Casi dos meses después de la catástrofe, miles de familias luchan por reconstruir sus vidas. Los esfuerzos humanitarios se centran ahora en continuar proporcionando alimentos y acceso a agua potable, atención sanitaria y psicosocial y un alojamiento seguro.

Cincuenta días después de los terremotos que sacudieron el centro-norte de Venezuela, numerosas familias siguen buscando entre lo que queda de sus viviendas a familiares desaparecidos, objetos preciados y la forma de reconstruir sus vidas. Según las autoridades, 6300 personas murieron y 16.740 resultaron heridas. Casi 18.000 perdieron sus hogares.
Para Enni, madre de un niño de ocho años y superviviente de los terremotos en La Guaira, cada día está marcado por la incertidumbre y el dolor. Tras lograr escapar en 30 segundos y perder todo lo que tenían, Enni y su hijo, Moisés, se refugian ahora en uno de los 107 campamentos de transición instalados por el Gobierno en coordinación con agencias de la ONU y organizaciones humanitarias.
Distribuidos en los estados La Guaira, Miranda, Aragua y la ciudad de Caracas, los campamentos son el hogar temporal de más de 24.000 personas.
Mientras afronta la incertidumbre que sigue a una crisis tan repentina, Enni se concentra en mantener a Moisés seguro y atendido. Sin embargo, hay algo con lo que puede contar, y que le proporciona tranquilidad: dos comidas calientes al día proporcionadas por el Programa Mundial de Alimentos (PMA):
“Ahora mismo, simplemente siento que no estoy sola, que me acompañan y estoy segura”, dice Enni. “Siento cierta estabilidad a mi alrededor, rodeada de organizaciones que se ocupan de la alimentación, la protección y el bienestar de mi hijo”, explica, aunque el futuro siga siendo incierto.
Una comida, una certeza
Como ocurre en toda emergencia, la seguridad alimentaria es una de las principales necesidades humanitarias. Inmediatamente después de los sismos, el PMA puso en marcha una evaluación en más de 80 comunidades de los siete estados más afectados.
Estas evaluaciones permitieron orientar la respuesta a partir de indicadores relacionados con el acceso a los alimentos, el funcionamiento de los mercados, las cadenas de suministro y los riesgos de protección.
El PMA adaptó cuatro modalidades de asistencia, en función de las distintas necesidades de las comunidades. Esto incluye comidas calientes para las personas alojadas en refugios y campamentos temporales, así como raciones listas para consumir para quienes no tienen acceso a instalaciones para cocinar.
Las familias cuyos hogares siguen siendo habitables, pero cuyos medios de vida y acceso a los mercados locales se han visto afectados, reciben canastas de alimentos para cubrir sus necesidades nutricionales básicas.
En las zonas donde los mercados siguen funcionando, los cupones electrónicos prepagados permiten a las familias comprar alimentos y otros artículos esenciales según sus necesidades específicas, ayudándolas a recuperar una sensación de dignidad y capacidad de elección durante el proceso de recuperación.
Hasta la fecha, el PMA ha llegado a más de 204.000 personas mediante estas cuatro modalidades de asistencia.
Respuesta humanitaria en las primeras horas
Además del PMA, y bajo la coordinación de la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), distintas agencias de las Naciones Unidas y organizaciones humanitarias asociadas se desplegaron durante las primeras 72 horas para realizar evaluaciones rápidas y apoyar los esfuerzos encabezados por las autoridades nacionales.
Estas evaluaciones permitieron identificar las necesidades más urgentes de las familias que habían perdido sus hogares, sus medios de vida y el acceso a servicios esenciales. Como consecuencia, unas 70 organizaciones han llevado a cabo más de 3000 actividades humanitarias en 14 estados, llegando a casi 208.000 personas.
En los campamentos, las organizaciones humanitarias proporcionan diariamente alimentos, atención sanitaria y acceso a agua segura, saneamiento e higiene. Las familias reciben alojamiento temporal, servicios de protección a la violencia de género, apoyo nutricional y educativo, así como atención psicosocial.
Esta respuesta rápida y coordinada fue posible porque las organizaciones humanitarias ya se encontraban en Venezuela desde 2019. El trabajo sostenido en el país permitió establecer una sólida estructura humanitaria, integrada por agencias de la ONU y organizaciones internacionales y locales, así como mecanismos de coordinación ya existentes que facilitaron una movilización y ampliación rápida de la asistencia cuando las comunidades más la necesitaban.
(Naciones Unidas)
