Un estudio elaborado por Gleeden -la plataforma de encuentros no monógamos creada por y para mujeres- en colaboración con Dive Marketing relevó más de 1.700 respuestas en Argentina, Brasil, México y Colombia.

Entre los datos más llamativos aparece uno que incomoda: Argentina es el único país donde el deseo de ser infiel no disminuye frente a su frecuencia actual. A diferencia de lo que sucede en el resto de la región, donde las personas comienzan a mostrar una preferencia creciente por modelos más consensuados, en Argentina parecería que las ganas de engañar se mantienen firmes.
El eslabón débil de las parejas argentinas: La conversación
De acuerdo a las conclusiones de este informe, Argentina encabeza el ranking regional en cuanto al reconocimiento de formas de no monogamia ética. Según el informe, el 75% de los encuestados identifica las relaciones abiertas como una forma válida de no monogamia, el 69% reconoce el poliamor y el 43% menciona a las triejas. Estos porcentajes son los más altos entre los países relevados, por encima de México, Colombia y Brasil.
No obstante, el mismo estudio revela que la comunicación abierta en el marco de estas relaciones no siempre se sostiene. Ante la pregunta sobre cómo preferirían que su pareja se comunique en una relación no monógama, solo el 78% en Argentina opta por la “honestidad y apertura”, mientras que el resto prefiere omitir detalles, limitar la información o directamente no hablar del tema. Esta diferencia entre el reconocimiento teórico y las prácticas comunicacionales sugiere que el ejercicio efectivo de los acuerdos aún enfrenta dificultades.
Los jóvenes, más libres pero también más contradictorios
Otro aspecto revelador del informe tiene que ver con la percepción generacional. En Argentina, los menores de 25 años son vistos como los más emocionalmente libres, curiosos y abiertos a experimentar formas de relación no tradicionales. Esta mirada positiva los posiciona como protagonistas potenciales de un cambio cultural.
Sin embargo, el deseo de ser infiel tampoco disminuye entre ellos. Incluso en los sectores que más hablan de acuerdos, consentimiento y diversidad, la práctica real sigue marcada por tensiones, contradicciones y cierta dificultad para sostener vínculos desde la plena honestidad. Se acepta la pluralidad de modelos, pero no necesariamente se los pone en práctica de forma clara y consensuada.
Así, el informe traza una radiografía social en la que conviven modernidad y doble discurso: una sociedad que parece estar lista para nuevos acuerdos, pero que todavía encuentra en la infidelidad una salida más cómoda que la conversación sincera.
