stock hasta aproximadamente el 10%.

El dirigente explicó que los fenómenos climáticos tienen consecuencias que se extienden en el tiempo porque afectan la reproducción del rodeo.

“Una vaca que come mal es una vaca que no ovula”, sintetizó. La menor alimentación de las madres durante períodos de adversidad climática redujo la cantidad de nacimientos de terneros y, por lo tanto, la oferta de animales disponible posteriormente para la faena.

Según Schiariti, ese proceso derivó en una menor oferta durante 2024 y 2025 y contribuyó al aumento de los precios de la carne vacuna.

La situación se combina ahora con una nueva etapa del ciclo ganadero, en la que los productores retienen vientres para recomponer sus rodeos, reduciendo la cantidad de animales enviados a faena.

Una carne cada vez más difícil de sostener para el bolsillo

A los factores productivos se suma el impacto de los precios sobre los consumidores.

Schiariti destacó una diferencia clave entre las distintas carnes: con el valor promedio de un kilo de carne vacuna se pueden adquirir alrededor de cinco kilos de pollo o entre tres y 3,5 kilos de cerdo.

“El consumidor termina decidiendo no por lo que quiere, sino por su bolsillo”, sostuvo.

En ese contexto, aseguró que muchos hogares tienen dificultades para mantener el nivel de consumo de carne vacuna que tenían años atrás.

La retracción también repercute en las carnicerías. Según el titular de CICCRA, los comerciantes están incorporando otros productos para sostener sus ingresos.

“Los carniceros hacen malabares vendiendo pollo, vendiendo cerdo, vendiendo leña, vendiendo carbón, como para poder tener una facturación acorde al alquiler que deben pagar”, describió.

El problema no es solo coyuntural

Aunque la situación climática influye sobre la disponibilidad de ganado, Schiariti advirtió que la caída del consumo de carne vacuna en Argentina es un fenómeno que lleva más de una década.

“El consumo de carne vacuna viene cayendo en Argentina desde hace más de 15 años”, señaló, y vinculó parte de esa tendencia con los cambios en la productividad de las industrias avícola y porcina.

El especialista comparó los tiempos necesarios para producir cada tipo de carne. Un pollo puede llegar al frigorífico entre los 70 y 110 días desde su nacimiento, mientras que un cerdo tarda alrededor de 180 días. En el caso del ganado vacuno, el proceso demanda aproximadamente 18 meses hasta llegar al corral, antes de la faena.

También existen diferencias en la eficiencia alimentaria. Según explicó, un pollo requiere alrededor de 1,4 kilos de alimento por cada kilo de carne producido; un cerdo, unos 2,8 kilos, y un vacuno, aproximadamente seis kilos.

“El valor de cada una de las carnes tiene que ver con el costo de producirla y con el tiempo que se tarda en producirla”, explicó.
4,8 kilos menos en un año

Para Schiariti, la caída registrada en julio es significativa porque se produjo en un período relativamente corto.

El consumo pasó de 51,1 a 46,3 kilos por habitante al año en apenas 12 meses.

“Es una baja muy importante”, afirmó, al remarcar la magnitud del retroceso.

El escenario se completa con una menor faena. Entre enero y julio de 2026, los frigoríficos procesaron 7,09 millones de cabezas, un 9,8% menos que en el mismo período del año pasado. En términos absolutos, fueron unas 772.800 cabezas menos.

Durante julio se faenaron 1,095 millones de animales, un 12,2% menos que en el mismo mes de 2025.

En paralelo, el abastecimiento del mercado interno acumuló entre enero y julio 1,202 millones de toneladas de res con hueso, unas 163.400 toneladas menos que un año atrás, lo que representa una baja del 12%.

La carne vacuna pierde terreno frente a pollo y cerdo

Mientras el consumo de carne vacuna retrocede, el pollo y el cerdo ganan espacio como alternativas más accesibles.

Schiariti aclaró que el reemplazo no implica necesariamente un perjuicio nutricional. “Las proteínas animales tienen prácticamente la misma composición”, explicó, por lo que el cambio de una carne por otra no supone, por sí mismo, un deterioro de la alimentación.

De todos modos, destacó que es conveniente mantener una dieta variada. La principal diferencia entre las carnes, según señaló, está relacionada con el tipo de grasa que contienen.

Así, el menor consumo de carne vacuna responde principalmente a una cuestión económica y productiva, en un contexto en el que el precio relativo de las distintas proteínas modifica las decisiones de los hogares.

El dato de julio vuelve a poner en evidencia un cambio profundo en los hábitos alimentarios argentinos: la carne vacuna, históricamente protagonista de la mesa local, atraviesa uno de sus niveles de consumo más bajos de las últimas décadas.

(Cadena3)

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