En los últimos años, la “Escuela de Escritura de Miraflores” ha tejido, desde la discreción pero con rigor, un proyecto que merece ser reconocido no solo por su ambición, sino por sus resultados tangibles.

A través de talleres sistemáticos y una formación sostenida, ha logrado consolidar un espacio donde la creación literaria florece con calidad, diversidad y audacia. Sin embargo, llama profundamente la atención la actitud de indiferencia voluntaria —quizás no maliciosa, pero sí preocupante— hacia este esfuerzo colectivo que ya ha dado frutos excepcionales.
En apenas dos años, nueve libros han visto la luz gracias al trabajo de alumnos y docentes de la Escuela. Estas obras, lejos de ser ejercicios anecdóticos, destacan por su alto valor literario y su exploración de géneros que van desde la lírica más íntima hasta la narrativa experimental. Entre ellas, resuenan con fuerza dos novelas polifónicas colectivas: «Revolución de la República Separatista de Jujuy» y «Del Xibixibi al Río de la Plata». Ambas no solo desafían las convenciones de autoría individual, sino que construyen relatos donde múltiples voces dialogan para narrar historias que entrelazan lo local con lo universal, lo histórico con lo ficcional.
El éxito de estas publicaciones —agotadas en su totalidad— confirma que no se trata de un proyecto marginal, sino de una propuesta vital para la cultura. Los géneros abordados (poesía, cuento, crónica, historiografía novelada) demuestran que la Escuela no se limita a repetir fórmulas, sino que fomenta la innovación y el riesgo. ¿Por qué, entonces, persiste un silencio incómodo alrededor de estos logros?
La indiferencia hacia iniciativas como esta no es neutral. Ignorar el trabajo de formación y creación que aquí se realiza equivale a menospreciar el valor de la literatura como herramienta de transformación social, de preservación de la memoria y de exploración de identidades. Cada libro publicado es un testimonio de que, incluso en tiempos de prisa y superficialidad, aún es posible cultivar la palabra con profundidad y compromiso.
No pedimos elogios gratuitos, sino una mirada atenta. Que se reconozca que detrás de estos nueve volúmenes hay horas de taller, revisiones incansables, y sobre todo, la convicción de que la escritura es un acto colectivo de resistencia cultural. Las novelas polifónicas, en particular, simbolizan lo que podría ser un modelo para repensar la creación artística: un espacio donde lo individual se funde con lo comunitario sin perder su esencia.
Invitamos a la sociedad, a las instituciones y a los medios a romper este círculo de invisibilidad. Visibilizar estos logros no es solo un acto de justicia, sino una forma de afirmar que proyectos como la Escuela de Escritura de Miraflores son faros necesarios en un mundo que, paradójicamente, clama por más historias y menos algoritmos.
La indiferencia, cuando es voluntaria, se convierte en complicidad con el olvido. No permitamos que ocurra.
Atentamente: Bachiller Alberto Alabí
En apoyo a la Escuela de Escritura de Miraflores
