La conferencia de prensa que pretendía ser una denuncia institucional terminó convirtiéndose en un extenso monólogo político de la senadora nacional Carolina Moisés, quien, con un discurso cargado de victimización, acusaciones internas y justificaciones personales, expuso sin filtros la fractura del justicialismo jujeño y su enfrentamiento directo con el kirchnerismo y la conducción nacional del Partido Justicialista.

La intervención de Carlos de Aparici fue breve, técnica y marginal. La escena estuvo dominada casi en su totalidad por Moisés, quien habló durante cincuenta largos minutos y transformó la conferencia en una catarsis política personal, con artillería hacia Cristina Fernández de Kirchner, a la intervención partidaria y a sus propios compañeros.
Desde el inicio, Moisés se presentó como parte de un grupo de afiliados “sancionados” por la intervención del PJ, a quienes definió como víctimas de una persecución política. Sostuvo que el partido lleva más de 25 años sin elecciones internas reales y que su sector intentó “normalizar” esa situación mediante un proceso electoral que —según ella— fue deliberadamente abortado por la conducción nacional.
Calificó la suspensión de las internas como un “mamarracho jurídico” y un “acto de cobardía política”, y afirmó que más de 300 afiliados fueron sancionados con el único objetivo de impedir una elección que su espacio —según su propio diagnóstico— tenía garantizada.
Sin aportar documentación concreta, aseguró que su sector tenía la “legitimidad electoral” suficiente para ganar una interna, pero que sus adversarios “tienen miedo de competir”.

El eje del discurso fue la construcción de un relato donde ella y su espacio aparecen como los únicos portadores de democracia interna, mientras el resto del peronismo queda caracterizado como autoritario y sectario. En el tramo más delicado de su exposición, Moisés responsabilizó de manera directa a Cristina Fernández de Kirchner por la suspensión del proceso electoral en Jujuy.
La acusó de haber dado la orden política para disciplinar al peronismo provincial y convertir a Jujuy en un “ejemplo de castigo” para quienes piensan distinto dentro del movimiento.
Llegó incluso a afirmar que el kirchnerismo se transformó en una “policía del pensamiento”, donde cualquier dirigente que actúe según intereses provinciales es sancionado.
Paradójicamente, mientras denunciaba autoritarismo, Moisés adoptó un tono de ruptura absoluta con la conducción nacional, profundizando la grieta interna del PJ y debilitando aún más su estructura partidaria en la provincia. En un pasaje que rozó la contradicción discursiva, Moisés enumeró los problemas sociales de Jujuy —educación, inseguridad, narcotráfico, tarifas eléctricas y violencia doméstica— para justificar que el peronismo debería estar discutiendo “la agenda real” y no conflictos internos.

Sin embargo, la propia conferencia estuvo dominada por una disputa partidaria personalista, sin propuestas concretas ni plan político alternativo, más allá de una crítica permanente al kirchnerismo.
La senadora expresó que le “da vergüenza como peronista” que la presidenta del PJ esté más preocupada por sancionar afiliados que por construir una oposición al gobierno nacional. Al mismo tiempo, reconoció que su postura la colocará en conflicto permanente con el kirchnerismo y con amplios sectores del propio peronismo. Uno de los momentos más extensos del monólogo fue la explicación de su voto favorable al presupuesto nacional y al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), decisión que la enfrentó con su partido.
Moisés sostuvo que votó “en defensa de los intereses de Jujuy” y no por afinidad con el gobierno nacional. Argumentó que sin presupuesto la provincia habría entrado en default, lo que —según su relato— hubiera impedido el pago de salarios y el inicio del ciclo lectivo.
Reconoció que su decisión fue polémica, pero afirmó que prefirió “el mal menor” antes que un escenario de colapso financiero. Con ello, admitió implícitamente haber desobedecido la línea política del espacio que la llevó al Senado, profundizando su aislamiento interno.
La paradoja central de su discurso fue evidente: se presentó como opositora al gobierno nacional, pero justificó haber votado herramientas clave del oficialismo libertario, lo que debilitó su autoridad política dentro del justicialismo. Otro punto central fue su crítica a la sanción de diputados provinciales, intendentes y concejales electos bajo la boleta peronista. Moisés reconoció que el PJ está expulsando a quienes fueron legitimados por el voto popular, lo que —según sus propias palabras— implica desconocer la voluntad de los jujeños.
Sin embargo, lejos de asumir responsabilidades por esa fractura, trasladó toda la culpa a Buenos Aires y a la conducción nacional, sin autocrítica por haber participado activamente en la ruptura del espacio político que la llevó a ocupar su banca. La intervención de Carlos de Aparici fue breve y limitada a cuestiones técnicas y judiciales. Explicó las presentaciones realizadas ante la Justicia Federal Electoral, los recursos de impugnación y la posibilidad de medidas cautelares.
Su discurso careció de contenido político y quedó opacado por la centralidad absoluta de Moisés. No aportó una visión estratégica ni una propuesta superadora, limitándose a respaldar el relato de victimización planteado por la senadora. Lejos de mostrar conducción, la conferencia evidenció una dirigente aislada, enfrentada con su propio partido y dispuesta a romper definitivamente con el kirchnerismo. El tono fue más emocional que político, más defensivo que propositivo.
Carolina Moisés no presentó un proyecto alternativo de peronismo, sino una sucesión de acusaciones, de justificativos y advertencias de conflicto futuro. Ella misma anticipó que tendrá “muchos problemas” con el kirchnerismo a partir de ahora, confirmando que eligió el camino de la confrontación interna antes que el de la reconstrucción partidaria.
La escena dejó una conclusión clara: el peronismo jujeño no atraviesa una disputa ideológica, sino una crisis de liderazgo, coherencia y representación. Y Carolina Moisés, lejos de resolverla, decidió protagonizarla con un monólogo que terminó de exponer la fragmentación de un espacio político que ya no logra ordenar ni siquiera su propia casa.
Por Nicolás Casas
