Ante el aumento de los desastres climáticos, la próxima cumbre del clima COP31 afronta una prueba de confianza

La imagen de un muro de agua descendiendo por un valle montañoso, arrasando personas, viviendas y comunidades enteras, marcó el inicio de una reunión de alto nivel celebrada este viernes en la sede de Naciones Unidas.

Una familia se refugia al borde de una carretera en el distrito de Jacobabad, Pakistán, tras huir de su hogar afectado por las inundaciones.

A menos de un mes de la próxima conferencia de la ONU sobre el cambio climático COP31 en Antalya, Türkiye, representantes de las presidencias de tres cumbres consecutivas se reunieron en Nueva York ante una pregunta apremiante: ¿cómo recuperar la confianza en la acción climática internacional cuando las consecuencias del calentamiento global ya se sienten en todo el planeta?

El presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, evocó así las recientes inundaciones devastadoras en Nepal, mientras representantes de las presidencias de tres conferencias climáticas consecutivas —Brasil, Türkiye, Australia y Etiopía— se preparaban para debatir los desafíos de la próxima COP31.

«Los científicos llevaban mucho tiempo advirtiendo que estos fenómenos se estaban convirtiendo en una realidad, pero ninguno de nosotros estaba preparado para esas imágenes estremecedoras», afirmó.

Rahman recordó que el fenómeno de El Niño continúa intensificándose y podría convertirse en uno de los más fuertes desde al menos 1950, mientras que las políticas climáticas actuales encaminan al planeta hacia un calentamiento de 2,8 °C, muy por encima de los objetivos del Acuerdo de París.

“Detrás de estas cifras hay familias desplazadas, niños que faltan a la escuela, mujeres que deben caminar cada vez más lejos para conseguir agua y comunidades que afrontan pérdidas insoportables”.

El desafío para los países, dijo, será transformar los compromisos previos en medidas concretas y las promesas, en confianza.

«La COP31 debe ser más que otro hito en las negociaciones. Debe demostrar que el multilateralismo da resultados».

Convirtiendo las promesas en inversiones

Türkiye, que acogerá la conferencia del 9 al 20 de noviembre, presentó sus prioridades para acelerar la transición energética, reducir las emisiones de metano y fortalecer la resiliencia frente al cambio climático.

Entre las principales iniciativas figura el Puente para la Implementación Climática, desarrollado con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que busca convertir los compromisos nacionales en proyectos capaces de atraer inversiones y acceder a financiación.

«La cuestión no es simplemente el volumen total de financiación, sino también si esta está disponible, es accesible, asequible y previsible», afirmó el embajador turco ante la ONU, Ahmet Yıldız.

Para las pequeñas naciones insulares del Pacífico, la urgencia es especialmente evidente. El aumento del nivel del mar y los fenómenos meteorológicos extremos amenazan viviendas, infraestructuras y medios de subsistencia.

Así lo recordó el embajador de Australia, James Larsen, cuyo país dirigirá las negociaciones de la COP31 mediante un acuerdo inédito de responsabilidades compartidas con Türkiye.

«Escuchando a las comunidades más vulnerables, colaborando con quienes necesitan apoyo y acelerando la puesta en práctica de iniciativas concretas, creo que podemos recuperar la confianza mediante la acción climática», afirmó.

Larsen también defendió un acceso más sencillo y rápido a la financiación, así como planes de adaptación basados en la ciencia y las necesidades de las comunidades.

Las negociaciones pendientes

Brasil, anfitrión de la COP30 el año pasado, identificó tres prioridades para Antalya: poner en funcionamiento el nuevo mecanismo de transición justa establecido en Belem, mejorar la medición de los avances en adaptación y ampliar las inversiones climáticas en países en desarrollo afectados por el endeudamiento.

«En un mundo de Estados con graves restricciones fiscales y altos niveles de endeudamiento, las conversaciones sobre financiación deben conducir a soluciones viables que amplíen el margen fiscal para las inversiones climáticas», señaló el embajador brasileño, Sérgio França Danese.

La cuestión de quién paga los costos de la transición y quién se beneficia de ella también estuvo presente en la intervención de Etiopía, que acogerá la COP32 el próximo año.

Su embajador ante la ONU, Tesfaye Yilma Sabo, recordó que África genera apenas alrededor del 3% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, pese a sufrir algunas de las consecuencias más graves del calentamiento global.

«La demora en actuar tiene un costo acumulativo para los países en desarrollo», advirtió, y añadió que el acceso a la financiación y la tecnología determina cada vez más quién se beneficia de la transición y quién queda rezagado.

Los líderes mundiales se reunirán en Antalya los días 11 y 12 de noviembre, antes de que las negociaciones entren en su fase decisiva.

Pero para el presidente de la Asamblea General, el verdadero éxito de la conferencia no se medirá en las salas de negociación.

“La COP31 no puede ser juzgada por las promesas que repetimos, sino por las personas que protegemos. Así es como recuperamos la confianza».

(Naciones Unidas)

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