Durante años, la fábrica de Tía Maruca fue parte del día a día de miles de personas. Sus productos estuvieron en desayunos, meriendas y kioscos de todo el país.

La decisión de bajar la persiana de la planta principal de Tía Maruca en Albardón marca el final de una empresa y el síntoma de un problema más profundo que atraviesa a toda la industria. Después de más de dos décadas en góndolas y en la memoria de los consumidores, la firma anunció el cierre definitivo de su fábrica.
Por qué Tía Maruca bajó la persiana?
El cierre fue inevitable. La empresa venía arrastrando dificultades desde hacía años, dentro de un contexto donde producir dejó de ser rentable.
El aumento sostenido en los costos de insumos básicos, como harina y azúcar, fue uno de los factores más determinantes. A eso se sumó la caída del consumo interno, que golpeó de lleno al rubro de alimentos.
Según datos del INDEC, la industria manufacturera arrancó 2026 con números en rojo. La combinación de inflación, pérdida de poder adquisitivo y retracción del consumo dejó a muchas empresas en una situación límite.

Cómo impactó la crisis en la producción
La capacidad instalada de la industria cayó a niveles críticos, lo que significa que muchas fábricas operaban por debajo de su potencial. En el caso de Tía Maruca, esto generó un efecto dominó con menos producción, mayores costos por unidad y menor competitividad.
Mientras los costos subían, los precios no podían acompañar el mismo ritmo sin perder mercado. Además, la competencia con segundas marcas y productos más económicos terminó de erosionar su posición.
Qué pasó con los trabajadores tras la decisión del cierre de la fábrica
Los empleados de la planta fueron notificados mediante telegramas de despido, sin margen para negociación previa. La noticia generó protestas en las puertas de la fábrica y abrió un conflicto que aún sigue en curso. Los trabajadores reclaman el pago completo de las indemnizaciones y denuncian irregularidades en las propuestas iniciales de la empresa.

Cómo nació y creció Tía Maruca
Fundada en 1998, la marca apostó desde el inicio a una identidad cercana, con productos que buscaban replicar el sabor casero en formato industrial. El crecimiento fue rápido y en pocos años, logró distribución nacional e incluso exportaciones a países de la región.
El punto más alto llegó en 2017, cuando la empresa amplió su capacidad productiva con la adquisición de una planta en San Juan. Ese salto, sin embargo, también aumentó su exposición a los vaivenes económicos.
(Urgente24)
