La psicología dice que las personas de entre 55 y 75 años tienen mayor tolerancia al silencio en comparación con generaciones posteriores

En la práctica, eso puede traducirse en menos necesidad de llenar todo con palabras, menos ansiedad ante la pausa y mayor aceptación de los ritmos lentos. Muchos adultos mayores conviven con el silencio de una forma menos ansiosa y más funcional que grupos más jóvenes.

Por qué la psicología es tan importante en la vida cotidiana

Aunque no hay una investigación que pruebe de manera definitiva que las personas de entre 55 y 75 años toleran mejor el silencio, la psicología del envejecimiento sí ofrece varias pistas que van en esa dirección.

Distintos trabajos muestran que los adultos mayores suelen manejar las pausas conversacionales con menos urgencia y que, además, viven los momentos de silencio con un significado diferente: menos como vacío incómodo y más como descanso, presencia o espacio mental.

Una de las fuentes más sugerentes es un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Örebro (Suecia) y publicado en la revista BMC Geriatrics en el que adultos mayores identificaron distintos elementos asociados al bienestar en la vejez. Entre ellos apareció el valor de contar con momentos de silencio, tranquilidad y espacios propios dentro de la vida cotidiana.

No lo describían como una falla de la comunicación ni como algo que hubiera que llenar de inmediato, sino como una experiencia útil para pensar, calmarse o simplemente estar. Esa forma de valorarlo ya dice bastante.

A esto se suma la teoría de la selectividad socioemocional, propuesta a principios de la década del 90 por la profesora de psicología de Stanford Laura Carstensen, y convertida en una de las ideas más influyentes en la psicología del envejecimiento.

Según esta teoría, a medida que las personas perciben el tiempo como más limitado, suelen dar más importancia a las experiencias emocionalmente significativas que a la acumulación de actividades, información o estímulos.

En la práctica, eso puede traducirse en menos necesidad de llenar todo con palabras, menos ansiedad ante la pausa y mayor aceptación de los ritmos lentos. La edad, en este sentido, no solo cambia el cuerpo o la agenda: también puede cambiar la relación con el ruido, la prisa y la necesidad de mostrar presencia todo el tiempo.

Cómo cambia la relación con las pausas a medida que envejecemos

También hay estudios sobre comunicación en adultos mayores que muestran algo interesante: aunque pueden aparecer cambios en fluidez o velocidad, no necesariamente eso implica más incomodidad con el silencio. De hecho, en algunos contextos hay más capacidad para sostener pausas sin sentir que deben ser reparadas de inmediato.

Eso contrasta con generaciones más jóvenes, habituadas a un entorno de notificaciones constantes, mensajería inmediata y sobreestimulación verbal, donde el silencio a veces se interpreta como falla, rechazo o vacío. La diferencia no es absoluta, pero sí culturalmente plausible.

No se trata de una superioridad generacional

Por supuesto, conviene no idealizarlo. No todas las personas de 55 a 75 años disfrutan el silencio ni todos los jóvenes lo detestan. Hay diferencias de personalidad, historia familiar, cultura y contexto.

Pero la psicología permite sostener una versión razonable del titular: muchos adultos mayores parecen tener una relación menos ansiosa y más tolerante con las pausas, quizá porque aprendieron a vivir sin la presión permanente de llenar cada hueco con estímulos o palabras.

Por eso, más que hablar de una superioridad generacional, la evidencia sugiere otra cosa: que el silencio ocupa un lugar distinto en la adultez tardía. Y en una época donde casi todo empuja a responder, producir o reaccionar de inmediato, esa comodidad relativa con la pausa puede ser una ventaja emocional nada menor. (Clarin)

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