Bolivia: Los obispos y el Defensor del Pueblo piden diálogo ante la crisis social

Ante el enconamiento en las posiciones, llaman a «deponer posiciones duras» y a «reconsiderar las posturas que rechazan o dilatan el acercamiento a una mesa de diálogo».

Los obispos bolivianos llaman al diálogo ante la crisis social y política que afecta al país sudamericano

La Conferencia Episcopal de Bolivia (CEB) y el Defensor del Pueblo reclamaron diálogo al Gobierno y a los movimientos sociales ante la crisis social en el país, donde las fuertes protestas de las últimas semanas derivaron en bloqueos de rutas que dificultaron el abastecimiento de alimentos, combustible y suministros médicos hacia La Paz y la ciudad de El Alto.

«Reafirmamos de manera clara que el diálogo sincero, empático y constructivo constituye la única vía legítima y eficaz para la resolución de los problemas que nos aquejan. El verdadero entendimiento democrático nace de escuchar las necesidades mutuas, permitiendo alcanzar acuerdos sostenibles que preserven el tejido social y garanticen la convivencia pacífica de todos», señalaron en un mensaje dirigido a «las autoridades políticas, sectores movilizados, líderes sociales y a toda la población boliviana».

Ante el enconamiento en las posiciones, el Defensor del Pueblo y la Conferencia Episcopal llaman a «deponer posiciones duras» y a «reconsiderar las posturas que rechazan o dilatan el acercamiento a una mesa de diálogo».

«Cerrarse a la concertación solo profundiza el sufrimiento de la población, desgasta la paz social y posterga las soluciones urgentes que la ciudadanía requiere y merece con justa razón. La verdadera valentía radica en tener la capacidad de ceder por el bien común», han subrayado en su comunicado conjunto.

Del mismo modo, denunciaron el uso de la fuerza, la coacción o cualquier manifestación de violencia, señalando que «jamás será un mecanismo propiciador de soluciones reales», «sino un detonante de mayor rencor odio y división».

De ahí su posición contra la represión y los enfrentamientos insistiendo en que «no construyen puentes, sino muros, y ponen en riesgo el derecho primordial a la vida y la integridad de las personas», que piden defender y proteger.

«La violencia sólo genera más violencia y las heridas sociales que se están abriendo tardarán décadas en sanar. Es momento de sustituir la ofensa por la propuesta, las piedras por la palabra y los bloqueos por el entendimiento», han señalado, insistiendo en su disposición a jugar un papel para «facilitar y acompañar los espacios necesarios que permitan el reencuentro, la calma y el entendimiento entre bolivianos».

«En este momento Bolivia y su pueblo demandan de sus gobernantes y sectores movilizados la madurez y la sensibilidad necesarias para deponer intereses particulares en favor del bien común», concluye el texto.

Las declaraciones surgen en un contexto de rechazo de la Central Obrera Boliviana (COB) a participar en negociaciones con el Gobierno, manteniendo como principal demanda la renuncia del presidente Rodrigo Paz.

Una nación capaz de ilusionar al pueblo boliviano en la unidad

El pasado domingo, en la misa de acción de gracias por los 340 años de la fundación de la ciudad de la Santísima Trinidad, el presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, monseñor Aurelio Pessoa, dirigió un mensaje en el que expresó la necesidad de construir un proyecto de nación capaz de ilusionar al pueblo boliviano, darle rumbo y fortalecer la unidad.

Ante legisladores, líderes cívicos, representantes del Poder Judicial, del ámbito universitario y numerosos fieles, monseñor Pessoa inició su homilía con motivo del aniversario de la fundación de la ciudad recordando que quienes le dieron origen se inspiraron en las características de la Sagrada Familia divina: la Santísima Trinidad, una comunión de tres Personas unidas en el amor.

El presidente de la CEB insistió en que el pueblo boliviano está llamado a asumir lo que calificó como un «desafío extraordinario»: construir una ciudad, un departamento y un país a imagen de la Trinidad, donde prevalezcan la paz, el diálogo y el entendimiento.

El prelado exhortó a los dirigentes sociales a contribuir a la orientación de la sociedad, señalando: «Necesitamos saber hacia dónde se encamina nuestro país, tantas veces golpeado por la división, el odio y el egoísmo».

Resaltó que esta nación es un pueblo herido por su historia, que lleva en su cuerpo y en su memoria las marcas de múltiples divisiones raciales y una autoestima dañada, la cual muchas veces le impide reconocerse y valorarse como es, así como agradecer lo que es y lo que ha recibido. Por ello, expresó que el país necesita horizontes «Necesita ilusionarse con un proyecto de país, necesita que se le explique el rumbo hacia dónde debemos caminar y que se tenga en cuenta su ser herido. Necesitamos que las autoridades entiendan al pueblo, valoren al pueblo y, sobre todo, amen al pueblo».

Asimismo, remarcó que se necesita una ciudad, un departamento y un país en los que sea posible vivir en paz, trabajar sin bloqueos, respetar a los demás y contar con lo necesario para vivir. En este sentido, señaló: «necesitamos una sociedad en la que la vida sea cuidada, en la que exista atención de salud para todos, en la que nuestros niños y jóvenes reciban una educación de la mejor calidad para que podamos potenciar el talento que Dios ha derramado en cada uno de ellos».

El prelado concluyó señalando «necesitamos que se nos guíe hacia un horizonte de fraternidad y respeto», en el que sea posible entendernos, dialogar y caminar juntos, sin verdades a medias ni imposiciones de unos sobre otros.

(AICA)

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