En política las fotografías nunca son solamente fotografías. Mucho menos cuando faltan meses, años y unas cuantas tormentas para llegar a una elección presidencial.

Una foto puede ser un saludo institucional, una cortesía entre dirigentes o la inocente constancia de que un grupo de personas estuvo en el mismo lugar a la misma hora.
Pero cuando en esa foto aparece Axel Kicillof, gobernador de Buenos Aires y uno de los nombres que ya caminan —aunque todavía nadie quiera tocar el silbato de largada— hacia 2027, y enfrente se sienta una parte de la representación del peronismo jujeño encabezada por Rubén Rivarola, conviene guardar la inocencia para otras ocasiones. Porque el calendario dice 2026, pero la política argentina hace rato que vive en 2027.
Mientras Javier Milei continúa administrando el país entre ajuste, confrontaciones y una economía que sigue poniendo a prueba la paciencia de buena parte de la sociedad, el peronismo comenzó a hacer aquello que mejor sabe hacer cuando siente que existe una posibilidad de regresar al poder: hablar, juntarse, diferenciarse, volver a hablar y, finalmente, tratar de descubrir quién puede sentarse en la cabecera de la mesa.
Kicillof quiere estar en esa conversación. Ya no es solamente el gobernador de la provincia más importante electoralmente del país. Construye volumen propio, busca interlocutores fuera del conurbano y empieza a mirar hacia las provincias. Y cuando Buenos Aires comienza a mirar el mapa más allá de la General Paz, en el interior todos saben que algo se está cocinando.
Esta vez la brújula apuntó hacia el Norte

Rubén Rivarola llegó acompañado por una delegación que tuvo bastante más aspecto de representación política que de visita protocolar. Estuvieron los intendentes Rubén Eduardo Rivarola, de Palpalá; Karina Paniagua, de Humahuaca; Ariel Machaca, de Abra Pampa, y Dante Velázquez, de La Quiaca. También diputadas provinciales, dirigentes gremiales, concejales y referentes territoriales.
No fueron a conversar sobre el clima.Hablaron de la situación económica, del endeudamiento de las familias, de vivienda, de consumo y de los problemas que atraviesa Jujuy. Rivarola fue incluso un poco más lejos al señalar públicamente el potencial de Kicillof para convertirse en el próximo presidente de los argentinos. No es una frase menor. En política, cuando todavía falta demasiado tiempo, las palabras se administran con cuentagotas.
Destacan que lo interesante, entonces, no es solamente que Kicillof haya recibido a dirigentes jujeños. Que lo verdaderamente interesante es que dirigentes jujeños hayan decidido ir a verlo.Porque durante décadas el peronismo del interior acostumbró esperar que Buenos Aires resolviera sus internas, eligiera candidato y después enviara la estampita correspondiente para comenzar la procesión. Esta vez parece haber una intención diferente: llegar antes de que cierre la ventanilla.
Y eso, para el peronismo jujeño, puede tener una importancia mayor de la que muestra la fotografía.Después de años de derrotas provinciales, intervenciones, internas, heridas que cicatrizan por arriba pero siguen molestando cuando cambia el tiempo y discusiones que muchas veces consumieron más energía que la propia pelea electoral, cualquier reconstrucción necesita dos cosas: territorio y una referencia nacional capaz de darle volumen y la reunión con Kicillof intenta mostrar ambas.
Por un lado están intendentes que gobiernan ciudades concretas, concejales, diputados y gremios. Es decir, estructura territorial. Por el otro aparece un gobernador que administra Buenos Aires y que pretende convertirse en uno de los polos desde donde se reorganice el justicialismo nacional.
Además, el camino hacia 2027 será largo y seguramente estará poblado por más candidatos que votantes en alguna reunión partidaria. Kicillof no será el único que pretenda representar la alternativa a Milei. Gobernadores, dirigentes nacionales, intendentes y sobrevivientes profesionales de todas las internas comenzarán a sacar número, pero Rivarola parece haber elegido tempranamente dónde sentarse a conversar.
Y hay otro dato que tampoco debería pasar inadvertido. La delegación llevó a Buenos Aires una representación geográficamente interesante de Jujuy: Palpalá, Humahuaca, Abra Pampa, La Quiaca, Libertador, El Carmen, Perico y Monterrico. Valles, Quebrada, Puna y Ramal asomaron, directa o indirectamente, alrededor de una misma mesa.
La sociedad jujeña no votará una fotografía con Kicillof, como tampoco votará una reunión en Buenos Aires. Preguntará qué propone el peronismo para Jujuy, quién conduce, qué diferencias tiene con aquello que ya gobernó, qué respuestas ofrece a una provincia con salarios castigados, familias endeudadas, dificultades para acceder a la vivienda, sectores productivos reclamando horizontes y jóvenes que miran cada vez con más frecuencia fuera de la provincia buscando oportunidades.
Kicillof podrá aportar una referencia nacional. Rivarola podrá intentar ordenar una construcción provincial. Los intendentes podrán aportar territorio y los gremios representación sectorial. Pero finalmente habrá una pregunta mucho más sencilla, de esas que suelen complicar los grandes diseños de los estrategas: ¿qué le ofrecen al jujeño que mañana tiene que levantarse, trabajar y llegar a fin de mes? La respuesta no entra en una fotografía, de todos modos, la fotografía existe.
Y en política las fotografías suelen ser como esas primeras nubes que aparecen detrás de los cerros jujeños. Algunas pasan sin dejar una gota. Otras anuncian tormenta.
La de Buenos Aires tiene un detalle que merece atención: mientras buena parte de la dirigencia todavía discute cómo llegará el peronismo a 2027, un grupo de jujeños ya empezó a conversar sobre con quién. Faltan candidaturas, acuerdos, internas, traiciones —porque tampoco pidamos milagros—, reconciliaciones de ocasión, encuestas que subirán y bajarán dirigentes como ascensores de edificio público y seguramente varias fotografías más.
Pero la primera ficha está sobre el tablero, Kicillof miró hacia el Norte y desde Jujuy algunos decidieron devolverle la mirada.
Ahora habrá que ver si aquello fue apenas una visita de cortesía o si, detrás de la foto, empezó a escribirse una historia, porque para 2027 todavía falta, pero para la política, como siempre, ya es pasado mañana.
Por: Ing. Carlos Catacata
