Padres y vecinos pusieron dinero de sus propios bolsillos, limpiaron baños, pagaron árbitros, trofeos, reparaciones y hasta el acondicionamiento de la cancha donde se jugó.

El objetivo fue reunir fondos para que chicos de la Escuela de Fútbol Los Espartanos puedan viajar a competir a Chile. La ausencia de acompañamiento de organismos estatales volvió a quedar expuesta.
En El Sauzal, una pequeña comunidad rural del Departamento San Pedro, los vecinos demostraron una vez más que cuando existe voluntad y compromiso, los proyectos pueden salir adelante. Pero también dejaron en evidencia una situación que genera preocupación: el esfuerzo comunitario parece no encontrar el mismo respaldo por parte de los organismos del Estado.
Durante la segunda y tercera semana de septiembre se desarrolló un importante torneo de fútbol infantil organizado por la Escuela Los Espartanos, una iniciativa que nació del trabajo de los padres y del profesor Ortiz y que convocó a alrededor de 21 equipos, con chicos de las categorías 2014 a 2017.

El campeonato tuvo un objetivo concreto: recaudar fondos para que los niños puedan viajar en enero a participar de un torneo en Chile. Antes de definir el destino, las familias evaluaron distintas alternativas, entre ellas Paraguay, Chile y Tarija, finalmente optando por el vecino país trasandino.
Todo a pulmón y con recursos de las familias

Lo que debería haber contado con algún tipo de acompañamiento institucional terminó siendo sostenido prácticamente en su totalidad por los propios vecinos.
Según relataron los organizadores, la materia prima utilizada para las ventas salió del bolsillo de cada padre. Cada familia decidió qué podía aportar y qué producto vender para colaborar con la recaudación.
También fueron los propios organizadores y padres quienes afrontaron gastos vinculados al cerramiento de la cancha, trofeos, arbitrajes y diferentes necesidades que surgieron durante el campeonato.
La situación fue todavía más compleja cuando encontraron que los sanitarios del lugar no estaban en condiciones adecuadas para recibir a las delegaciones visitantes.
Ante esta situación, los propios organizadores tuvieron que comprar focos, afrontar el costo de un plomero y realizar tareas de limpieza para dejar los baños en condiciones.
Y todo esto ocurrió mientras durante los fines de semana llegaban familias y delegaciones de distintos puntos de la región para participar del torneo.
Un barrio rural que también reclama atención
El Sauzal es un barrio rural ubicado a aproximadamente un kilómetro al norte de La Mendieta, sobre la Ruta Provincial 56 y cercano al río Grande. Su particular geografía, rodeada de extensos cañaverales, le da prácticamente el aspecto de una isla dentro del paisaje del Ramal jujeño.
La comunidad depende administrativamente de la Municipalidad de La Mendieta, por lo que los vecinos consideran que debería existir un mayor acompañamiento a las actividades destinadas a los niños y jóvenes.
Sin embargo, quienes impulsaron este torneo aseguran que no recibieron apoyo de la Municipalidad ni de otros organismos provinciales para llevar adelante la competencia.
La crítica no apunta solamente a la falta de dinero. Los vecinos hablan también de la ausencia de colaboración en infraestructura, logística, mantenimiento y otras cuestiones básicas que podrían facilitar la realización de actividades deportivas destinadas a los chicos.
El Club Social y Deportivo El Sauzal, otra preocupación
El escenario elegido para el torneo fue el Club Social Deportivo El Sauzal, una Institución que históricamente tuvo un papel importante en la actividad deportiva de la comunidad.
Pero los vecinos manifiestan preocupación por el presente de la Institución y sostienen que el club está perdiendo actividades y participación.
Entre los reclamos aparece el estado de las instalaciones y, particularmente, de los sanitarios utilizados durante el campeonato.
Los organizadores también cuestionaron situaciones vinculadas al uso de la cancha y señalaron que, pese a que inicialmente se les había manifestado que contarían con determinadas facilidades para realizar el torneo, posteriormente aparecieron costos que debieron afrontar las propias familias.
Estas afirmaciones corresponden al relato de los organizadores y vecinos y deberían ser respondidas por las autoridades del Club para conocer su versión sobre lo ocurrido.
El básquet también estaría perdiendo espacio
La preocupación de los vecinos va más allá del fútbol.
Durante años funcionó en El Sauzal una escuelita de básquet que permitió que numerosos niños pudieran acercarse a esa disciplina. Los vecinos recuerdan especialmente el trabajo del profesor Claudio Borda, quien durante años estuvo al frente de la enseñanza.
Para la comunidad, la posibilidad de que esa actividad pierda fuerza representa también una pérdida para los chicos, que encuentran en el deporte un espacio de formación, encuentro y contención.
Mientras tanto, los chicos siguen soñando

A pesar de todas las dificultades, el torneo fue un éxito para sus organizadores.
Fue la primera experiencia de estas características realizada en El Sauzal y consiguió reunir a unas 21 delegaciones durante distintos fines de semana.
Ahora las familias continúan trabajando para conseguir el dinero necesario para los próximos desafíos.
Actualmente impulsan una rifa para adquirir nueva indumentaria, cuyos premios también son aportados por quienes organizan la actividad.
El objetivo inmediato es poder participar de un próximo campeonato en San Salvador de Jujuy y, posteriormente, concretar el viaje a Chile.
Incluso ya se analiza organizar un torneo de fútbol 5 para mayores, nuevamente con la intención de recaudar fondos y seguir sosteniendo el proyecto.
Cuando el Estado no llega, aparece la comunidad
La historia de Los Espartanos deja una pregunta inevitable: ¿cuánto más podrían hacer estos chicos si contaran con acompañamiento institucional?
Los padres no están pidiendo que alguien les regale el esfuerzo. De hecho, demostraron que están dispuestos a trabajar, vender, limpiar, organizar y poner dinero de sus propios bolsillos para que sus hijos tengan oportunidades.
Pero también consideran que el deporte infantil debería ser una prioridad para las instituciones públicas, especialmente en comunidades rurales donde las posibilidades y recursos son mucho más limitados.
Mientras esperan respuestas y algún acompañamiento, los padres de El Sauzal siguen haciendo lo que saben hacer: trabajar por sus hijos.
Porque cuando se trata de que los chicos tengan una camiseta, una cancha, un viaje y la posibilidad de cumplir un sueño, en El Sauzal quedó demostrado que la falta de apoyo no alcanza para detenerlos.
Ahora la pelota también está del otro lado: en manos de quienes tienen responsabilidades institucionales y pueden decidir si acompañan o dejan solos a quienes trabajan por el deporte infantil.
