Medios internacionales aseguran que el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, sufrió heridas durante los bombardeos israelí-estadounidenses, aunque el régimen sostiene que continúa ejerciendo sus funciones.

El nuevo líder supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Jamenei, habría resultado herido durante uno de los bombardeos conjuntos de Israel y Estados Unidos, según revelaron fuentes citadas por el diario The Jerusalem Post.
De acuerdo con ese informe, el líder religioso —sucesor de su padre, Ali Jamenei, asesinado el 28 de febrero durante el primer día del conflicto— “continúa en condiciones de cumplir con sus funciones y de gestionar los asuntos del Estado”.
El medio también indicó que la televisión estatal iraní confirmó el lunes que Mojtaba Jamenei sufrió heridas durante los ataques, aunque no brindó detalles sobre las circunstancias del episodio ni sobre la gravedad de su estado.
El clérigo fue oficializado el domingo como nuevo líder supremo tras ser designado por el Consejo de Expertos de Irán, el órgano integrado por 88 religiosos encargado de elegir a la máxima autoridad política y espiritual del país.
Incertidumbre sobre el paradero de Mojtaba Jamenei
Desde el inicio de la guerra, el paradero de Mojtaba Jamenei se mantiene en reserva, una práctica habitual en contextos bélicos para proteger a las principales autoridades.
Sin embargo, la ausencia de imágenes o apariciones públicas del flamante líder —ni fotografías ni videos difundidos oficialmente— alimentó en los últimos días diversas especulaciones en medios internacionales acerca de su estado de salud.
El contraste es evidente con lo ocurrido con su padre y antecesor, Ali Jamenei, quien había aparecido en un video propagandístico a mediados de junio del año pasado durante la llamada guerra de los doce días entre Irán, Israel y Estados Unidos.
Mojtaba Jamenei es considerado dentro del establishment iraní como un dirigente religioso de línea dura, incluso más conservador que su padre, y su ascenso al liderazgo supremo fue interpretado por analistas como una señal de continuidad —e incluso de endurecimiento— en la orientación política del régimen.
(A24)
