Paso de Jama: Crece la bronca por las demoras y una interminable fila de camiones que ya supera los 10 kilómetros

Trabajadores del volante permanecen varados durante horas, expuestos al frío, los fuertes vientos y la falta de servicios. La situación vuelve a poner en duda la capacidad de Argentina y Chile para afrontar el movimiento que demandará el futuro Corredor Bioceánico.

(Imagen ilustrativa)

La paciencia parece haber llegado al límite en el Paso Internacional de Jama, donde nuevamente crece la preocupación y la bronca entre los transportistas que intentan ingresar o egresar de la Argentina.

La pregunta que surge inevitablemente es: ¿alguien está teniendo en cuenta a los más de 10 kilómetros de camiones que esperan para poder cruzar la frontera?

Mientras desde los distintos ámbitos gubernamentales se habla permanentemente de integración regional, conectividad y de las enormes oportunidades que representará para la región el Corredor Bioceánico, la realidad que enfrentan diariamente los camioneros parece estar muy lejos de esos grandes anuncios.

Desde este medio venimos informando en reiteradas oportunidades sobre los inconvenientes que se registran en Jama, las restricciones, los cierres y las extensas demoras que deben soportar los trabajadores del volante. Sin embargo, la situación no parece encontrar una solución de fondo.

Uno de los principales reclamos apunta a la falta de coordinación entre los organismos argentinos y chilenos que intervienen en el complejo fronterizo. Cuando una de las instituciones demora sus controles, el impacto termina repercutiendo directamente sobre cientos de camioneros que quedan atrapados durante horas, e incluso días, en una zona donde las condiciones climáticas pueden ser extremas.

¿Dónde está el protocolo de contingencia?

El interrogante vuelve a aparecer después del prolongado cierre que sufrió el Paso de Jama, que permaneció aproximadamente 20 días sin funcionamiento, en lo que fue uno de los períodos más extensos desde su apertura.

Ante semejante antecedente, cabe preguntarse: ¿existe realmente un protocolo de contingencia para enfrentar estas situaciones?

Si Argentina y Chile pretenden avanzar hacia una mayor integración y potenciar el intercambio comercial a través de un corredor internacional estratégico, resulta indispensable contar con mecanismos capaces de responder rápidamente ante cierres, condiciones climáticas adversas, acumulación de camiones o demoras en los controles fronterizos.

Porque el problema no solamente es el cierre de un paso. El problema es qué sucede con las miles de personas y los cientos de vehículos que quedan detrás de ese cierre.

Camioneros: el último eslabón de una cadena que falla

Los transportistas son quienes terminan pagando las consecuencias de las demoras administrativas y de la falta de coordinación.

Según los reclamos que llegan desde la zona, en las últimas horas se habría producido una situación particularmente preocupante: pese a que el paso habría sido habilitado, la falta de espacio para realizar los controles y revisar los camiones habría impedido el ingreso de algunos transportistas.

Posteriormente, las condiciones meteorológicas, con fuertes vientos, volvieron a complicar la situación.

El resultado es conocido: más camiones acumulados, más horas de espera y trabajadores que deben permanecer en condiciones que muchas veces no son dignas.

A esto se suma la falta de baños y servicios adecuados para quienes permanecen durante largas jornadas en la ruta, soportando temperaturas bajo cero, viento, nieve o hielo.

No se trata solamente de números ni de estadísticas fronterizas. Detrás de cada camión hay un trabajador que necesita descansar, alimentarse, utilizar un baño y saber cuándo podrá continuar su viaje.

Rutas deterioradas y peligros que se repiten

La problemática tampoco termina en el complejo fronterizo.

Los transportistas vienen advirtiendo además sobre el deterioro de distintos sectores de las rutas, la presencia de pozos, arena sobre la calzada y otros obstáculos que pueden convertirse en verdaderas trampas para quienes circulan por la zona.

En una región donde las condiciones climáticas pueden cambiar rápidamente, mantener las rutas en condiciones adecuadas no debería ser una cuestión secundaria.

Ya se han registrado accidentes y situaciones de riesgo. Sin embargo, muchos de estos reclamos parecen repetirse sin que exista una respuesta integral por parte de las autoridades responsables.

¿Estamos preparados para el Corredor Bioceánico?

La pregunta resulta inevitable.
¿Estamos realmente preparados para el tan anunciado Corredor Bioceánico o todavía se trata solamente de discursos y anuncios políticos?

El desarrollo de un corredor internacional de semejante importancia requiere mucho más que infraestructura. Hace falta coordinación entre organismos, recursos humanos suficientes, controles ágiles, comunicación permanente y, fundamentalmente, empatía hacia quienes sostienen diariamente el comercio internacional.

No puede ocurrir que el funcionamiento de todo un paso fronterizo quede condicionado por la demora de un solo organismo, por falta de personal o por cuestiones que no son comunicadas claramente a quienes esperan durante horas en la ruta.

Las instituciones tienen que trabajar de manera coordinada. Y cuando las circunstancias obligan a cerrar un paso, deben existir mecanismos para ordenar el tránsito, asistir a los transportistas y evitar que una fila de vehículos se transforme en una situación de riesgo.

“El hilo siempre se corta por lo más fino”

En definitiva, los camioneros vuelven a quedar en el último lugar de la cadena.

Son ellos quienes soportan las largas esperas, el frío, el viento, la falta de baños, la incertidumbre y las pérdidas económicas que generan las demoras.

Desde este medio hacemos un llamado a todas las autoridades argentinas y chilenas que tienen responsabilidad sobre el Paso de Jama: es momento de intervenir.

No alcanza con informar que el paso está habilitado o cerrado. Es necesario explicar qué sucede, cuánto demorará la atención, cómo se organizará la fila y qué asistencia recibirán quienes quedaron varados.

Porque detrás de cada uno de esos camiones hay una persona.

Y en medio de los discursos sobre integración, comercio internacional y Corredor Bioceánico, lo mínimo que se puede pedir es un poco de humanidad para quienes todos los días ponen su trabajo y su esfuerzo al servicio de esa integración.

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